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Contradicciones en nuestra política partidista


En estos tiempos en que en nuestro país se debate con intensidad crítica en todos los medios de comunicación social el palpitante problema político partidista, es conveniente reflexionar en cuanto a la postura que deberían asumir los posibles candidatos a elección popular en la próxima contienda electoral de 2004.
Los partidos políticos en general que profesan en sus estructuras organizativas establecidas en sus reglamentos y estatutos, principios y fundamentos teóricos de alto contenido social en los que descansan sus acciones y actividades, se quedan a la postre relegados a corta o media distancia de los fines y objetivos que persiguen. Las más de las veces por intereses que contradicen, en realidad, los postulados por los cuales han decidido luchar.
Los colectivos políticos existentes en Panamá dirigen su mirada, como es natural, a lograr como meta principal de su trabajo, alcanzar el poder político de la nación; pero en ese camino difícil por cierto, por los intereses creados de fuerzas internas y externas que se imponen en nuestra sociedad heterogénea, dejan de lado su trayectoria y plataforma tradicional organizativa y lo que es peor aún, se olvidan de la dinámica en que rezan sus principios ideológicos y en que descansan la razón fundamental de sus acciones, hacia el mejoramiento del bien común de las personas y de sus propios adherentes.
222Cuando uno observa el interés que muestran nuestros campesinos sencillos, honestos y humildes por la política, ello nos debe animar a mantener una conciencia colectiva orientada al logró de una pureza social...
Hoy está siendo tan común en nuestro medio cambiar de tolda o de partido. Esta actitud negativa, a todas luces, raya con la moral que debe imperar siempre en el campo político; y esto quizás se deba en parte a la débil cultura y madurez política que requiere estar formada a base de una capacitación rigurosa cada vez más creciente, necesaria y conveniente para la buena marcha e identidad de cualquier partido político en busca de la estabilidad del país.
Cuando uno observa el interés que muestran nuestros campesinos sencillos, honestos y humildes por la política, ello nos debe animar a mantener una conciencia colectiva orientada al logró de una pureza social basada en una gran dosis de moral política sustentada en valores, que no malogre a nuestros campesinos sus justas aspiraciones y necesidades sociales. Por eso, el Papa Juan Pablo II, hablando del político ideal recientemente, nos señala "que éste debe estar caracterizado por una perfecta integridad moral, por el compromiso firme contra la injusticia, luchando contra la calumnia, la arrogancia y la soberbia; y rechazando la compañía y el consejo de quien procede con engaño y mentira".
En el campo del proselitismo político nuestro, se ha venido observando con mucha pena y preocupación, que los partidos políticos débiles o pequeños, en su anhelo de mantener a toda costa su acariciada supervivencia, en su rejuego político partidista, participan aliándose a los colectivos grandes para no perder su vigencia, sin menosprecio de los fines y principios ideológicos por los que tradicionalmente desde su origen han mantenido en el ámbito nacional.
Dicha actitud es la que está creando la incredulidad en el ambiente político y en nuestra sociedad, por la falta de valores y de ética en los principios que dieron origen al partido.
En esa contienda electoral de 2004, de seguro que tenemos que participar todos los panameños buscando y exigiéndole a los candidatos en sus distintos niveles de postulación, la integridad moral conveniente y necesaria para así combatir las injusticias que requieren, sobre todo, los más pobres de Panamá, tal como lo afirma el Papa Juan Pablo II.

101 años de Panamá América

 
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