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Cuidado con inflar tanto el globo


Nos agarró el Milenio viviendo en la bella, pero complicada ciudad de Roma. Todavía, durante el año 2000, logramos cambiar los ya cansados dólares americanos por liras a una rata favorable que nos permitía cubrir los gastos de una vida diplomática decente.

Pero la dicha no duró tanto, llegó el Euro triunfalista y con éste el nuevo cambio lira / euro que fueron mermando mis entradas mensuales en dólares. Por ejemplo, sólo la relación en el pago de la renta de nuestro apartamento aumentó en 30%; o sea, B/. 1,250.00 más, y así sucesivamente los servicios públicos (agua, gas, energía, basura, etc.).

El costo de vida subió de una forma desproporcionada al cambio oficial de la novel moneda. Todos aprovecharon el canje para hacer una escalada no justificada en sus precios, las cosas más sencillas, tales como una libra de papas que costaba entonces 1,500 liras quedó a un euro, o sea, el equivalente a 2,000 liras o una entrada al cine de 3,000 liras a dos euros ó 4,000 liras.

Fue tan fuerte el golpe en los bolsillos de los italianos que presencié varias trifulcas violentas en los almacenes y supermercados, pues los clientes se negaban a aceptar pagar sus compras a los nuevos precios en euros, obligando a los comerciantes a utilizar el cambio bancario del día.

En Panamá está sucediendo algo similar, los precios de los bienes y servicios se están incrementando desproporcionalmente a los aumentos reales en los costos de los insumos y mano de obra.

Aprovechando la demanda, producto de una bonanza y la excusa de los altos costos del petróleo se ha iniciado una escalada de precios a todos los niveles que marca un récord histórico de inflación del orden de 6% para el 2007, y pronostico que será mayor para el 2008. Dos ejemplos representativos: El pasado viernes paré como de costumbre en quesos Chela y cuando fui a comprar mi habitual bolsita de pastelitos del tío Yeyo, mis B/. 0.50 no fueron suficientes, ahora cuestan B/. 0.75, un mero 50% de incremento.

Ya en el Valle de Antón fui a alquilar el usual caballo para mi hija de 8 años y al pagar los correspondientes B/. 5.00 por hora, me sorprendieron con el nuevo precio de B/. 8.00, un insólito 60% de aumento y eso que los animales no consumen petróleo.

Este fenómeno se va repitiendo en espiral en todo el país y de continuar así no habrá aumento de sueldos que compense semejante escalada general. Cada eslabón en la cadena va ajustando hacia arriba hasta que llega a las grandes mayorías, el consumidor final, que lastimosamente no tiene a quién pasar dicho incremento (solo con otro aumento).

Quién le va a poner el cascabel a ese gato, no lo sé; lo que sí puedo vaticinar es que como sigamos inflando sin control ese globo explotará y entonces no habrá nada para nadie.

101 años de Panamá América

 
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