Conservemos Coiba
La isla de Coiba (cuyo nombre supuestamente proviene de un cacique denominado Quiebo y que desde la conquista ha sido denominada Cobaya, Quibo y Coyba) ha cobrado importancia nuevamente durante el último año, esta vez no por las actividades penitenciarias ubicadas en la isla desde 1919 sino por el interés de crear un régimen jurídico para asegurar la preservación del medio ambiente que existe en el área. Preocupa, sin embargo, que lo que se pretende aprobar en primer debate no garantiza el supuesto objetivo conservacionista toda vez que deja la puerta abierta para que éste o futuros gobiernos permitan la edificación de hoteles en la isla, lo cual no resultará viable y acabará destruyendo sus valiosos recursos.
Para desarrollar el modelo de "sol y playa" deben existir playas amplias, con poca vegetación y arena fina; además, deben ser fácilmente accesibles. El éxito de Decameron en Farallón es ilustrativo de las condiciones que deben coexistir para explotar ese modelo. Sin embargo, en las islas que conforman el Parque Nacional de Coiba y la denominada Zona de Amortiguamiento, que incluye las costas de Chiriquí y Veraguas (inclusive las humedades en Montijo que son áreas protegidas según el Convenio de Ramsar de 1971, en virtud de una designación hecha por Panamá en 1993 luego de firmar ese acuerdo internacional en 1990), no existen las condiciones para el desarrollo del turismo bajo el modelo "sol y playa" porque tratándose de una región climática tropical húmeda, llueve diariamente por ocho meses al año, sus playas son de grano medio y fino-medio, en su mayoría color marrón, más o menos tostado u oscuro, y sus aguas son generalmente turbias.
Ya los estudios oficiales realizados de la región llegaron a la conclusión que existen segmentos de turismo distintos, en los cuales "la playa en sí misma y sus parámetros tradicionales, pierden interés a favor del conjunto de elementos paisajísticos, naturales, monumentales, culturales y deportivos", segmentos estos que deben ser los explotados en Coiba. Sin embargo, para tener éxito captando turismo nacional e internacional tienen que preservarse las características existentes de virginidad, aislamiento e inaccesibilidad.
Si se construyen hoteles en la isla de Coiba se perderán esas características. Además, acabarán con los ecosistemas que han permitido que se desarrollen y subsistan especies autóctonas y que sus arrecifes permanezcan vivos y hasta en desarrollo. Debemos aprender de la experiencia: en el Archipiélago de Las Perlas los arrecifes han sufrido enormemente a pesar del limitado desarrollo turístico del área. Es necesario elevar a ley la regulación que crea el Parque Nacional de Coiba, agrandándolo inclusive para preservar este patrimonio ecológico. Pero también se precisa dotar de recursos a la Autoridad Nacional del Ambiente, lo cual es imprescindible ahora que el centro penitenciario desaparecerá. Y esos recursos no vendrán del fisco, ni tampoco de las concesiones que puedan otorgarse para operar (inclusive hoteles de alta densidad). La única fuente son las organizaciones no gubernamentales internacionales, cuyo apoyo ya está garantizado siempre que el régimen jurídico que se apruebe garantice la conservación del área en su estado actual.
Para desarrollar el modelo de "sol y playa" deben existir playas amplias, con poca vegetación y arena fina; además, deben ser fácilmente accesibles. El éxito de Decameron en Farallón es ilustrativo de las condiciones que deben coexistir para explotar ese modelo. Sin embargo, en las islas que conforman el Parque Nacional de Coiba y la denominada Zona de Amortiguamiento, que incluye las costas de Chiriquí y Veraguas (inclusive las humedades en Montijo que son áreas protegidas según el Convenio de Ramsar de 1971, en virtud de una designación hecha por Panamá en 1993 luego de firmar ese acuerdo internacional en 1990), no existen las condiciones para el desarrollo del turismo bajo el modelo "sol y playa" porque tratándose de una región climática tropical húmeda, llueve diariamente por ocho meses al año, sus playas son de grano medio y fino-medio, en su mayoría color marrón, más o menos tostado u oscuro, y sus aguas son generalmente turbias.
Ya los estudios oficiales realizados de la región llegaron a la conclusión que existen segmentos de turismo distintos, en los cuales "la playa en sí misma y sus parámetros tradicionales, pierden interés a favor del conjunto de elementos paisajísticos, naturales, monumentales, culturales y deportivos", segmentos estos que deben ser los explotados en Coiba. Sin embargo, para tener éxito captando turismo nacional e internacional tienen que preservarse las características existentes de virginidad, aislamiento e inaccesibilidad.
Si se construyen hoteles en la isla de Coiba se perderán esas características. Además, acabarán con los ecosistemas que han permitido que se desarrollen y subsistan especies autóctonas y que sus arrecifes permanezcan vivos y hasta en desarrollo. Debemos aprender de la experiencia: en el Archipiélago de Las Perlas los arrecifes han sufrido enormemente a pesar del limitado desarrollo turístico del área. Es necesario elevar a ley la regulación que crea el Parque Nacional de Coiba, agrandándolo inclusive para preservar este patrimonio ecológico. Pero también se precisa dotar de recursos a la Autoridad Nacional del Ambiente, lo cual es imprescindible ahora que el centro penitenciario desaparecerá. Y esos recursos no vendrán del fisco, ni tampoco de las concesiones que puedan otorgarse para operar (inclusive hoteles de alta densidad). La única fuente son las organizaciones no gubernamentales internacionales, cuyo apoyo ya está garantizado siempre que el régimen jurídico que se apruebe garantice la conservación del área en su estado actual.