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Cuando el conducir se convierte en una odisea


El preservar la vida del hombre, ha sido una de las metas de la humanidad a través de los tiempos. No obstante, en la actualidad vemos como hay vidas de seres inocentes que se pierden por acciones irresponsables de conductores de vehículos automotrices, tal como lo señalan las estadísticas diariamente. Pareciera que se ha perdido de perspectiva el valor y respeto por la vida propia y la de otros. Hay que concienciar sobre el hecho de que al estar frente a un volante operando un auto, tanto privado como de servicio público, tenemos en nuestras manos el destino de nuestra vida, la de quienes ocupan nuestro vehículo, de los que ocupan otros, y la de peatones comunes.
Debido a este hecho, tenemos que tomar previsiones para asegurarnos en cierta medida que a quienes se les otorga el privilegio de poseer una licencia para conducir, deben reunir ciertas características que indiquen que poseen adecuado equilibrio emocional y de la personalidad.
Es sabido que los rasgos de carácter sociopáticos son propios de sujetos que se resisten a la autoridad y se les dificulta el seguir reglas o normas socialmente establecidas. De allí, sujetos que hacen caso omiso a las señales o reglamentos de tránsito, que de respetarse, disminuirían en mucho las probabilidades de accidentes.
De igual manera, la baja tolerancia a la frustración y tendencias marcadas de impaciencia, junto al alto nivel de tensión y estrés al que diariamente nos vemos abocados, hace que se cometan acciones impulsivas y fuera de control, atentando contra la seguridad propia y la ajena.
No menos importante es la consideración de los problemas para relacionar distancia, velocidad y tiempo al rebasar o cambiar de carriles, así como el tiempo de reacción a las respuestas motoras reflejos y aprendidas que incidan en el manejo.
Sentimientos de inferioridad, también llevan a retar a la suerte y al destino para ver la superioridad del auto o medir coraje en actos realmente temerarios como son las regatas o excesos de velocidad, convirtiéndose en escenarios de muerte.
El congestionamiento vehicular que cada día se acentúa más en la ciudad por la insuficiencia de las vías para permitir la libre afluencia de un tráfico que se hace más denso, es otro factor que hace del manejar una odisea, junto al pobre o confuso sistema de señalización de calles, avenidas, ensanches y vía Panamericana en donde los carriles se convierten en una verdadera piscina cuando llueve y en Campana donde vemos con frecuencia camiones volcados. ¿Responsabilidad de quién?.
Ya no se diferencia realmente en Panamá horas picos para el congestionamiento vehicular, acentuándose la dificultad para permitir una afluencia del tránsito continua, libre de los ya intolerables tranques, los cuales se hacen sentir con mayor magnitud al estar la población sujeta a los mismos horarios de trabajo, lo que dificulta la cortesía en el manejo.
Se requiere desplazarse a las áreas del interior para probar y demostrar una verdadera pericia y habilidad en el manejo, al conducir por un ensanche donde la señalización está ausente o es deficiente y basta con manejar bajo la inclemencia de un aguacero por el ensanche del puente a Arraiján para probar suerte al tener que adivinar por donde van los carriles, lo cual se hace más temerario en horas de la noche, así como al evadir el muro que divide las dos vías.
Se hace imperioso también un programa de concienciación y educación vial, pues parece desconocerse el uso debido de los carriles de tránsito lento y de rebasar, lo que en muchas ocasiones lleva a conductores impacientes e impulsivos a cometer infracciones.
Es necesario también el imponer sanciones ejemplares a conductores irresponsables que se detecten con efectos de sustancias químicas, así como el suspender la licencia temporal o definitivamente a quienes reinciden en las infracciones cometidas o no porten la licencia correspondiente.
No podemos dejar de señalar también la necesidad de educar a los peatones sobre el uso de los puentes elevados, pues es alto el índice de muertes que se ha estado registrando por atropellos.
Si bien es cierto que los corredores Norte y Sur pudieran haberse convertido en vías de desahogo vehicular, es sabido que éstos no están cumpliendo a cabalidad esta función al convertirse en prohibitivos para muchos por el alto costo de su cuota que representa una verdadera erogación y lujo para muchos usuarios.
No podemos dejar de señalar también los actos corruptos de algunos agentes del tránsito lo que refuerza en gran medida las conductas irresponsables al manejar.
Consideramos que es responsabilidad de todos denunciar sin reservas estos actos y a aquellos conductores de vehículos públicos o privados que en su manejo den signos de irresponsabilidad, convirtiéndose en una amenaza real a la conservación de la vida, el legado más preciado que posee el ser humano sobre la tierra y que actualmente lloran por ella tantos hogares panameños.

101 años de Panamá América

 
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