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Compartiendo con los niños


El "Día del Niño", que se celebra el 1º. de Noviembre de cada año, abarca desde la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño de 1989, a los niños y adolescentes menores de 18 años. Se ha señalado, que la Convención ha provocado una revolución copérnica, ya que los infantes son sujetos de derechos, porque piensan y sienten, no son objetos, tienen derechos propios y socialmente son ciudadanos.
La Convención consagra derechos humanos a la niñez y a la adolescencia, que deben ser respetados en todo momento, en época de paz y de conflictos armados, cuando hayan sido objeto de abuso, maltrato, etc., o cuando hayan cometido un "acto infractor".
Así se destacan, el derecho a la vida, a buena salud, al vestido, la alimentación, y a crecer en un ambiente de felicidad, amor y comprensión, a la educación, a jugar y descansar, a ser tratado con igualdad, a tener un nombre y nacionalidad.
Pero, igualmente, de esos derechos nacen deberes, tales como: cuidar mi vida y respetar la de los demás; respetar y asegurar el derecho de todas las personas a practicar sus creencias religiosas, respetar las ideas de los demás, cumplir con mis deberes escolares, ser solidario cuando lo necesiten, evitar la violencia para hacer valer mis derechos, proteger el medio ambiente, respetar las leyes, a mis padres y a las demás personas.
Hoy nuestra niñez y adolescencia, en algunos casos, se encuentran desprovistas del goce de ciertos derechos: a un nivel de vida digna, salud, alimentación adecuada, y de protección en general, sin embargo, en esta ocasión nos llama la atención el aumento paulatino de despreocupación, desatención y desamor sobre los mismos. Y sobre esto, es necesario detenernos para reflexionar sobre el "tiempo que dedicamos a nuestros hijos", para conversar y escuchar sus preocupaciones infantiles (por ejemplo, la necesidad de que el padre o madre acuda a un acto en el colegio, lo acompañe al cine, al parque, etc.) o de las preocupaciones de los adolescentes y de los jóvenes, en torno, a su aspecto, su vida social, estudios escolares o universitarios, etc.
Ser padres, es una profesión a tiempo completo, no es un trabajo que concluye a cierta hora del día, ni es mucho menos un aparato que podemos "apagar por el ruido o cambiar de canal". Se es padre "24" horas al día, y al ejercer este oficio tenemos que pensar que los niños son primero, que el tiempo que dedicamos y compartimos con ellos, no tiene precio. Se trata de una experiencia única, pasajera, maravillosa de intranquilidades o de molestias, que nos dan la oportunidad de evocar experiencias vividas. Dediquemos más tiempo a nuestros niños; ellos nos lo agradecerán.

101 años de Panamá América

 
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