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Como en los tiempos de Lot


“Llegaron ángeles a Sodoma a la caída de la tarde, Lot se levantó a recibirlos, les invitó a su casa… y fueron con él, pero antes que se acostaran, los varones de la ciudad rodearon su casa… diciendo: vino un extraño para habitar entre nosotros y habrá erigirse en juez... Ahora te haremos más mal que a ellos…, y hacían gran violencia al varón Lot.

Y dijeron los ángeles a Lot: ¿Tienes algunos más? Tus hijos, tus hijas y todos lo que tienes en este lugar, sácalos de este lugar… porque Jehová va destruir esta ciudad. Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego desde los cielo…” (Génesis 19).

Lo anterior se reedita en Panamá, indistintamente las circunstancias; cuando “brotan” incendios destruyendo inmuebles, peor… vidas humanas. Cuando se repiten en Curundú y barriadas similares; con el infausto, penosamente inolvidable, “autobús de la muerte”, amén de otros titánicamente difícil de enumerar y con lo ocurrido el 27 de marzo pasado, en el almacén La Oca Loca (Calidonia); consternándonos, porque evidencia fehacientemente la absoluta indiferencia estatal hacia instituciones que, como el Cuerpo de Bomberos, cumplen un rol primordial para el bienestar colectivo, principalmente sofocando incendios y salvando vidas.

Titulado: “Infierno en Calidonia”, un rotativo describió: “...el siniestro de ayer dejó algo más que escombros y cenizas. Puso en evidencia las precarias condiciones en las que trabajan los bomberos... trabajaron con mangueras y botas rotas, junto a la baja presión del agua, por lo que tuvieron que ser apoyados por varias instituciones, incluidas las pivadas”. (La Estrella, 28 de marzo 2009).

Y aunque no se produjecen pérdidas vitales, pierden también la calidad de la misma aquellos que residen en las áreas aledañas. La angustia, ansiedad, anomia, padecida, constituyen eventos en sus vidas, emocionalmente costosísimos; ni hablar de los muertos y deudos, consanguíneos o comunitarios, identificados con el dolor, la impotencia y la desesperación de los afectados.

Compensa el Estado las pérdidas emocionales y materiales, alojando a los damnificados (as) en tugurios improvisados que, como albergues, constituyen una bofetada a la dignidad y a los derechos humanos?

¿Habremos pecado tanto, cual Sodoma y Gomorra, y, “Como en los Tiempos de Lot“, Jehová está descargando su ira sobre nuestro pueblo por haber escogido dirigentes que sólo “pudieron” traernos hambre, luto y dolor? ¿O ya caminan campantes y rampantes los cuatro jinetes del apocalipsis?

¡Ojalá no! Ojalá “podamos” enmendar la marcha poniéndonos a tono con las demandas y necesidades del pueblo, no de una minoría que solamente piensa en sí misma... en la acumulación de riqueza.

101 años de Panamá América

 
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