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¡A consumir se ha dicho!


Al parecer, cuando se acercan las fiestas de Navidad y Año Nuevo gran parte del pueblo panameño se le mete el espíritu del consumidor y no el de Navidad. Vemos gente de todas las clases sociales, niveles educativos, culturales y económicos que se lanzan a las calles en busca de lo que cada uno considera como "el regalo de Navidad".
Desde que empieza el mes de diciembre la gente como hormiga pulula por las calles en busca de lo útil y hasta de lo inútil para pasar bien las fiestas. Fiestas que proclaman el nacimiento de Jesús, la paz y la armonía en la humanidad, aunque eso cueste tranques, choques, empujones en la juguetería, groserías, discusiones mientras esperan por envolver el regalo y, claro, no podía faltar el juega vivo y todo en nombre de Jesús.
Recién el tema del momento era si para esta temporada el pueblo panameño va a comer jamón, pavo y para calmar las cosas, la respuesta tanto de las autoridades como de comerciantes fue "sí" habrá pavo y jamón a buen precio. Resulta difícil creer que en un país en donde se habla de que hay gente pasando hambre esta sea una de las preocupaciones que ocupó la atención. Como si fuera poco nos encontramos con otras necesidades no satisfechas para algunos como el carro nuevo, el juguete de lujo, la ropa para la fiesta para pasar la rumba, ¡ah! y el guaro que no puede faltar.
Entre nuestra gente de los barrios populares, caracterizados por el nivel de desempleo de sus habitantes, existe todo un rito para estas fiestas que van desde pintar el cuarto, cambiar el linóleo, arreglar o construir el altillo, y tener ropa nueva. Así vemos cómo niños trabajadores y también adultos se esfuerzan todos los días por una sola meta: sacar el par de zapatos, pantalón y camisa en uno de los tantos almacenes que ofrecen su mercancía.
Los anuncios nos bombardean a diestra y siniestra buscando de alguna manera hacernos caer en la tentación de comprar por comprar. No en vano para los comerciantes tanto creyentes como no creyentes este es el mes del desquite a tal punto de que para los economistas es el mejor termómetro para medir el movimiento económico del país.
La contaminación provocada por el consumo en todos sus sentidos nos hace presa a grandes y chicos, nadie escapa, todos de alguna manera caemos en sus garras, ya sea porque regalamos un presente a alguien especial o porque tenemos que regalar porque estamos poseídos por el espíritu de la Navidad.
Impávidos vemos cómo durante esta temporada en nuestra casa crecen pinos naturales o artificiales, cae nieve de espuma o algodón, la luz más cara del mundo se derrocha y anda por todos lados, un hombre gordo, blanco con ropa que no tiene nada que ver con el trópico, con renos, duendes, y otras figuras míticas, creadas por el sistema de consumo que envuelven a nuestros hijos.
Ante todo esto cabe preguntarnos: ¿Cómo puede ser posible que un regalo de Navidad para niños del campo es contaminarlos con figuras, tradiciones y objetos que no tienen nada que ver con su realidad? Acaso ¿perdemos de vista lo que puede pasar por su mente, o qué sucede con ellos después que termina la fantasía? Todas estas interrogantes nos conducen a explicaciones de lo que pasa con nuestras creencias y tradiciones y después nos preguntamos: ¿Qué pasa con los valores?
Es como si el mensaje de Navidad dijera que son más felices los que más reciben y los que más regalan. Nadie quiere quedarse sin recibir un regalo y todo para celebrar el nacimiento del hombre más pobre y humilde del mundo. Entonces el mensaje es claro; lo que anunció el ángel en Belén cuándo nació Jesús no fue ha nacido el salvador, si no que lo que dijo fue: "¡A consumir se ha dicho!".

101 años de Panamá América

 
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