Constituyente: ¿Por miedo o por necesidad?
Como bien ya he mencionado a tan solo unos días de las elecciones del 2 de mayo, la sociedad panameña se ha visto sometida a toda clase de comentarios,
sentencias, cálculos políticos, análisis, en fin toda la gama de aciertos y errores en materia del futuro político que nos espera.
En el proceso de haber tenido que escuchar casi de todo surgió la figura de la constituyente, como un mecanismo para reformar la Constitución o quién sabe si hasta para elaborar una completamente nueva. Antes de cualquier consideración al respecto, debo manifestar que me identifico con el método
de la constituyente como el mecanismo más auténtico para modificar e introducir los cambios que probablemente la sociedad aspira a que se
incorporen a la norma fundamental.
Pero, la manera como han traído el tema al tapete quienes promueven la idea y la forma como quienes la rechazan lo hacen, no deja de generar suspicacias e incluso hasta malos pensamientos por parte de quienes no nos identificamos ni con el bloque promotor (los arnulfistas) ni con el bloque detractor (los PRD).
Hay quienes pensamos que la forma en que la propuesta ha sido traída genera muchas sospechas. ¿Por qué?
Si advertimos la cronología de los hechos casi que podríamos aseverar que el planteamiento sobre la importancia de una constituyente fue expuesto por la presidenta electa, una vez tenía todas las confirmaciones que el Ejecutivo, que por mandato popular le corresponderá presidir, no contará con la mayoría dentro del Organo Legislativo con el que
tendrá que armonizar para pasar las leyes que requiera durante su ejercicio.
Una vez lanzada la idea o la propuesta los principales voceros de la próxima Presidenta arreciaron en las argumentaciones, dentro de las cuales destacó la del respetado profesor César Quintero, quien hizo todo un esfuerzo docente por explicar, a través de los medios, el sentido y alcance de una constituyente. A renglón seguido los actuales legisladores del PRD no solo salieron a oponerse sino hasta amenazaron con un juicio a la futura jefa del Ejecutivo (lo cual generó noticia en medios extranjeros). Pero no conformes con oponerse (los del PRD) procedieron a darle trámite a la creación de la Sala Quinta en la Corte Suprema de Justicia.
El impulso a la aprobación de la Sala en mención podría considerarse una reacción a la posibilidad de insistir, por parte de los arnulfistas, en la constituyente con lo que los futuros opositores, dicen algunos, se garantiza el "control" de la Corte.
Observemos un detalle. La pugna entre los del PRD y los arnulfistas, por lo menos en mi opinión, surge por la necesidad de cuidarse las espaldas el uno
del otro y no necesariamente por el ánimo o el deseo de ambos polos de ofrecerle al país los cambios que se consideren necesarios.
Pero lo más grave aún, en el camino del debate de la Sala Quinta, es que todos los que han opinado al respecto han partido de la base que existe "control" del Ejecutivo sobre la Corte ºqué escándalo! que al referirse a la instancia que presumiblemente debe ser la más independiente de todas las estructuras del Estado, todos los que se han pronunciado sobre el tema reconocen la existencia del denominado "control" que bien pudiera traducirse en manipulación. Todo lo cual surge producto de la forma en que la Constitución establece el mecanismo de selección de los magistrados de la Corte.
Es decir, todo parece indicar que en el proceso de cubrirse las espaldas entre los PRD´s y los arnulfistas la sociedad panameña se tiene que ver sometida a una discusión sin sustancia y además intrascendente. La gente no tiene por qué entender que después de un proceso electoral haya que someterlo, nuevamente, a todas las tensiones que implica elegir una constituyente. La gente no tiene por qué entender las afirmaciones de que "si no nos nombran un Contralor con el que estemos de acuerdo aquí va a haber
problemas". La gente no tiene por qué entender que un Legislativo y un Ejecutivo que están por terminar su mandato tienen ahora que crear nuevas salas en la Corte con una "urgencia notoria" que menos se entiende.
Insisto, si el mandato de las elecciones fue claro en favor de la Señora Moscoso, también fue claro en la conformación del Organo Legislativo. Esos
resultados deben obligar a que los principales dirigentes políticos saquen a relucir todo el talento posible para llegar a los acuerdos que se consideren necesarios para la famosa y hasta cacareada gobernabilidad que el país requiere.
Es cierto que necesitamos o cambios a la Constitución o una nueva, pero no es menos cierto que aquéllos deben obedecer a la importancia de los cambios en sí mismos y no al deseo de provocar alteraciones en las estructuras de poder recién electas y menos aun para fomentar disolver uno de los órganos del Estado por el simple hecho que no se cuenta con la mayoría. Si existiera un razonamiento válido para deshacer a través de una constituyente uno de los órganos bien podría valer para llevarse también a los otros dos. Uno por el exceso de poder que concentra (el Ejecutivo) y otro por la forma manipulable como se integra (el Judicial).
De manera que ¿por qué mejor no esperamos a que se instale el nuevo gobierno, se inicie su gestión y siente las bases necesarias para gobernar y posteriormente, tal vez a la mitad del período, volvemos a discutir del tema? Creo que eso contribuiría más a un debate desapasionado y sin intereses debajo de la mesa.
sentencias, cálculos políticos, análisis, en fin toda la gama de aciertos y errores en materia del futuro político que nos espera.
En el proceso de haber tenido que escuchar casi de todo surgió la figura de la constituyente, como un mecanismo para reformar la Constitución o quién sabe si hasta para elaborar una completamente nueva. Antes de cualquier consideración al respecto, debo manifestar que me identifico con el método
de la constituyente como el mecanismo más auténtico para modificar e introducir los cambios que probablemente la sociedad aspira a que se
incorporen a la norma fundamental.
Pero, la manera como han traído el tema al tapete quienes promueven la idea y la forma como quienes la rechazan lo hacen, no deja de generar suspicacias e incluso hasta malos pensamientos por parte de quienes no nos identificamos ni con el bloque promotor (los arnulfistas) ni con el bloque detractor (los PRD).
Hay quienes pensamos que la forma en que la propuesta ha sido traída genera muchas sospechas. ¿Por qué?
Si advertimos la cronología de los hechos casi que podríamos aseverar que el planteamiento sobre la importancia de una constituyente fue expuesto por la presidenta electa, una vez tenía todas las confirmaciones que el Ejecutivo, que por mandato popular le corresponderá presidir, no contará con la mayoría dentro del Organo Legislativo con el que
tendrá que armonizar para pasar las leyes que requiera durante su ejercicio.
Una vez lanzada la idea o la propuesta los principales voceros de la próxima Presidenta arreciaron en las argumentaciones, dentro de las cuales destacó la del respetado profesor César Quintero, quien hizo todo un esfuerzo docente por explicar, a través de los medios, el sentido y alcance de una constituyente. A renglón seguido los actuales legisladores del PRD no solo salieron a oponerse sino hasta amenazaron con un juicio a la futura jefa del Ejecutivo (lo cual generó noticia en medios extranjeros). Pero no conformes con oponerse (los del PRD) procedieron a darle trámite a la creación de la Sala Quinta en la Corte Suprema de Justicia.
El impulso a la aprobación de la Sala en mención podría considerarse una reacción a la posibilidad de insistir, por parte de los arnulfistas, en la constituyente con lo que los futuros opositores, dicen algunos, se garantiza el "control" de la Corte.
Observemos un detalle. La pugna entre los del PRD y los arnulfistas, por lo menos en mi opinión, surge por la necesidad de cuidarse las espaldas el uno
del otro y no necesariamente por el ánimo o el deseo de ambos polos de ofrecerle al país los cambios que se consideren necesarios.
Pero lo más grave aún, en el camino del debate de la Sala Quinta, es que todos los que han opinado al respecto han partido de la base que existe "control" del Ejecutivo sobre la Corte ºqué escándalo! que al referirse a la instancia que presumiblemente debe ser la más independiente de todas las estructuras del Estado, todos los que se han pronunciado sobre el tema reconocen la existencia del denominado "control" que bien pudiera traducirse en manipulación. Todo lo cual surge producto de la forma en que la Constitución establece el mecanismo de selección de los magistrados de la Corte.
Es decir, todo parece indicar que en el proceso de cubrirse las espaldas entre los PRD´s y los arnulfistas la sociedad panameña se tiene que ver sometida a una discusión sin sustancia y además intrascendente. La gente no tiene por qué entender que después de un proceso electoral haya que someterlo, nuevamente, a todas las tensiones que implica elegir una constituyente. La gente no tiene por qué entender las afirmaciones de que "si no nos nombran un Contralor con el que estemos de acuerdo aquí va a haber
problemas". La gente no tiene por qué entender que un Legislativo y un Ejecutivo que están por terminar su mandato tienen ahora que crear nuevas salas en la Corte con una "urgencia notoria" que menos se entiende.
Insisto, si el mandato de las elecciones fue claro en favor de la Señora Moscoso, también fue claro en la conformación del Organo Legislativo. Esos
resultados deben obligar a que los principales dirigentes políticos saquen a relucir todo el talento posible para llegar a los acuerdos que se consideren necesarios para la famosa y hasta cacareada gobernabilidad que el país requiere.
Es cierto que necesitamos o cambios a la Constitución o una nueva, pero no es menos cierto que aquéllos deben obedecer a la importancia de los cambios en sí mismos y no al deseo de provocar alteraciones en las estructuras de poder recién electas y menos aun para fomentar disolver uno de los órganos del Estado por el simple hecho que no se cuenta con la mayoría. Si existiera un razonamiento válido para deshacer a través de una constituyente uno de los órganos bien podría valer para llevarse también a los otros dos. Uno por el exceso de poder que concentra (el Ejecutivo) y otro por la forma manipulable como se integra (el Judicial).
De manera que ¿por qué mejor no esperamos a que se instale el nuevo gobierno, se inicie su gestión y siente las bases necesarias para gobernar y posteriormente, tal vez a la mitad del período, volvemos a discutir del tema? Creo que eso contribuiría más a un debate desapasionado y sin intereses debajo de la mesa.