Comunidad y acceso a planos
En varias ocasiones hemos criticado el desorden urbanístico que padece nuestra ciudad y, en particular, el hecho de que se erijan construcciones susceptibles de afectar negativamente a un vecindario. Con frecuencia, en tranquilos barrios residenciales, se autoriza la construcción de rascacielos que desvalorizan las casas del vecindario y deterioran la calidad de vida. La comunidad está en completo desamparo frente a estos abusos. El primer signo de que uno de esos horrorosos monstruos de concreto, vidrio y acero van a emerger de las entrañas de la tierra, es cuando pesados tractores empiezan a remover tierra. "Pisada de animal grande", dicen los interioranos. Señal para huir.
A las pocas semanas siguen las excavaciones profundas, sobre las cuales se vierten toneladas de piedra, concreto y barras de acero. Para cuando los vecinos reaccionen, ya va el primer alto y, mientras lo averiguan, vienen los demás. Luego, las nubes.
Unos dueños de duplex en Altos del Golf, se vieron un día sorprendidos por una de esas moles, La Pradera. Cuando trataron de pararla, ya había millones de balboas metidos en la obra y muchos obreros comiendo de ella. El valor de sus propiedades cayó al piso. Hoy, desde el patio de sus casas, en vez del tejado del vecino, divisan una pared del gigante, desde cuya azotea, un pequeño juguete, dejado caer, puede atravesar el techo de las viviendas vecinas. Aun así, lo intentaron, pero fueron detenidos por una furiosa contrademanda y un secuestro de los dueños de la mole. Hasta los muebles perdieron. El hombre mordió al perro.
El drama se repite ahora en Paitilla. Los ex presidentes, Endara y Ardito Barletta, entre otros, tan pronto supieron de la construcción del "Miradores de la Bahía", quieren curarse en salud y piden -con base a la ley de acceso a la información, No. 6 de 2002- que el director de Obras y Construcciones Municipales, Jaime Salas, ver los planos. Se les niega. Son 40 pisos, un récord nacional. Acuden en "hábeas data" al Primer Tribunal Superior, y se confirma la negativa, en ambos casos, con base al derecho de autor, como si se tratara del uso o copia los planos ajenos por un tercero y no del legítimo y responsable derecho de una comunidad para prevenir y evitar un daño mayor a sí mismos y al inversionista. Ahora van a la Corte. ¡Pobres!
A las pocas semanas siguen las excavaciones profundas, sobre las cuales se vierten toneladas de piedra, concreto y barras de acero. Para cuando los vecinos reaccionen, ya va el primer alto y, mientras lo averiguan, vienen los demás. Luego, las nubes.
Unos dueños de duplex en Altos del Golf, se vieron un día sorprendidos por una de esas moles, La Pradera. Cuando trataron de pararla, ya había millones de balboas metidos en la obra y muchos obreros comiendo de ella. El valor de sus propiedades cayó al piso. Hoy, desde el patio de sus casas, en vez del tejado del vecino, divisan una pared del gigante, desde cuya azotea, un pequeño juguete, dejado caer, puede atravesar el techo de las viviendas vecinas. Aun así, lo intentaron, pero fueron detenidos por una furiosa contrademanda y un secuestro de los dueños de la mole. Hasta los muebles perdieron. El hombre mordió al perro.
El drama se repite ahora en Paitilla. Los ex presidentes, Endara y Ardito Barletta, entre otros, tan pronto supieron de la construcción del "Miradores de la Bahía", quieren curarse en salud y piden -con base a la ley de acceso a la información, No. 6 de 2002- que el director de Obras y Construcciones Municipales, Jaime Salas, ver los planos. Se les niega. Son 40 pisos, un récord nacional. Acuden en "hábeas data" al Primer Tribunal Superior, y se confirma la negativa, en ambos casos, con base al derecho de autor, como si se tratara del uso o copia los planos ajenos por un tercero y no del legítimo y responsable derecho de una comunidad para prevenir y evitar un daño mayor a sí mismos y al inversionista. Ahora van a la Corte. ¡Pobres!