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Constituyente, ahora o nunca


Aunque el tema no es del agrado de muchos, insisto en que tenemos la razón, los que pensamos que luego de la invasión de 1989, lo que el momento político aconsejaba era darnos la Constitución Política necesaria para vivir en democracia. Hoy el tiempo, mejor juez y testigo de las actuaciones de los hombres, nos sigue enseñando que no podemos seguir viviendo con ropa para el Polo Norte, viviendo en el trópico, es decir, pretendiendo vivir en democracia con una Constitución Política diseñada por dictadores para perpetuarse en el poder indefinidamente.
Hace algún tiempo manifestamos que de permanecer con la misma Constitución preparada por testaferros de la dictadura y emparchada por ilusos, tendríamos, regularmente, todo tipo de problemas con categoría de crisis nacional, y el tiempo así nos los sigue demostrando. No podemos continuar viviendo con una carta fundamental que permita que quienes están llamados a producir las leyes fundamentales para vivir al día con los cambios que se presentan a nivel mundial, se preocupen más por manejar partidas del presupuesto nacional para hacer obras en las comunidades, tarea propia de representantes de corregimientos. No podemos permitir que mientras nuestra Constitución proclama en sus primeros artículos un principio fundamental de la democracia como el de la separación de los poderes, más adelante permita que uno de los órganos del Estado interfiera en las facultades del otro. No podemos seguir permitiendo que la conformación de los órganos políticos del Estado panameño pueda seguir poniendo en juego la seguridad jurídica, aval más importante que puede ofrecer un país en desarrollo a la inversión del capital privado nacional y extranjero, necesaria para fortalecer su economía.
Nos encontramos, prácticamente, a dos años y medio de las próximas elecciones, tiempo suficiente para preparar un proyecto de nueva Constitución Política, que sea votado el mismo día de la elección general. Debemos preparar un proyecto que fundamentalmente permita poder verificar el rumbo de un gobierno a la mitad de su mandato cuando su rumbo nos indique que no llegaremos a puerto seguro; eso es posible, por ejemplo, si se establecen fechas de elecciones diferentes para la elección de presidentes, diputados o legisladores (sin partidas circuitales) y concejales o representantes de corregimientos.
Es de urgente necesidad modificar nuestro organismo judicial, establecer una defensa nacional que permita proteger nuestras fronteras amenazadas constantemente, por la guerrilla extranjera y el tráfico de armas y de drogas. Es necesario establecer constitucionalmente incentivos a la inversión extranjera de capitales que propicien la creación de fuentes de trabajo orientadas a las actividades comerciales e industriales, a las cuales queremos dirigir el desarrollo de nuestra economía. Es necesario establecer por norma constitucional las medidas fiscales necesarias para lograr una mejor distribución de la riqueza y sanciones ejemplares para frenar la delincuencia efectivamente.
Creemos que dos años y medio es tiempo suficiente para que paralelo al desarrollo del actual período de gobierno, puedan ser convocados los mejores hombres y mujeres de la Patria a preparar un proyecto de una nueva Constitución Política, que provea al país de las normas fundamentales necesarias para vivir en la democracia por la que tanto luchamos los panameños.
Estamos seguros que la clase política tradicional y la clase comerciante, que tienen por patria a las cajas registradoras de sus negocios, se oponen a la idea de una Constituyente; sabemos que es parte tan solo de la solución a la crisis nacional porque también, y es la más grande, padecemos de una crisis de hombres dispuestos a dar una cuota de verdadero sacrificio para lograr lo más cercano a la solución de las necesidades de las grandes mayorías nacionales, pero sabemos que una nueva Constitución Política es el punto de partida necesario e indispensable. Ahora o nunca.

101 años de Panamá América

 
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