Cinco impactos de la guerra
El desencadenamiento de la guerra global antiterrorista liderada por los EE.UU., afecta a todos los países de distinta manera. En el caso del nuestro, se visibilizan varios impactos: 1.Disminución e incluso eliminación de la franja de neutralidad que amparaba al Canal y al país, pues al proclamar el presidente Bush un mundo dicotómico (O con EE.UU. o con el terrorismo) Panamá ha tomado posición, y por lo tanto, no puede argumentar neutralidad en una guerra que exige alianzas absolutas. En otras palabras, la neutralidad que nos podía librar de las guerras ajenas, ya no tiene sentido en una realidad que nos compromete. En el mapa de la guerra, Panamá está definida en un bando, lo que la convierte en objetivo bélico, pero también obliga a los otros participantes del mismo lado a ayudarnos en nuestra defensa, respetando nuestra soberanía y autodeterminación. Al mismo tiempo, esta situación nos obliga a mirar situaciones con otra perspectiva. Tal es el caso del tránsito de desechos nucleares o tóxicos por el Canal y aguas panameñas, pues ya no existe excusa para que nadie acepte el paso de estas peligrosas naves, pues un ataque terrorista -o un accidente- puede afectar la seguridad de estos transportes, ocasionando un desastre mayúsculo en el área más poblada del país. Por eso, es vital apoyar el proyecto de ley que prohibe el paso de estos materiales por aguas panameñas.
El Gobierno ha bajado el nivel e intensidad -de por sí no muy altos- de exigencia nacional e internacional de los EE.UU., para que limpie los polígonos de tiro contaminados de explosivos en la antigua Zona del Canal, y que realice la investigación y la consiguiente reparación acerca de la contaminación química de la isla de San José durante la II Guerra Mundial (que debería abarcar otras áreas del país, igualmente sospechosas). Si bien es cierto que Panamá se alía con EE.UU. en la guerra actual, no debería dilatar por ello la exigencia de derechos que corresponden a otra agenda y no tienen por qué soslayarse o retrasarse, más aún cuando la lucha antiterrorista va a ser prolongada, según palabras del mandatario estadounidense.
Los EE.UU. han proclamado en su lista de objetivos mundiales terroristas, la existencia de tres grupos muy cerca de Panamá, en nuestra vecina Colombia, las FARC, el ELN y la AUC. Al interior de Colombia, el conflicto tiende a agudizarse y a escalar más aún, puesto se cierran las negociaciones de paz, se prioriza lo castrense en el marco de la situación internacional y la aplicación del Plan Colombia. Panamá es la quinta frontera territorial de Colombia, la más pequeña, porosa y vulnerable de sus áreas limítrofes. Además en Colombia se resumen las tres estrategias contrainsurgente norteamericana de los últimos años: anticomunismo, antinarcotráfico y antiterrorismo, lo que quiere decir que en esa región del mundo se encuentra una de las altas prioridades de la guerra actual, y es precisamente nuestro país vecino. Es de temer el aumento de desplazados, tráfico de drogas y armas, acciones armadas en la región, etc. Por ello, Panamá debería establecer una estrategia de seguridad democrática hacia la región fronteriza (Desarrollo regional socioeconómico sostenible y participativo, presencia del Estado, defensa, diplomacia y concertación nacional).
El impacto económico es evidente, pues se suma a una economía ya desacelerada, y que ahora agrava su situación por los efectos recesivos del marco mundial, en especial en rubros importantes como el turismo y el comercio. La necesaria reactivación económica debe ir de la mano con una estrategia que perfile un nuevo modelo, pues el actual sin la coyuntura que vivimos, nos ha dejado un millón de pobres en el país y 95% de pobreza en las áreas indígenas.
La situación actual nos pone en peligro de generar formas de militarización (acudiendo a nuevas versiones de presencia militar extranjera en Panamá) o al militarismo (acudiendo a reediciones de fuerzas armadas nacionales), o autoritarismos civiles, ante el temor al terrorismo o las implicaciones de la guerra. Por el contrario, hoy más que nunca es necesario afirmar la democracia, pero profundizándola con más transparencia y participación y al mismo tiempo que construimos un proyecto nacional de país, que case el crecimiento económico con la equidad y la sostenibilidad ambiental.
Nuestra política debe ser el coadyuvar a construir una cultura de paz, donde prive el entendimiento y la resolución pacífica de conflicto, pues como bien enunció Franklin: "Jamás hubo una guerra buena o una paz mala". (raulleisr@hotmail.com)
El Gobierno ha bajado el nivel e intensidad -de por sí no muy altos- de exigencia nacional e internacional de los EE.UU., para que limpie los polígonos de tiro contaminados de explosivos en la antigua Zona del Canal, y que realice la investigación y la consiguiente reparación acerca de la contaminación química de la isla de San José durante la II Guerra Mundial (que debería abarcar otras áreas del país, igualmente sospechosas). Si bien es cierto que Panamá se alía con EE.UU. en la guerra actual, no debería dilatar por ello la exigencia de derechos que corresponden a otra agenda y no tienen por qué soslayarse o retrasarse, más aún cuando la lucha antiterrorista va a ser prolongada, según palabras del mandatario estadounidense.
Los EE.UU. han proclamado en su lista de objetivos mundiales terroristas, la existencia de tres grupos muy cerca de Panamá, en nuestra vecina Colombia, las FARC, el ELN y la AUC. Al interior de Colombia, el conflicto tiende a agudizarse y a escalar más aún, puesto se cierran las negociaciones de paz, se prioriza lo castrense en el marco de la situación internacional y la aplicación del Plan Colombia. Panamá es la quinta frontera territorial de Colombia, la más pequeña, porosa y vulnerable de sus áreas limítrofes. Además en Colombia se resumen las tres estrategias contrainsurgente norteamericana de los últimos años: anticomunismo, antinarcotráfico y antiterrorismo, lo que quiere decir que en esa región del mundo se encuentra una de las altas prioridades de la guerra actual, y es precisamente nuestro país vecino. Es de temer el aumento de desplazados, tráfico de drogas y armas, acciones armadas en la región, etc. Por ello, Panamá debería establecer una estrategia de seguridad democrática hacia la región fronteriza (Desarrollo regional socioeconómico sostenible y participativo, presencia del Estado, defensa, diplomacia y concertación nacional).
El impacto económico es evidente, pues se suma a una economía ya desacelerada, y que ahora agrava su situación por los efectos recesivos del marco mundial, en especial en rubros importantes como el turismo y el comercio. La necesaria reactivación económica debe ir de la mano con una estrategia que perfile un nuevo modelo, pues el actual sin la coyuntura que vivimos, nos ha dejado un millón de pobres en el país y 95% de pobreza en las áreas indígenas.
La situación actual nos pone en peligro de generar formas de militarización (acudiendo a nuevas versiones de presencia militar extranjera en Panamá) o al militarismo (acudiendo a reediciones de fuerzas armadas nacionales), o autoritarismos civiles, ante el temor al terrorismo o las implicaciones de la guerra. Por el contrario, hoy más que nunca es necesario afirmar la democracia, pero profundizándola con más transparencia y participación y al mismo tiempo que construimos un proyecto nacional de país, que case el crecimiento económico con la equidad y la sostenibilidad ambiental.
Nuestra política debe ser el coadyuvar a construir una cultura de paz, donde prive el entendimiento y la resolución pacífica de conflicto, pues como bien enunció Franklin: "Jamás hubo una guerra buena o una paz mala". (raulleisr@hotmail.com)