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¿Cuáles debates?


El 12 de abril de este año, ante la Conferencia Anual de Ejecutivos-CADE 2003-, me correspondió hacer algunos planteamientos en torno a la necesidad de la reforma judicial desde la perspectiva del Estado. En ese marco de ideas, sobre un tema que sigue siendo prioritario, planteaba la necesidad de que los gremios de la sociedad civil auspiciaran reales debates entre los candidatos a la Presidencia, y dije: “Lo importante es que se manifiesten ya que el que a nada se compromete hoy, nada se le puede exigir mañana. De allí la importancia de estos debates públicos sobre temas específicos, evitando, en lo posible, que los mismos se conviertan en monólogos con los distintos candidatos, so pretexto de excusas irresponsables, como pasó en 1999, que muchas veces tratan de esconder incompetencias evidentes, evitando así el deterioro de sus percepciones. La sociedad civil debe ser cautelosa en esto, a fin de evitar que sea utilizada, en cualquiera de sus componentes, como alcahuetes de incapaces”.
He escrito antes del tema. Personalmente participé en todos los pocos esfuerzos serios que se intentaron para organizar un real debate durante la campaña pasada. Ninguno se materializó, prevaleciendo similares condiciones y hasta, quizás, componendas. En lo que va de esta campaña, ningún debate se ha organizado. Los esquemas que se vienen dando se centran en pedir a los candidatos que asistan y hagan una presentación del tema en cuestión, evitándose que se puedan confrontar ideas. En algunos casos les envían “compromisos” que firman como parte del evento al final. Luego, los comentarios se centran en lo que leyeron y, quizás, mejor opinión genera quien mejor leyó. Pero, ¿qué hubo de fondo? ¿Es eso lo que se desea de los candidatos? ¿Deseamos buenos lectores y oradores como mandatarios de la Nación? ¿No estaremos confundiendo la presentación de los candidatos con los concursos que conocemos como juegos florales?
Considero que del real debate entre los candidatos, los electores se podrán nutrir no sólo de lo que cada uno tiene que aportar, sino del factor “capacidad” para plantear sus originales criterios y experiencias respecto a la gran responsabilidad con la que aspiran a ser distinguidos por el pueblo. La oratoria ayuda, pero no es lo único. En pocas palabras, permitir que los candidatos sean ellos mismos y se comprometan frente al electorado. Que se les permita mostrar su genuina intención. Además, si no se hacen reales debates, ¿cuándo los candidatos tendrán la oportunidad de intercambiar ideas entre ellos y tratar de hacer valer sus planteamientos y, por qué no, contestar sin intermediarios aquellas preguntas importantes que se les puedan hacer por parte de la audiencia o de los responsables del debate?
Creo que no hay voluntad para realizarlos. Prefiero no especular en las razones. Hace unos días conversé con el organizador de uno de estos encuentros. La razón que me dio para no hacer debates era que costaba mucho poner de acuerdo a los representantes de los candidatos en cuanto a las reglas del mismo. Puede ser cierto, pero no por ello se debe desistir de la idea. Aunque suene radical, el que no quiera ir a verdaderos debates, que no vaya y que su silla se vea vacía en señal de que no aceptó enfrentarse civilizadamente con sus adversarios. Uds. verán si con esta condición asisten o no.
Hace unos días asistí por invitación de Guillermo Endara, junto a distinguidos constitucionalistas del país, a una reunión con el Foro 2020. En lo personal fue de gran experiencia ya que conocí el avance que este grupo ha hecho sobre temas complejos e impostergables, sobre todo el tema de la reforma constitucional vía una Asamblea Constituyente, con la cual Guillermo Endara se comprometió a convocarla, con o sin quinta papeleta aprobada, sujeta a los términos y condiciones estudiadas en el Foro. Entiendo que salvo Ricardo Martinelli, los otros dos candidatos le han sacado el cuerpo al tema so pretexto de que lo verán más adelante. En esta reunión se generó un debate y se le permitió al candidato Endara, luego de escuchar los distintos planteamientos de las distintas mesas de trabajo, plantear sus argumentos y hasta disentir de algunas de las propuestas del Foro, en temas como lo relativo al control previo de la Contraloría, la segunda ronda electoral, el cambio de período fiscal del gobierno, entre otros, temas de gran impacto en la reforma del Estado que se propone adelantar. Fue espontáneo y amplio. Demostró que la experiencia acumulada en los años como político y como Presidente de la República no se adquiere por allí simplemente. Se comprometió en firme con la reforma del Estado como uno de sus más importantes compromisos, así como introducir reformas claras que acaben con los privilegios, inmunidades y le dé el real sentido de transparencia que debe tener toda administración de la cosa pública. Ha sido ésta una de las mejores reuniones a las que yo he asistido recientemente y en la que se adquirieron compromisos de verdad con el país, habida cuenta la representación nacional congregada en el Foro. Esto es lo beneficioso de estas presentaciones, que se puede ver la verdadera personalidad del candidato y su mensaje profundo, si lo tiene. En pocas palabras, decirle al país, ¡por qué y para qué quiere ser Presidente!
Si me dejan a mi interpretación las causas de la no convocatoria a un debate, creo, especulando quizás, que la verdadera razón es que se le ha aconsejado al candidato que por el momento marca de primero en las encuestas que si sin hablar nada está donde está, cuidado que si habla, cae en las preferencias. Es decir, pasar agachado. Si no es así, que me desmientan y acepten un real debate. Esta es una contienda ya polarizada. Hay demasiado en juego, como lo hubo en 1999 y hoy estamos pagando las consecuencias. ¿Estamos dispuestos a otra aventura similar?
Felicito al Foro 2020 por el gran trabajo realizado y por el avance de los temas que conjuntamente pueden conducir a la transformación del Estado panameño. Vamos avanzando.

101 años de Panamá América

 
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