¡Cruceros a la vista!
Cerca de 700 ejecutivos claves de la organización de la temporada de cruceros por el Caribe, visitarán Panamá el próximo mes de octubre para asistir a la reunión de la FCCA (Florida Caribbean Cruise Association), presentándose así una extraordinaria oportunidad a nuestro país para vender a tan importante elemento del turismo internacional las atracciones y bondades de nuestra oferta como un lugar operaciones el importante centro turístico COLON 2000.
Conocemos que el IPAT ha venido realizando esfuerzos para lograr la imprescindible integración a nivel nacional que asegure no sólo el éxito de la reunión, sino que la misma permita volver a aumentar las bases para desarrollar una fructífera acción en este valioso ramo de turismo. Acerca de esta reunión nos proponemos escribir muy próximamente. Ahora consideramos oportuno recordar, aunque sea en rápidas visiones, como si fuera una película muda, con texto salpicado por breves comentarios, lo que ha sucedido en nuestra historia istmeña cuando nos han visitado los cruceros.
Para no perder el sentido del humor, recuerdo lo que escribimos una vez en broma en el IPAT, que la primera gira organizada de Cruceros en nuestras aguas del Pacífico la efectuó con todo éxito el audaz Vasco Núñez de Balboa, cuando "cruzo" por tierra sus desmanteladas naves, las volvió a ensamblar y turísticamente navegó con su tripulación, como pasajeros, por las aguas del océano que, aunque siempre había estado allí, él legítimamente descubrió para la posteridad. Luego pasaron casi cinco siglos antes de que volvieran los cruceros a transitar el istmo, lo que se hizo posible con la apertura de nuestro Canal. En la década de los "50 la empresa Kerkiby, que operaba el Hotel El Panamá, único hotel cinco estrellas en esa época en Panamá, con el respaldo del gobierno central, logró aunar esfuerzos con otros organismos turísticos del sector privado y durante la temporada de cruceros era una escena continua y alegre al ver a los grupos de turistas que participaban en giras organizadas. Almorzaban en los jardines del hotel y recorrían los almacenes y calles de nuestra ciudad. En la década de los 60 nació el IPAT. Los primeros gerentes del instituto recurrieron a la promoción y a las relaciones públicas directas con los navieros. Se asistió a las reuniones públicas directas con los navieros. Se asistió a las reuniones que ellos celebraban en el exterior. Se les ofreció incentivos, y se enviaba un funcionario del IPAT a Maiquetía en Venezuela para que viajara con los turistas hasta Panamá, exhibiendo abordo un documental turístico y distribuyendo material informativo. Se respaldaba así la venta de las giras por nuestro país. Se les prometió establecer servicios adecuados y se les interesó a que establecieran nuevas rutas, presentándoles las oferta turística como región, para visitar las ciudades históricas, como nosotros, en tierra firme. Así y con otros técnicos, se logró que los organizadores de los cruceros comprendieran que podían afrontar, con ganancias, el costo del desplazamiento desde el Caribe al continente.
Fueron tantos los esfuerzos con efectividad, que se logró instalar una tarima permanente a la entrada de la Calle Central, en la ciudad de Colón, para ofrecer allí presentaciones de conjuntos folklóricos. Y ya en ese entonces, Colón era un caos en cuanto a seguridad, pero la Policía Turística estaba muy adiestrada y se desplazaba muy discretamente, manteniento a los turistas en el área convenida, ya que regularmente se les comunicaba la hora de llegada de los cruceros y el planeamiento de las giras.
Toda esta acción técnica logró la ansiada afluencia de los Cruceros y esta a su vez, por falta de coordinación y respaldo a nivel nacional, creó el desorden. Los conductores de taxis boicoteaban a los autobuses turísticos y hasta la aduana participó para crear el desconcierto, instalando un retén donde los turistas tenían que presentar sus pasaportes para pasar la Zona del Canal a la ciudad. Se suspendieron casi en su totalidad los contactos personales para la promoción y las relaciones públicas. La situación política de Panamá, bajo gobiernos anti-democráticos proyecto una imagen de inseguridad en los medios internacionales y los cruceros fueron eliminando las escalas en nuestros puertos. Una ínfima minoría se arriesgó a ir a San Blas y unos pocos transitaron por las escuelas de Gatún, ejecutando en el lago el baile de la media vuelta para no llegar a tierra firme. Los panameños hemos tenido que limitarnos a lanzar donde los miradores de las esclusas un lánguido saludo a los turistas que transitan en Cruceros el Canal, mientras vemos cómo se nos escapan las divisas.
La historia enseña. Es absolutamente necesario mantener y supervisar los servicios turisticos que precisan los Cruceros. Es oportuno que nuestras autoridades estudien lo que significa esta faceta tan especializada del turismo. El sector privado del gremio debe recibir apoyo, responsabilizandose por respetar los acuerdos adquiridos con los operadores de los Cruceros supervisando los servicios que prestan. Y nuestro pueblo debe recibir por medio de una campaña muy de conciencia turística, muy bien planeada, la enseñanza de que el turista es nuestro huésped y un amigo que les puede aportar grandes beneficios. Hay que darle la voz de alerta para que todos cooperemos. ¡Los cruceros están a la vista!.
Conocemos que el IPAT ha venido realizando esfuerzos para lograr la imprescindible integración a nivel nacional que asegure no sólo el éxito de la reunión, sino que la misma permita volver a aumentar las bases para desarrollar una fructífera acción en este valioso ramo de turismo. Acerca de esta reunión nos proponemos escribir muy próximamente. Ahora consideramos oportuno recordar, aunque sea en rápidas visiones, como si fuera una película muda, con texto salpicado por breves comentarios, lo que ha sucedido en nuestra historia istmeña cuando nos han visitado los cruceros.
Para no perder el sentido del humor, recuerdo lo que escribimos una vez en broma en el IPAT, que la primera gira organizada de Cruceros en nuestras aguas del Pacífico la efectuó con todo éxito el audaz Vasco Núñez de Balboa, cuando "cruzo" por tierra sus desmanteladas naves, las volvió a ensamblar y turísticamente navegó con su tripulación, como pasajeros, por las aguas del océano que, aunque siempre había estado allí, él legítimamente descubrió para la posteridad. Luego pasaron casi cinco siglos antes de que volvieran los cruceros a transitar el istmo, lo que se hizo posible con la apertura de nuestro Canal. En la década de los "50 la empresa Kerkiby, que operaba el Hotel El Panamá, único hotel cinco estrellas en esa época en Panamá, con el respaldo del gobierno central, logró aunar esfuerzos con otros organismos turísticos del sector privado y durante la temporada de cruceros era una escena continua y alegre al ver a los grupos de turistas que participaban en giras organizadas. Almorzaban en los jardines del hotel y recorrían los almacenes y calles de nuestra ciudad. En la década de los 60 nació el IPAT. Los primeros gerentes del instituto recurrieron a la promoción y a las relaciones públicas directas con los navieros. Se asistió a las reuniones públicas directas con los navieros. Se asistió a las reuniones que ellos celebraban en el exterior. Se les ofreció incentivos, y se enviaba un funcionario del IPAT a Maiquetía en Venezuela para que viajara con los turistas hasta Panamá, exhibiendo abordo un documental turístico y distribuyendo material informativo. Se respaldaba así la venta de las giras por nuestro país. Se les prometió establecer servicios adecuados y se les interesó a que establecieran nuevas rutas, presentándoles las oferta turística como región, para visitar las ciudades históricas, como nosotros, en tierra firme. Así y con otros técnicos, se logró que los organizadores de los cruceros comprendieran que podían afrontar, con ganancias, el costo del desplazamiento desde el Caribe al continente.
Fueron tantos los esfuerzos con efectividad, que se logró instalar una tarima permanente a la entrada de la Calle Central, en la ciudad de Colón, para ofrecer allí presentaciones de conjuntos folklóricos. Y ya en ese entonces, Colón era un caos en cuanto a seguridad, pero la Policía Turística estaba muy adiestrada y se desplazaba muy discretamente, manteniento a los turistas en el área convenida, ya que regularmente se les comunicaba la hora de llegada de los cruceros y el planeamiento de las giras.
Toda esta acción técnica logró la ansiada afluencia de los Cruceros y esta a su vez, por falta de coordinación y respaldo a nivel nacional, creó el desorden. Los conductores de taxis boicoteaban a los autobuses turísticos y hasta la aduana participó para crear el desconcierto, instalando un retén donde los turistas tenían que presentar sus pasaportes para pasar la Zona del Canal a la ciudad. Se suspendieron casi en su totalidad los contactos personales para la promoción y las relaciones públicas. La situación política de Panamá, bajo gobiernos anti-democráticos proyecto una imagen de inseguridad en los medios internacionales y los cruceros fueron eliminando las escalas en nuestros puertos. Una ínfima minoría se arriesgó a ir a San Blas y unos pocos transitaron por las escuelas de Gatún, ejecutando en el lago el baile de la media vuelta para no llegar a tierra firme. Los panameños hemos tenido que limitarnos a lanzar donde los miradores de las esclusas un lánguido saludo a los turistas que transitan en Cruceros el Canal, mientras vemos cómo se nos escapan las divisas.
La historia enseña. Es absolutamente necesario mantener y supervisar los servicios turisticos que precisan los Cruceros. Es oportuno que nuestras autoridades estudien lo que significa esta faceta tan especializada del turismo. El sector privado del gremio debe recibir apoyo, responsabilizandose por respetar los acuerdos adquiridos con los operadores de los Cruceros supervisando los servicios que prestan. Y nuestro pueblo debe recibir por medio de una campaña muy de conciencia turística, muy bien planeada, la enseñanza de que el turista es nuestro huésped y un amigo que les puede aportar grandes beneficios. Hay que darle la voz de alerta para que todos cooperemos. ¡Los cruceros están a la vista!.