Crisis urbana
Cuando hablamos de crisis urbana producto del crecimiento desordenado y explosivo de la urbe capitalina, debemos ver los peligros y reconocer las oportunidades. La zona metropolitana enfrenta problemas de vialidad y transporte, basura y contaminación, congestión, falta de espacios públicos y obsolescencia en los sistemas de servicio público.
El costo del petróleo está impactando desde la comida hasta el transporte, pasando por todos los bienes y servicios cuyos costos de producción se ven afectados por su vertiginoso aumento. Pero tenemos también un "boom" inmobiliario y un crecimiento económico que asegura una radical transformación de la capital y también de muchas ciudades y poblados del interior. La pregunta que corresponde es: ¿Cómo será la fisonomía y la funcionalidad de ese nuevo hábitat? Esta crisis puede ofrecer la oportunidad de reinventar la urbe panameña como ya lo están haciendo en China, los Emiratos Árabes y otras partes del mundo donde grandes influjos de capital obligan a expandir ciudades y hasta crear nuevas urbes en donde antes existían sólo parajes yermos.
La diferencia es que esas nuevas propuestas urbanas son conceptualizadas holísticamente, en donde se aprovecha la altura de los edificios para generar electricidad a través de corrientes de aire que se fuerzan a través de su estructura, o con paneles solares que producen energía no contaminante, en donde se colocan jardines en terrazas y azoteas que refrescan y recogen agua de lluvia para servicios que no requieren agua potabilizada; edificaciones cuya estructura utiliza eficientemente la luz natural y se aprovechan los sistemas de transferencia de calor para acondicionar el aire y calentar el agua, en donde se crean complejos habitacionales, comerciales y gubernamentales bajo un solo techo que invitan a caminar y únicamente se utilizan vehículos -eléctricos- para recorrer distancias largas. Si aprovechamos esta crisis para crear una nueva urbe más humana, amigable y eficiente, habremos aprovechado la oportunidad.