Clinton al rescate
Convaleciente de una delicada operación de corazón abierto, luego que le fueran implantados varios by passes, el ex presidente norteamericano Bill Clinton ha acudido al rescate de la campaña presidencial de su copartidario demócrata John Kerry, quien hace aguas frente a la ofensiva de último momento de su adversario republicano, el presidente George Bush, hijo.
La magia de su carisma sigue intacta, como quedó demostrado durante la gira que realiza por Filadelfia. Los potenciales votantes acudían presurosos a estrechar su mano, mientras el ex mandatario regalaba sonrisas. La fuerza de su discurso sigue siendo extraordinaria dentro de su sencillez; aún conserva la contundencia que lo llevó a derrotar, precisamente, al padre del actual presidente.
"Los pobres son hoy más pobres y los ricos, más ricos, que cuando yo gobernaba; la economía presenta hoy un estado calamitoso, en contraste con mi mandato", decía Clinton, mientras arremetía contra la reducción de las asistencias sociales y el deterioro de las prestaciones de salud. La descarga era demoledora, como no lo ha sido en ningún momento durante la errática campaña de Kerry. Algunos periodistas que le daban cobertura comentaron en privado que si él fuera el candidato, volvería a ganar con facilidad.
De apariencia débil e indecisa, con un discurso complicado y cauteloso, el abanderado demócrata no ha podido empatar las encuestas que favorecen a su rival republicano. Este último presenta un mensaje sencillo y redundante, que de tanto repetir ha calado en los votantes. Todos los sondeos le dan una ventaja que oscila entre 5 y 8 puntos porcentuales, que son suficientes para repetir en la Casa Blanca.
Aún si no se repitieran las irregularidades, por no decir las trampas, que se suscitaron hace cuatro años, el presidente George Bush hijo debe repetir su victoria por estrecho margen. Obviamente, no tenemos una bola de cristal; pero observando la evolución de las encuestas y la poca muestra de capacidad de recuperación y recorte frente a la ventaja de su rival, tenemos pocas dudas sobre el resultado. Ni siquiera los esfuerzos desesperados de último momento, de sacar de su lecho de enfermo al presidente Clinton, serán suficientes. Preparémonos para cuatro años más de gobierno republicano.
Parece que la justicia, tan reclamada en la lucha civilista, está lejana. Un camino sería un proceso constituyente y no el mamotreto de reforma constitucional que hoy están pasando sin pena ni gloria.
Nuestros indígenas son dignos de atención, de ayuda para que salgan de pobreza y puedan decir que son tan panameños como nosotros.
La magia de su carisma sigue intacta, como quedó demostrado durante la gira que realiza por Filadelfia. Los potenciales votantes acudían presurosos a estrechar su mano, mientras el ex mandatario regalaba sonrisas. La fuerza de su discurso sigue siendo extraordinaria dentro de su sencillez; aún conserva la contundencia que lo llevó a derrotar, precisamente, al padre del actual presidente.
"Los pobres son hoy más pobres y los ricos, más ricos, que cuando yo gobernaba; la economía presenta hoy un estado calamitoso, en contraste con mi mandato", decía Clinton, mientras arremetía contra la reducción de las asistencias sociales y el deterioro de las prestaciones de salud. La descarga era demoledora, como no lo ha sido en ningún momento durante la errática campaña de Kerry. Algunos periodistas que le daban cobertura comentaron en privado que si él fuera el candidato, volvería a ganar con facilidad.
De apariencia débil e indecisa, con un discurso complicado y cauteloso, el abanderado demócrata no ha podido empatar las encuestas que favorecen a su rival republicano. Este último presenta un mensaje sencillo y redundante, que de tanto repetir ha calado en los votantes. Todos los sondeos le dan una ventaja que oscila entre 5 y 8 puntos porcentuales, que son suficientes para repetir en la Casa Blanca.
Aún si no se repitieran las irregularidades, por no decir las trampas, que se suscitaron hace cuatro años, el presidente George Bush hijo debe repetir su victoria por estrecho margen. Obviamente, no tenemos una bola de cristal; pero observando la evolución de las encuestas y la poca muestra de capacidad de recuperación y recorte frente a la ventaja de su rival, tenemos pocas dudas sobre el resultado. Ni siquiera los esfuerzos desesperados de último momento, de sacar de su lecho de enfermo al presidente Clinton, serán suficientes. Preparémonos para cuatro años más de gobierno republicano.
Parece que la justicia, tan reclamada en la lucha civilista, está lejana. Un camino sería un proceso constituyente y no el mamotreto de reforma constitucional que hoy están pasando sin pena ni gloria.
Nuestros indígenas son dignos de atención, de ayuda para que salgan de pobreza y puedan decir que son tan panameños como nosotros.