Cómo reinó la corrupción
Nosotros, con frecuencia periódica y desde hace muchos años, hemos venido presenciando la forma como se conduce ordinariamente nuestra sociedad, en la perspectiva de sus actitudes más generales. Y nos ocupamos de trazar algunos rasgos, de cómo se entronizó lo que hemos llamado "corrupción", uno de los fenómenos que más ha caracterizado la vida nacional, desde sus comienzos en la década del cuarenta, hasta su época de oro que alcanzó su cenit en los años ochenta.
Ya la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) aceleró trabajos nuevos en el Canal (principalmente, el comienzo de un tercer juego de esclusas, que el fin de la guerra paralizó), y simultáneamente grandes ingresos fiscales abrieron la corrupción político-económica, como sistema gubernamental de los jefes y sus acólitos. Así, comenzó, pues, entre nosotros, lo que hemos en dominar "corrupción".
Fueron también años de crisis políticas: deposición oficial de Arnulfo Arias (1941); renuncia instrumentada de Ricardo A. de la Guardia y Asamblea Constituyente (1944-1946); crisis política en 1948; regreso al poder de Arnulfo Arias (1949-1951) y derrocamiento en el último año; asesinato del presidente Remón (1955), situaciones todas en las que continuó avanzando y extendiéndose la corrupción, aposentada visiblemente en las altas esferas.
Siguieron las dificultades políticas y la inclusión en ellas de la Guardia Nacional, como árbitro de las querellas electorales de los grupos en el poder y en el usufructo corruptivo. Seguía casi con permanencia la crisis política en las instancias del poder oligárquico, con el desenlace de la deposición armada de Arnulfo Arias y control tiránico de la Guardia Nacional. A su sombre advienen la dictadura policíaca de Omar Torrijos y la narcodictadura norieguista que elevaron hasta la décima potencia el proceso de corrupción profunda, principalmente en las altas esferas del poder compartido oligárquico-político, pero con supremacía del último factor (1968-1989). Es comprensible que estos gobiernos oligárquicos y dictatoriales hicieran del alto empleo público una poderosa fuerza corrupta y corruptora (narcotráfico, abuso con los dineros estatales, tiranía política). Con el correr de los años y con la anarquía gubernamental consuetudinaria, como sistema, Doña Corrupción se filtraba por todos los estratos de la sociedad, que tuvo por consigna el enriquecimiento ilícito, sobre todo con la complicidad de las esferas de gobierno.
Señalemos que en el período iniciado en 1968, que hemos caracterizado un tanto, se dieron los más altos índices de degeneración moral y de degradación política, los que constituyeron una fortísima inyección en el incremento cuantitativo y en el abatimiento moral que tuvo la corrupción, y que dominaron la extensa época de 21 años, proyectada , sin duda, como la época más negra de la historia panameña, desde el descubrimiento de América hasta hoy (cinco siglos).
La vida social se vino degradando sin tasa ni medida, entre 1903 y 2004, profundizando, lenta pero firmemente, las características de inmoralidad que corrían por todo el cuerpo social, fenómeno que se doblaba también en el cuerpo político, para llegar a la ultradegradación moral que nos ha caracterizado en los años últimos.
Incluso después de la invasión norteamericana (1989), estas características negativas continúan su trabajo de fortalecimiento a profundidad, para culminar en las partidas circuitales de las Asambleas y en las partidas discrecionales de los presidentes, para llevar al país a los grados más hondos de corrupción, principalmente en los gobiernos, pero también en los demás emplazamientos de la sociedad.
Paradójicamente se dieron acontecimientos que fueron acompañados de espacios temporales, en los que un falso optimismo recubrió la costra de la corrupción, pero siempre abonando las crisis generales de la República, fenómeno al que nos referiremos próximamente, sin promesa de fecha fija.
Ya la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) aceleró trabajos nuevos en el Canal (principalmente, el comienzo de un tercer juego de esclusas, que el fin de la guerra paralizó), y simultáneamente grandes ingresos fiscales abrieron la corrupción político-económica, como sistema gubernamental de los jefes y sus acólitos. Así, comenzó, pues, entre nosotros, lo que hemos en dominar "corrupción".
Fueron también años de crisis políticas: deposición oficial de Arnulfo Arias (1941); renuncia instrumentada de Ricardo A. de la Guardia y Asamblea Constituyente (1944-1946); crisis política en 1948; regreso al poder de Arnulfo Arias (1949-1951) y derrocamiento en el último año; asesinato del presidente Remón (1955), situaciones todas en las que continuó avanzando y extendiéndose la corrupción, aposentada visiblemente en las altas esferas.
Siguieron las dificultades políticas y la inclusión en ellas de la Guardia Nacional, como árbitro de las querellas electorales de los grupos en el poder y en el usufructo corruptivo. Seguía casi con permanencia la crisis política en las instancias del poder oligárquico, con el desenlace de la deposición armada de Arnulfo Arias y control tiránico de la Guardia Nacional. A su sombre advienen la dictadura policíaca de Omar Torrijos y la narcodictadura norieguista que elevaron hasta la décima potencia el proceso de corrupción profunda, principalmente en las altas esferas del poder compartido oligárquico-político, pero con supremacía del último factor (1968-1989). Es comprensible que estos gobiernos oligárquicos y dictatoriales hicieran del alto empleo público una poderosa fuerza corrupta y corruptora (narcotráfico, abuso con los dineros estatales, tiranía política). Con el correr de los años y con la anarquía gubernamental consuetudinaria, como sistema, Doña Corrupción se filtraba por todos los estratos de la sociedad, que tuvo por consigna el enriquecimiento ilícito, sobre todo con la complicidad de las esferas de gobierno.
Señalemos que en el período iniciado en 1968, que hemos caracterizado un tanto, se dieron los más altos índices de degeneración moral y de degradación política, los que constituyeron una fortísima inyección en el incremento cuantitativo y en el abatimiento moral que tuvo la corrupción, y que dominaron la extensa época de 21 años, proyectada , sin duda, como la época más negra de la historia panameña, desde el descubrimiento de América hasta hoy (cinco siglos).
La vida social se vino degradando sin tasa ni medida, entre 1903 y 2004, profundizando, lenta pero firmemente, las características de inmoralidad que corrían por todo el cuerpo social, fenómeno que se doblaba también en el cuerpo político, para llegar a la ultradegradación moral que nos ha caracterizado en los años últimos.
Incluso después de la invasión norteamericana (1989), estas características negativas continúan su trabajo de fortalecimiento a profundidad, para culminar en las partidas circuitales de las Asambleas y en las partidas discrecionales de los presidentes, para llevar al país a los grados más hondos de corrupción, principalmente en los gobiernos, pero también en los demás emplazamientos de la sociedad.
Paradójicamente se dieron acontecimientos que fueron acompañados de espacios temporales, en los que un falso optimismo recubrió la costra de la corrupción, pero siempre abonando las crisis generales de la República, fenómeno al que nos referiremos próximamente, sin promesa de fecha fija.