Crisis policial
Ante la crisis desatada a lo interno de la Policía Nacional (PN), por las declaraciones de valientes policías a los medios de comunicación social sobre los abusos y atropellos de la actual jefatura administrativa, no podía quedarme callada por ser ésta una realidad de la cual doy fe. Laboré durante 12 años en la PN y este problema de los abusos contra la tropa es de vieja data, sólo que con esta administración se ha agudizado, considerando que tristemente está dirigida por un director que sólo se reúne, coordina y escucha a un minúsculo grupo de asesores que sólo velan por sus propios intereses.
En el primer trimestre del 2006 me tocó aplicar una encuesta de opinión interna para conocer, principalmente, cómo se sentía la tropa con la atención que recibían de los profesionales de psicología y trabajadores sociales con que cuenta la PN, aplicándoles las pruebas en Chiriquí, Veraguas, Los Santos, Herrera y parte de la capital. Los resultados fueron lamentables, ya que, aproximadamente, el 80% de los entrevistados se sentía frustrado por la escaza atención que recibía del Departamento de Bienestar Laboral de la institución.
De esa consulta también fui testigo de muchas quejas, entre ellas, las condiciones deplorables de lo centros carcelarios, donde las unidades tienen que hacer sus necesidades a la intemperie; no hay agua, hay mala alimentación, transporte ineficiente, retraso en las rotaciones hacia otros cuarteles, castigos injustos, exceso de horas trabajadas, suspensión de vacaciones y de licencias de trabajo, pocos incentivos a las unidades que cumplen eficientemente con el servicio, etc. No se puede pasar por alto el incremento de casos de violencia intrafamiliar, que se han incrementado en los últimos cinco años, y que han traído luto y dolor a varias familias producto de un sistema administrativo autocrático, que impone su criterio mezquino por encima del bienestar de las unidades policiales. Es ese personal, la tropa, el que lleva la carga más pesada del trabajo policial, porque son sus unidades, ellos y ellas, con sus sacrificios diarios y vicisitudes los cimientos donde se apoyan la alta oficialidad, los mandos medios y la Dirección General.
Debo aclarar que Bienestar Laboral de la Policía lo conforman excelentes profesionales de la psicología, sociología, trabajadores sociales, médicos, enfermeros, administrativos y docentes parvularios. Pero, a pesar que las encuestas internas no les fueron favorables, no ha sido por el mal desempeño de la mayoría de ese personal, sino porque la actual administración no respeta las recomendaciones, ni los estudios que se hicieron sobre la violencia intrafamiliar que afecta a los policías. Tampoco se respetaron las encuestas de carne y hueso que se realizaron en el 2006 y que reflejaron el malestar de la tropa. A la fecha es muy poco lo que se ha avanzado y hoy nos encontramos ante una realidad, donde la tropa, a pesar que la Constitución le prohíbe manifestarse públicamente, ya no aguantó más abuso administrativo.
Mientras que las actuales autoridades no reconozcan las fallas a lo interno, mismas que han sido denunciadas ante la faz del país por los mismos policías, es poco lo que se puede hacer para mejorar las condiciones de trabajo de los uniformados. Esto, principalmente por la posición intransigente y del Director General, señor Mirones, que ha declarado públicamente que no hay crisis en la Policía Nacional.
Cierro con una reflexión para que quienes lo han leído saquen sus conclusiones, en cuanto a que si hay o no crisis en la Policía, ya que no hay peor ciego que el que no quiere ver: ¿Cómo se puede explicar la cantidad de funcionarios que hemos renunciado, y cuyo motivo no fue, precisamente, porque tuvimos “Una administración justa y que velara por el bienestar de sus colaboradores”. Dios proteja a los miembros de la Policía Nacional.