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Clases perdidas para siempre



El calendario de lo que resta del año lectivo, pautado por el Ministerio de Educación, no provoca más que desconcierto. Las autoridades de esta institución cayeron en la trampa que le tendieron dirigentes docentes sin brújula, quienes propiciaron una huelga dañina y sin resultados positivos para nadie. Luego, producto de una negociación para poner fin a dicha paralización de clases, firmaron un acuerdo que, a todas luces, no tiene otro propósito que lavar la cara de tirios y troyanos. Será dar clases por darlas, en sábado, para decir que cumplieron, sin un real propósito de sanar las heridas abiertas con el paro.
Primero que todo, es obvio que los muchachos no recuperarán el tiempo perdido. Ni con la eternidad a su disposición los muchachos volverán al camino que les fue interrumpido. Aún así, con disciplina y un calendario serio, de estricto cumplimiento e intenso en su contenido programático, un mínimo de información y formación se hubiese podido rescatar.
Sin embargo, el ministerio de Educación lo que ha hecho es jugar a la política. Una vez más se dejó torcer el brazo y programó escazos diez sábados para tratar de encontrar el sendero que en 24 días de huelga se truncó. En ese tiempo muy poco, si no es que nada, será de provecho. Conociendo la mala estirpe de una fatal mayoría de docentes, las jornadas serán de pocas horas, y el material de baja calidad.
No hay que ser adivino, ni experto en el tema educativo, para saber que los resultados de semejante proyecto de recuperación de clases será nefasto. Los muchachos se la verán a gatas una vez más para iniciar estudios superiores, pues sus bases académicas están débiles. El Ministerio de Educación, en lugar de minimizar el daño en lo posible, lo que ha hecho programar un débil calendario salvador, que no servirá de mucho, y sirve para decir que se está cumpliendo con el país. En definitiva, los estudiantes en esta jugada importan poco, pues el objetivo es quedar bien con Dios y con el diablo.

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