Cien días... ¿por qué?
No sé quién inventó aquello de que a un mandatario hay que darle cien días de "luna de miel" antes de que las fuerzas civiles, de uno y otro lado, inicien sus críticas por el "no hacer" o "dejar de hacer", teniendo como punto de referencia lo prometido en la campaña electoral.
En lo personal, me parece de lo más absurda esta premisa, toda vez que un mandatario tiene cinco años para demostrar si quienes lo eligieron no se equivocaron en esa decisión, o por lo contrario, constituyó el "fraude" de los que sueñan en ocupar el más alto cargo en una democracia simplemente para gozar de las mieles del poder y no para servir a la comunidad en términos generales.
Lo de los "cien días" no es una costumbre únicamente de los panameños, sino que la misma se extiende más allá de nuestras fronteras. Repito, no sé quién fue el ideólogo de ese "lapso de espera"; aunque a fuerza de ser honestos, tampoco nos interesa saber su identidad por lo impropio de este tipo de "recreo" en una sociedad moderna.
En la discusión de este tema me he encontrado con quienes piensan que esta modalidad es producto de la sabiduría innata de los pueblos que prefieren no apresurarse en sus evaluaciones, y que al cumplirse la espera, se pueden dar las evaluaciones "para que quienes detentan el poder civil puedan hacer los correctivos necesarios" que contribuyan a "engrasar el engranaje" de sus acciones.
Si se trata de evaluar lo realizado hasta el momento por la señora Mireya Moscoso, presidenta de la República, la percepción de la comunidad sería de que no se han dado mayores demostraciones de resolver los problemas más inmediatos, entre otros, el desempleo y la pobreza.
Tomando de base lo anterior, creo que sería la injusticia más grande que se pueda cometer contra un gobierno que apenas tiene poco más de tres meses en el poder. Nadie en su sano juicio puede esperar que cosas tan sensitivas como las mencionadas, puedan resolverse como si Moscoso tuviera una varita mágica para decir "hágase mi voluntad", y ¡¡¡zzzaasss!!, cuestión resuelta.
Pero es que si bien es cierto que a ella le damos esa ventaja, no menos cierto es que quienes la acompañan en esa tarea de gobernar, en su gran mayoría, no pareciera que están haciendo su parte. Recordemos que "de buenas intenciones está lleno el infierno".
Es más. Da la impresión de que algunos de sus más cercanos colaboradores están "atornillando al revés", cuestión que es peligrosa, porque pudiéramos llegar a la conclusión que los enemigos del actual régimen no están precisamente fuera de él, sino más bien a lo interno.
¿Cómo explicarse la actitud de algunos de sus ministros que se contradicen y fomentan una discusión pública que es inconveniente para las tareas que se han impuesto, llegando algunos, incluso, a decir todo lo contrario de lo que la Presidenta ha señalado horas antes?.
¿Y qué decir de ese ministro que ahora promete lo que fue "punta de lanza" en la campaña de uno de sus adversarios en la campaña electoral, y que en ese entonces, precisamente la hoy Mandataria consideraba como uno de los cantos de sirena de quien una y otra vez había tratado de "desmontarla" en sus aspiraciones?.
Aunque doña Mireya Moscoso considere una victoria algunos cambios realizados a leyes existentes, bien vale la pena preguntarse si en realidad esos "triunfos" no dejan de ser pírricos al lado de la realidad nacional.
Pero a pesar de todo esto y muchos otros ejemplos que pudiéramos citar, insisto, a doña Mireya ni a ningún otro mandatario, llámese como se llame, se le pueden dar cien días como plazo para saber si lo hará bien o mal.
Las buenas intenciones de la máxima autoridad del país son evidentes, pero sería interesante que estas apreciaciones aquí planteadas las interpretara en su justo valor. Después de todo, apenas está empezando y el trecho que le queda por recorrer es largo todavía.
En lo personal, me parece de lo más absurda esta premisa, toda vez que un mandatario tiene cinco años para demostrar si quienes lo eligieron no se equivocaron en esa decisión, o por lo contrario, constituyó el "fraude" de los que sueñan en ocupar el más alto cargo en una democracia simplemente para gozar de las mieles del poder y no para servir a la comunidad en términos generales.
Lo de los "cien días" no es una costumbre únicamente de los panameños, sino que la misma se extiende más allá de nuestras fronteras. Repito, no sé quién fue el ideólogo de ese "lapso de espera"; aunque a fuerza de ser honestos, tampoco nos interesa saber su identidad por lo impropio de este tipo de "recreo" en una sociedad moderna.
En la discusión de este tema me he encontrado con quienes piensan que esta modalidad es producto de la sabiduría innata de los pueblos que prefieren no apresurarse en sus evaluaciones, y que al cumplirse la espera, se pueden dar las evaluaciones "para que quienes detentan el poder civil puedan hacer los correctivos necesarios" que contribuyan a "engrasar el engranaje" de sus acciones.
Si se trata de evaluar lo realizado hasta el momento por la señora Mireya Moscoso, presidenta de la República, la percepción de la comunidad sería de que no se han dado mayores demostraciones de resolver los problemas más inmediatos, entre otros, el desempleo y la pobreza.
Tomando de base lo anterior, creo que sería la injusticia más grande que se pueda cometer contra un gobierno que apenas tiene poco más de tres meses en el poder. Nadie en su sano juicio puede esperar que cosas tan sensitivas como las mencionadas, puedan resolverse como si Moscoso tuviera una varita mágica para decir "hágase mi voluntad", y ¡¡¡zzzaasss!!, cuestión resuelta.
Pero es que si bien es cierto que a ella le damos esa ventaja, no menos cierto es que quienes la acompañan en esa tarea de gobernar, en su gran mayoría, no pareciera que están haciendo su parte. Recordemos que "de buenas intenciones está lleno el infierno".
Es más. Da la impresión de que algunos de sus más cercanos colaboradores están "atornillando al revés", cuestión que es peligrosa, porque pudiéramos llegar a la conclusión que los enemigos del actual régimen no están precisamente fuera de él, sino más bien a lo interno.
¿Cómo explicarse la actitud de algunos de sus ministros que se contradicen y fomentan una discusión pública que es inconveniente para las tareas que se han impuesto, llegando algunos, incluso, a decir todo lo contrario de lo que la Presidenta ha señalado horas antes?.
¿Y qué decir de ese ministro que ahora promete lo que fue "punta de lanza" en la campaña de uno de sus adversarios en la campaña electoral, y que en ese entonces, precisamente la hoy Mandataria consideraba como uno de los cantos de sirena de quien una y otra vez había tratado de "desmontarla" en sus aspiraciones?.
Aunque doña Mireya Moscoso considere una victoria algunos cambios realizados a leyes existentes, bien vale la pena preguntarse si en realidad esos "triunfos" no dejan de ser pírricos al lado de la realidad nacional.
Pero a pesar de todo esto y muchos otros ejemplos que pudiéramos citar, insisto, a doña Mireya ni a ningún otro mandatario, llámese como se llame, se le pueden dar cien días como plazo para saber si lo hará bien o mal.
Las buenas intenciones de la máxima autoridad del país son evidentes, pero sería interesante que estas apreciaciones aquí planteadas las interpretara en su justo valor. Después de todo, apenas está empezando y el trecho que le queda por recorrer es largo todavía.