Crisis, recetas y centenario
La hora actual de Panamá, que se ha venido acumulando directamente a partir de la terminación bélica universal en 1945, es un hito de crisis que está removiendo toda la estructura social, política, económica y cultural de nuestro país.
Los medios de comunicación social se encargan cotidianamente de reflejar esta grave situación, sobre todo de sangre y alta delincuencia, según esos medios; el desplome de la economía nacional; el imperio de una degradación institucional mayúscula; el fango en que yace postrada la cultura nacional y otros fenómenos colectivamente negativos del mismo jaez catastrófico, que nadie niega; y muchas voces proclaman ese grado superlativo de disolución nacional a que hemos descendido.
Es casi normal también, que a más de las graves causas de alarma que alimentan esta coyuntura global, se produzcan las expresiones de opinión sobre las fórmulas y recetas que curarían o aminorarían los males prevalecientes. Algunos piden la reinstalación de valores morales. Otros recomiendan medidas económicas que refloten un margen indispensable de recuperación. Los de más allá quieren líderes salvadores, que dicen no tenemos, para que nos conduzcan a puertos de soluciones beneficiosas. Ahora mismo, la proximidad de las elecciones generales de 2004 lleva a que haya quienes cifren sus esperanzas renovadoras y solucionadoras en el resultado eleccionario que comienza a estar a la vuelta de la esquina. Este cúmulo abrumador de recetas es igualmente resultado de los condicionamientos anárquicos que son la sustancia actual que nos aprisiona sin perspectiva cierta. El año que avanza vertiginosa o pausadamente, según la temperatura de cada cual, hacia la efeméride del primer centenario de la República, está dando cauce a publicaciones de libros, a reediciones, a foros de exposición y debates, a celebraciones simplemente festivas, oficiales y extraoficiales, para mayor aturdimiento o alegría, conforme a la índole de cada quien y de sus propulsores.
Pocas personas toman en consideración que ninguna sociedad humana marcha al compás de la simple música individual que les pongamos a los horizontes sociales, sino de acuerdo con las realidades que nos circundan, atenazan; sosiegan o desazonan. La marcha social, el movimiento de la sociedad se produce, primordialmente, a consecuencia de las realidades generales que dominan en un determinado momento o escenario. No somos prisioneros absolutos e irremediables de tales circunstancia; pero mientras no se conformen grupos sociales que elaboren un proyecto, un programa nacional, nada nos salvará de los despeñaderos en que nos hemos hundido y en que seguiremos hundiéndonos. Ni las más inteligentes recetas individuales, y mucho menos las recetas carcomidas que casi siempre terminan por imponer situaciones como las que hoy prevalecen, sin esperanza alguna.
La receta electoral es simplemente mecánica, salvo que se la salpique de serios fraudes eleccionarios. El día señalado, buen porcentaje mayoritario de la masa de votantes concurre, las más de las veces espontáneamente, a votar, lo que satisface bastante al panameño común (insistimos en no usar la raya femenina o la designación de "género", porque no abrigamos pretensiones electorales).
La peor de las crisis es la que ni siquiera estimula al elemento pensante que la conoce a profundidad (o que debe conocerla), a fin de que se planteen sus ingredientes y se suministren rumbos para orientar soluciones. Vivir en la ataraxia paralizante es la más desdichada de las coyunturas que le puede sobrevenir a una sociedad, pero cuando ello ocurre es porque el cuerpo social resulta incapaz de generar cauces y fuerzas para su propia rectificación, y tal parece ser el limbo en que se encuentra atascado el pueblo panameño. Cuando hemos hablado de proyecto nacional, nos referimos a sus requisitos esenciales: un grupo o varios grupos que tengan la posibilidad intelectual de plantearlo; la decisión en el colectivo para concretarlo; el empuje social para que siquiera repercuta en el medio.
El centenario republicano, con su aleccionadora experiencia de todo lo sucedido en Panamá durante el siglo XX; con la etapa de crisis general que nos agobia; con la perspectiva centenaria de esfuerzos que podrían encausarse hacia el enfrentamiento, siquiera teórico, de los problemas nacionales, bien podría ser una oportunidad estimulante de propósitos serios, idóneos, de superación, que no se va a editar por segunda vez en poco tiempo. Lanzamos este S.O.S. de meditación, como quien actúa al estilo que anhelaba Nietzsche: "Di tu palabra y rómpete".
La visión del país por parte del gobierno es diametralmente opuesta: México no está en las condiciones problemáticas del resto de América Latina, indicaba el Presidente en un foro europeo. Igualmente, en su discurso en Davos, Suiza, el 24 de enero de 2003, señaló: "No es tiempo de abandonar nuestro compromiso con la apertura de la economía, la desregulación de los mercados, el mantenimiento de las finanzas sanas, la política monetaria responsable y la mayor participación del sector privado en la economía".
El secretario de Agricultura, reclamó a los campesinos recientemente (el 6 de enero) diciéndoles: "Cuántas veces más habremos de escuchar lamentaciones"; "los campesinos tendrían que reconvertirse en trabajadores de industria o en verdaderos empresarios, particularmente los productores pobres de maíz y de frijol". O las declaraciones del ex secretario de economía ante el Parlamento Centroamericano, hoy canciller de la República, el Sr. Derbez: "La desventaja agropecuaria de México frente a Estados Unidos es un mito roto", negando la existencia de crisis en el agro mexicano, indicando que se trata de minorías de campesinos los que se movilizan por todo el país.
Para el Presidente Fox, "el IMSS goza de cabal salud porque da cobertura a cerca de 57 millones de mexicanos, y porque ya es autónomo y cuenta con un régimen presupuestario propio que lo hace más ágil".
En otra de sus alocuciones, esta en Nayarit el 8 de febrero, señaló: "Pero que quede claro, el problema del campo no es el libre comercio, sino que es un problema humano, de dignificación, de salud, de educación; si logramos que todos los niños del campo puedan ir a la universidad, ya verán que ¡otro gallo les va a cantar!".
Como podrá colegirse, porcentajes de más o de menos y la "ensoñación" en la que viven las altas burocracias en la mayoría de nuestros países, se puede generalizar a todo el ámbito latinoamericano, revisemos nuestra propia circunstancia.
(1)La salida del atraso económico: un estudio histórico comparativo FCE/CIDE 1994.
Los medios de comunicación social se encargan cotidianamente de reflejar esta grave situación, sobre todo de sangre y alta delincuencia, según esos medios; el desplome de la economía nacional; el imperio de una degradación institucional mayúscula; el fango en que yace postrada la cultura nacional y otros fenómenos colectivamente negativos del mismo jaez catastrófico, que nadie niega; y muchas voces proclaman ese grado superlativo de disolución nacional a que hemos descendido.
Es casi normal también, que a más de las graves causas de alarma que alimentan esta coyuntura global, se produzcan las expresiones de opinión sobre las fórmulas y recetas que curarían o aminorarían los males prevalecientes. Algunos piden la reinstalación de valores morales. Otros recomiendan medidas económicas que refloten un margen indispensable de recuperación. Los de más allá quieren líderes salvadores, que dicen no tenemos, para que nos conduzcan a puertos de soluciones beneficiosas. Ahora mismo, la proximidad de las elecciones generales de 2004 lleva a que haya quienes cifren sus esperanzas renovadoras y solucionadoras en el resultado eleccionario que comienza a estar a la vuelta de la esquina. Este cúmulo abrumador de recetas es igualmente resultado de los condicionamientos anárquicos que son la sustancia actual que nos aprisiona sin perspectiva cierta. El año que avanza vertiginosa o pausadamente, según la temperatura de cada cual, hacia la efeméride del primer centenario de la República, está dando cauce a publicaciones de libros, a reediciones, a foros de exposición y debates, a celebraciones simplemente festivas, oficiales y extraoficiales, para mayor aturdimiento o alegría, conforme a la índole de cada quien y de sus propulsores.
Pocas personas toman en consideración que ninguna sociedad humana marcha al compás de la simple música individual que les pongamos a los horizontes sociales, sino de acuerdo con las realidades que nos circundan, atenazan; sosiegan o desazonan. La marcha social, el movimiento de la sociedad se produce, primordialmente, a consecuencia de las realidades generales que dominan en un determinado momento o escenario. No somos prisioneros absolutos e irremediables de tales circunstancia; pero mientras no se conformen grupos sociales que elaboren un proyecto, un programa nacional, nada nos salvará de los despeñaderos en que nos hemos hundido y en que seguiremos hundiéndonos. Ni las más inteligentes recetas individuales, y mucho menos las recetas carcomidas que casi siempre terminan por imponer situaciones como las que hoy prevalecen, sin esperanza alguna.
La receta electoral es simplemente mecánica, salvo que se la salpique de serios fraudes eleccionarios. El día señalado, buen porcentaje mayoritario de la masa de votantes concurre, las más de las veces espontáneamente, a votar, lo que satisface bastante al panameño común (insistimos en no usar la raya femenina o la designación de "género", porque no abrigamos pretensiones electorales).
La peor de las crisis es la que ni siquiera estimula al elemento pensante que la conoce a profundidad (o que debe conocerla), a fin de que se planteen sus ingredientes y se suministren rumbos para orientar soluciones. Vivir en la ataraxia paralizante es la más desdichada de las coyunturas que le puede sobrevenir a una sociedad, pero cuando ello ocurre es porque el cuerpo social resulta incapaz de generar cauces y fuerzas para su propia rectificación, y tal parece ser el limbo en que se encuentra atascado el pueblo panameño. Cuando hemos hablado de proyecto nacional, nos referimos a sus requisitos esenciales: un grupo o varios grupos que tengan la posibilidad intelectual de plantearlo; la decisión en el colectivo para concretarlo; el empuje social para que siquiera repercuta en el medio.
El centenario republicano, con su aleccionadora experiencia de todo lo sucedido en Panamá durante el siglo XX; con la etapa de crisis general que nos agobia; con la perspectiva centenaria de esfuerzos que podrían encausarse hacia el enfrentamiento, siquiera teórico, de los problemas nacionales, bien podría ser una oportunidad estimulante de propósitos serios, idóneos, de superación, que no se va a editar por segunda vez en poco tiempo. Lanzamos este S.O.S. de meditación, como quien actúa al estilo que anhelaba Nietzsche: "Di tu palabra y rómpete".
La visión del país por parte del gobierno es diametralmente opuesta: México no está en las condiciones problemáticas del resto de América Latina, indicaba el Presidente en un foro europeo. Igualmente, en su discurso en Davos, Suiza, el 24 de enero de 2003, señaló: "No es tiempo de abandonar nuestro compromiso con la apertura de la economía, la desregulación de los mercados, el mantenimiento de las finanzas sanas, la política monetaria responsable y la mayor participación del sector privado en la economía".
El secretario de Agricultura, reclamó a los campesinos recientemente (el 6 de enero) diciéndoles: "Cuántas veces más habremos de escuchar lamentaciones"; "los campesinos tendrían que reconvertirse en trabajadores de industria o en verdaderos empresarios, particularmente los productores pobres de maíz y de frijol". O las declaraciones del ex secretario de economía ante el Parlamento Centroamericano, hoy canciller de la República, el Sr. Derbez: "La desventaja agropecuaria de México frente a Estados Unidos es un mito roto", negando la existencia de crisis en el agro mexicano, indicando que se trata de minorías de campesinos los que se movilizan por todo el país.
Para el Presidente Fox, "el IMSS goza de cabal salud porque da cobertura a cerca de 57 millones de mexicanos, y porque ya es autónomo y cuenta con un régimen presupuestario propio que lo hace más ágil".
En otra de sus alocuciones, esta en Nayarit el 8 de febrero, señaló: "Pero que quede claro, el problema del campo no es el libre comercio, sino que es un problema humano, de dignificación, de salud, de educación; si logramos que todos los niños del campo puedan ir a la universidad, ya verán que ¡otro gallo les va a cantar!".
Como podrá colegirse, porcentajes de más o de menos y la "ensoñación" en la que viven las altas burocracias en la mayoría de nuestros países, se puede generalizar a todo el ámbito latinoamericano, revisemos nuestra propia circunstancia.
(1)La salida del atraso económico: un estudio histórico comparativo FCE/CIDE 1994.