Copenhague, el clima de confrontaciones
Unos 110 jefes de Estado y de Gobierno se dan cita en la capital danesa en medio de un clima de fuertes confrontaciones. Los enfrentamientos de la cumbre que tiene lugar en Dinamarca, se han recalentado estos últimos días -tanto en las calles como en las mesas de negociaciones- y, en la recta final del encuentro, se oyen voces que advierten de un posible fracaso en esta gran cita climática.
La tarea encomendada por las Naciones Unidas no es poca cosa; deben poner la casa común (la Tierra) en orden. Para ello 192 naciones, no importa si son grandes o pequeñas, ricas o pobres, tendrán que sellar un acuerdo para proteger el planeta de los daños de gases de efecto invernadero, principal responsable del recalentamiento global. Pero los objetivos del consenso que anhela la ONU están lejos de cumplirse. Por otro lado, a los organizadores se les ha ido de la mano las reacciones y las manifestaciones de los cada vez más numerosos ambientalistas que presionan por un documento de obligatorio cumplimiento por igual para todos.
No obstante, Estados Unidos ya dijo que no lo hará. El enviado especial de Obama, Todd Stern, precisó que no firmarán el acuerdo de Kyoto “ni nada que se le parezca”. Así están de difíciles los reclamos de la cumbre, a la que asisten personajes tan disímiles como Amedinayad y Obama, cada uno enfrascado en su respectivo discurso.
Aunque la Tierra es una sola, las diferencias que muestran los líderes mundiales, especialistas y ONGs presentes son infinitas. La cumbre de Conpenhague es una muestra de la gran dificultad que enfrentamos las naciones pequeñas por las diferencias económicas y políticas que siempre nos han dividido en bloques de intereses, sujetos a las directrices de líderes de “aldeas” que sólo velan por sus intereses nacionales y no globales, olvidando los reclamos urgentes de la tierra, el agua y el aire que compartimos.