Chimeneas del turismo
Desde mis años de estudiante de secundaria, por la década del ‘50, se decía que por su posición geográfica, ser un lugar de paso obligado por una de las maravillas del mundo como lo es el Canal, sus dos hermosas costas y su crisol de razas con heterogénea cultura, entre muchas otras cualidades, el futuro progreso económico de Panamá estaría en el turismo, llamado “La Industria sin Chimenea”.
Ello, por observarse que al producirse en otras industrias, como resultado de sus procesos se tienen residuos tanto gaseosos, líquidos como sólidos, los cuales pasan a ser contaminantes del ambiente, simbolizados en las chimeneas, ya que de éstas emanan los gases resultantes de la combustión de los motores de las máquinas necesarias para la elaboración de sus productos, tales como metales, alimentos, químicos, cerámicos, automotrices, textiles, derivados del petróleo, y muchos otros.
Se notaba ya, desde entonces, que en los países industrializados se estaba generando una gran cantidad de residuos contaminantes, desmejorando la calidad del ambiente y de la vida de sus habitantes. Como en nuestro país, los recursos naturales se tienen en cantidad menos competitiva que en los grandes países industrializados y de recursos naturales propios para ciertas industrias, se optó por preparar planes de desarrollo dirigidos a explotar la prometedora “Industria sin chimenea”, la cual, además, ejemplifica la naturaleza innata del nomadismo en la humanidad.
Han transcurrido varias décadas y se ha desarrollado un próspero turismo, generando grandes riquezas y mucho empleo, descubriéndose a la postre las “Chimeneas del Turismo”, situación que ha sido involuntaria, o tal vez, voluntariamente ignorada por la comunidad nacional e internacional en relación con este concepto.
Turismo es afición a los viajes de recreo, siendo turista el que viaja por su gusto, por el sólo placer de hacerlo; aunque hoy se clasifica por buscar educación, salud, negocios, etc. Siendo el transporte su herramientas más importante, al inventarse la máquina de vapor y luego el motor de combustión interna, se logra mayor autonomía en vehículos terrestres, marítimos y aéreos, con lo que el turismo adquiere mayor dinamismo, por lo que, para iniciar el viaje, generalmente, se toma un vehículo, siendo a estas alturas de la civilización, uno que quema combustible y emite gas de carbono con otros residuos por su tubo de escape o chimenea, consume aceites y quema llantas.
Si el viaje es por agua, subirá a un bote o un crucero con inmensos y potentes motores de combustión, por supuesto, también con chimeneas para expulsar los gases residuales, ocurriendo también derrames de aceite.
Si el viaje continúa por aire, variará un poco el tipo de combustible, pero también emitirá cantidades industriales de gases y aceite; además, quemará llantas al despegar y aterrizar, dejando residuos tóxicos.
Ya sea durante el viaje o en el hospedaje, se preparan comidas y otras facilidades (lavanderías, calefacción, etc.), usualmente más generosas que las normalmente consumidas, utilizándose equipos de mayor consumo de combustible y produciendo más residuos extraídos mediante las chimeneas.
Existen muchas variantes de “Chimeneas del Turismo”, lugares por donde escapan residuos y contaminantes que se incorporan al ambiente y humanidad tocados por el turismo, las ventanas por donde arroja un viajante su residuo, las actitudes licenciosas y expresiones que riñen con las buenas costumbres y cultura, la drogadicción, sonidos e iluminación exagerados, la introducción descuidada de animales y plantas extraños o contaminados; o peor, lo ocurrido recientemente, la introducción de un virus cuyas consecuencias no sabemos aún; y no podemos olvidar el hecho de que, al tratar de añadir mayor placer al viajar ocioso, chimenea en el momento, lugar y persona inadecuados sí da SIDA, incorporándose a la más conocida desconocida contaminación con más de 40 millones de personas afectadas directamente y no determinada indirectamente.
Salgamos de esa quimera y vamos a la realidad; si bien es cierto el turismo es una industria beneficiosa y próspera para los que desarrollan su explotación, e irradia beneficios económicos y culturales indirectos a otros sectores de la población, también es cierto que produce afectaciones negativas causadas por las emanaciones de sus “chimeneas”, ante las cuales, las agrupaciones cívicas, ecologistas, educativas, de salubridad y de otros derechos humanos, deben aumentar su vigilancia y advertencia a las autoridades para evitar por incuria se desborden sus influencias negativas, causando nuevas pandemias físicas y morales.