CLICAC y la protección al consumidor
La Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC) es una entidad gubernamental diseñada con el propósito de fomentar la libre competencia dentro del mercado de consumo de bienes finales. En esencia lo que se busca es garantizar la existencia de un mercado competitivo, donde compradores y vendedores se encuentren en igualdad de condiciones para efectuar una relación óptima de intercambio de bienes y servicios, a través del mecanismo del precio. En teoría, esa libre competitividad en un mercado abierto beneficia a todos, porque en el punto de equilibrio de la relación precio/cantidad de las dos fuerzas, se lograría maximizar la utilidad marginal de la relación de compra y venta de los bienes y servicios.
Sin embargo, existe una serie de restricciones (arancelarias, tecnológicas culturales, tamaño, conocimiento, etc.), que en muchos de los casos no permite el desarrollo de ese mercado "ideal". Por otro lado es complejo evaluar y mitigar los efectos de las desigualdades existentes entre el mercado de los oferentes (productores, distribuidores y vendedores minoristas) y el mercado de los consumidores (ricos, pobres y extremadamente pobres), en vista de que en ambos medios los principales actores, por su poder económico y político, buscan imponer sus intereses sobre los valores morales de justicia y equidad social.
Partiendo desde la base de este escenario, visualizo la presencia de la CLICAC como el padre protector del grupo menos fuerte, es decir, los consumidores. Pero su participación como organización responsable de proteger al consumidor está limitada por la propia ley que -lo creo- no cuenta con la independencia económica apropiada para desarrollar sus labores y no tiene una ley normativa que permita garantizar en forma efectiva la protección al consumidor en cualquier tipo o clase de transacciones comerciales de bienes y servicios.
A pesar de esas limitaciones, en la CLICAC se observa una mística de trabajo y un deseo ferviente de producir para el bienestar de la comunidad. En algunas ocasiones, se ha visto obligada a comparecer ante los tribunales de justicia, acusada de extralimitarse en acciones encaminadas a defender al consumidor. En su corto periodo, ha realizado un esfuerzo digno de emular por otras organizaciones que también tienen responsabilidades directas de protección al consumidor. Qué interesante sería que dentro de ese espíritu de objetividad y de moralidad, que tanto se menciona, les fuera dado a la CLICAC, la fuerza legal, financiera y humana, para coordinar en materia de protección al consumidor, a todas las instituciones gubernamentales y organismos no gubernamentales, que guardan relación con el bienestar del consumidor.
Pero más interesante resultaría dotarlos de las normas jurídicas correspondientes, para que pueda ejercer la fuerza coercitiva necesaria de aplicación de sanciones, en caso de incumplimiento de los compromisos asumidos por el vendedor hacia el comprador (consumidor), independientemente de la cuantía o valor objeto del reclamo.
Dentro de su esfuerzo, la CLICAC está fomentando la creación de organizaciones no gubernamentales de defensa al consumidor, con el propósito de que la proliferación de estos grupos organizados contribuya a la educación del consumidor sobre sus derechos y deberes en el proceso de compra y adquisiciones de bienes y servicios. Por otro lado, la presencia de estas organizaciones ayudará también a que el consumidor comprador, sea menos compulsivo y seamos más conscientes en la toma de decisiones, en cuanto al qué, cuándo, cómo y a quién comprar los bienes y servicios para suplir una necesidad y no un deseo.
Todo este proceso en pro de la defensa del consumidor, su organización y funcionalidad debe contribuir en las generaciones venideras un mejoramiento en la calidad de vida y una mejor conciencia social. Hay que tener presente que en el fondo todos somos consumidores de bienes y servicios finales y, si en algunas ocasiones tenemos el otro sombrero puesto, ese alcance en nuestra formación y organización como consumidor permitirá comprender mejor aquella enseñanza bíblica de David y Goliat.
La meta debe ser la transformación del comprador consumidor nacional en un agente de cambio, para la formación efectiva de mejores valores éticos y morales, en el género humano, logrando con ello, el mejoramiento del bienestar socioeconómico de la nación panameña.
Sin embargo, existe una serie de restricciones (arancelarias, tecnológicas culturales, tamaño, conocimiento, etc.), que en muchos de los casos no permite el desarrollo de ese mercado "ideal". Por otro lado es complejo evaluar y mitigar los efectos de las desigualdades existentes entre el mercado de los oferentes (productores, distribuidores y vendedores minoristas) y el mercado de los consumidores (ricos, pobres y extremadamente pobres), en vista de que en ambos medios los principales actores, por su poder económico y político, buscan imponer sus intereses sobre los valores morales de justicia y equidad social.
Partiendo desde la base de este escenario, visualizo la presencia de la CLICAC como el padre protector del grupo menos fuerte, es decir, los consumidores. Pero su participación como organización responsable de proteger al consumidor está limitada por la propia ley que -lo creo- no cuenta con la independencia económica apropiada para desarrollar sus labores y no tiene una ley normativa que permita garantizar en forma efectiva la protección al consumidor en cualquier tipo o clase de transacciones comerciales de bienes y servicios.
A pesar de esas limitaciones, en la CLICAC se observa una mística de trabajo y un deseo ferviente de producir para el bienestar de la comunidad. En algunas ocasiones, se ha visto obligada a comparecer ante los tribunales de justicia, acusada de extralimitarse en acciones encaminadas a defender al consumidor. En su corto periodo, ha realizado un esfuerzo digno de emular por otras organizaciones que también tienen responsabilidades directas de protección al consumidor. Qué interesante sería que dentro de ese espíritu de objetividad y de moralidad, que tanto se menciona, les fuera dado a la CLICAC, la fuerza legal, financiera y humana, para coordinar en materia de protección al consumidor, a todas las instituciones gubernamentales y organismos no gubernamentales, que guardan relación con el bienestar del consumidor.
Pero más interesante resultaría dotarlos de las normas jurídicas correspondientes, para que pueda ejercer la fuerza coercitiva necesaria de aplicación de sanciones, en caso de incumplimiento de los compromisos asumidos por el vendedor hacia el comprador (consumidor), independientemente de la cuantía o valor objeto del reclamo.
Dentro de su esfuerzo, la CLICAC está fomentando la creación de organizaciones no gubernamentales de defensa al consumidor, con el propósito de que la proliferación de estos grupos organizados contribuya a la educación del consumidor sobre sus derechos y deberes en el proceso de compra y adquisiciones de bienes y servicios. Por otro lado, la presencia de estas organizaciones ayudará también a que el consumidor comprador, sea menos compulsivo y seamos más conscientes en la toma de decisiones, en cuanto al qué, cuándo, cómo y a quién comprar los bienes y servicios para suplir una necesidad y no un deseo.
Todo este proceso en pro de la defensa del consumidor, su organización y funcionalidad debe contribuir en las generaciones venideras un mejoramiento en la calidad de vida y una mejor conciencia social. Hay que tener presente que en el fondo todos somos consumidores de bienes y servicios finales y, si en algunas ocasiones tenemos el otro sombrero puesto, ese alcance en nuestra formación y organización como consumidor permitirá comprender mejor aquella enseñanza bíblica de David y Goliat.
La meta debe ser la transformación del comprador consumidor nacional en un agente de cambio, para la formación efectiva de mejores valores éticos y morales, en el género humano, logrando con ello, el mejoramiento del bienestar socioeconómico de la nación panameña.