Crisis y Desempleo
Pese a que los economistas oficiales y oficiosos, tanto de la actual administración como de la anterior, unidos todos en el credo neoliberal, aseguraron que el país estaba blindado contra los efectos de la crisis global, lo cierto es que en el último año, de acuerdo a las más recientes cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censo, cerca de 17 mil panameños y panameñas adicionales están sufriendo los rigores del desempleo.
Lo notable en este caso es, sin embargo, que un alto funcionario del actual Gobierno vinculado con el área del empleo haya tratado de minimizar el problema afirmando que “el problema radica en que la población económicamente activa aumentó”. Esta declaración olvida que una economía sana debe tener la capacidad de absorber productivamente el crecimiento de la oferta de trabajo, mientras que una economía en crisis opera por debajo de su capacidad productiva, generando problemas de desempleo. Se trata de un asunto de Economía 100, que aparece en cualquier texto de Principios de Economía.
La naturaleza errónea de la posición del novel funcionario se hace más evidente si, a manera de ejemplo, se tiene en cuenta que, también de acuerdo a estadísticas oficiales, entre agosto del 2008 y agosto del presente año la empresa privada, debido a la situación de crisis existente, despidió cerca de 7,600 trabajadores, mientras que gracias a la inflación y a las dificultades que esta genera, los hogares dejaron cesantes a 6,350 trabajadores domésticos de las cuales 5,966 fueron mujeres. También se debe destacar que han sido aquellos sectores vinculados con el empleo precario e informal los que han mostrado un cierto crecimiento. Es así por ejemplo que el número de los llamados “trabajadores por cuenta propia” se elevó en el período en referencia en cerca del 6%, mientras que el de los “trabajadores familiares” lo hizo en un poco más del 3%, lo que contrasta con la caída del 1% en el número de trabajadores asalariados y la desaparición de 599 patronos (dueños). No sería difícil para nadie comprender que, en las circunstancias descritas, aparece claramente un incremento en lo que se conoce como desempleo disfrazado.
De todo esto surge una doble preocupación. En primer lugar, la formulación que aquí se discute, así como las de otros altos funcionarios del área de la economía del nuevo gobierno, muestran un nivel conceptual impreciso y defectuoso, el cual amenaza con mantener el análisis de los hechos económicos del país en una especie de Edad Obscura. En segundo lugar, si todo esto se debe a un desconocimiento de los principios de la Economía sin duda estamos frente a un serio problema, pero si, simplemente, se debe al interés de no dar a conocer y enfrentar los hechos vinculados a la crisis, estamos frente a un problema todavía más grave, tanto en su dimensión práctica como ética. Lo cierto es que la política económica sigue a la deriva sin una definición clara de una estrategia para enfrentar la crisis.