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Constituyente y PARLACEN


Mientras la Asamblea Legislativa, el Tribunal Electoral y la Presidenta de la República han coincidido, sin rubor alguno, en el antidemocrático rechazo a la consulta sobre una nueva Constitución a través de una Asamblea Nacional Constituyente, también -sin el menor reparo- se han aliado a favor del mantenimiento del PARLACEN.
El Parlamento Centroamericano (PARLACEN), nacido de los acuerdos de Esquipulas como "la instancia política permanente y democrática, de representación popular", se ha convertido en todo lo contrario y, en Panamá peor aún, pues sus integrantes no son elegidos sino designados de a dedo por las cúpulas de la partidocracia. Recordemos que para los países centroamericanos que lo integraron originalmente (Guatemala, Honduras, Nicaragua y Salvador), el PARLACEN cobró plena vigencia, el 28 de octubre de 1991, cuando su primera asamblea plenaria se instaló oficialmente en la ciudad de Guatemala.
Los 122 integrantes con los que cuenta el PARLACEN, a los que hay que sumar una interminable lista de "observadores", han sido absolutamente incapaces de evaluar los resultados de esta "institución" a fin de reformarla o depurarla para que sea funcional. Sus deliberaciones y resoluciones, a la fecha, no se convierten en resultados concretos, lo que no permite comprobar su utilidad para la sociedad. Ello no les ha impedido consumir un millón 700 mil dólares anualmente, por cada uno de los países que lo integran, lo que representa un costo monetario demasiado alto en términos de utilidad y costo.
Desde la perspectiva de la integración centroamericana, para la cual poco o nada han hecho los gobiernos panameños, recientemente diversas organizaciones no gubernamentales de la región recordaban que: "el principal obstáculo al desarrollo del Parlamento Centroamericano es no habérsele dado en el Tratado Constitutivo facultades vinculantes en materia de integración haciendo que mucho de su esfuerzo y trabajo resulte inútil, ya que sus resoluciones no tienen absolutamente ningún elemento de obligatoriedad para los países miembros. Por lo que las resoluciones que se firman dentro del PARLACEN se convierten únicamente en recomendaciones hacia los Estados."
Otorgarle automáticamente, por ejemplo, a los ex mandatarios una curul en el PARLACEN, lo que representa darles también inmunidad parlamentaria, es una manera subliminal de abanicar la impunidad e impedir los procesos de rendición de cuentas posterior a sus administraciones públicas. Esto, lo sabemos, es aprovechado para una interminable cadena de corrupción presidida y favorecida por el rector del Ejecutivo con el propósito de evadir a la justicia.
No debemos perder de vista que el favoritismo local de ciertas autoridades y funcionarios para con el PARLACEN, contrasta con su abierta aversión y temor a la convocatoria de un proceso Constituyente que le permita a la sociedad panameña modernizar las estructuras de las diversas instituciones y Órganos del Estado, como medio de iniciar también, un proceso intenso y sostenido de corrección de las crecientes desigualdades sociales internas. Su apego al PARLACEN les permite seguir erigiéndose en monopolizadores del clientelismo político para evitar la gran caja de resonancia del debate político, de análisis de las políticas públicas y de la propuesta de alternativas democráticas y no autoritarias, que sería desde sus inicios la puesta en marcha de un proceso constituyente democrático y participativo.
Resulta más cómodo, para las cúpulas de la partidocracia y del gobierno, identificarse con el PARLACEN que llamar a una consulta popular sobre la Constituyente. Nos demuestran así, una vez más, que no han logrado alcanzar la conciencia política, el talante crítico y, a la vez, la tolerancia con la confrontación política que exigen los momentos que vive la gran mayoría de la población nacional que tiene que enfrentar cotidianamente un interminable número de problemas de toda índole.
Ortega y Gasset decía que "vivir es convivir" y la vida de un pueblo implica construir un "proyecto sugestivo de vida en común". Hoy por hoy en Panamá, la Constituyente es el camino participativo, democrático y pacífico para alcanzar una verdadera mejora del país y ese mínimo común denominador que nos permita la urgente reforma del Estado y la modernización y democratización de sus instituciones y actuaciones. De lo contrario, continuaremos sujetos a las actuaciones irracionales y caprichosas de las autoridades que se autocomplacen el abuso del poder y en la extralimitación de funciones, amparados en la impunidad del cargo.
La abstinencia no parece ser la solución dada la fuerza del instinto sexual, ni el método del ritmo pues, para decirlo así, hay quien lleva el ritmo, pero pierde el paso. Corresponde dar orientación y asistencia especialmente a las mujeres pobres, para que se cuiden de no tener demasiados hijos, pues ellos y sus madres son las principales víctimas de tales situaciones.
El Estado y los particulares, en vez de insistir en el paternalismo y compasión por los niños pobres que nacen sin las condiciones para su crianza y educación, deben ser realistas y hacer campañas y promover medidas que tiendan a prevenir y disminuir el problema de la natalidad excesiva. Que las personas ejerzan el sexo es lo normal, y lo deseable, siempre que se adopten medidas adecuadas para evitar un exceso de hijos que no están en condiciones de mantener.
Es de observar que mientras las clases de mayores recursos en países ricos limitan la natalidad a uno o dos hijos, las personas pobres, especialmente en el tercer mundo, tienen un mayor número de hijos, aumentando así la pobreza, la desnutrición y el desempleo.
El problema está presente en Panamá como en muchos otros países del tercer mundo.
* Director del Instituto Libertad, Nueva Delhi, India.
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