Darién
Cuando escribo este artículo son las 6:00 p.m. del jueves 13 y me encuentro en Bahía Piñas donde acabo de llegar de una gira de dos días, que culmino mañana, por esta provincia la cual, entre misticismos y realidades, es lo que es, una zona del país alejada y pobre, sometida a su suerte y a los riesgos de la vecindad.
Me acompañan el Viceministro Garuz, el Comisionado Abrego, Director del Servicio de Fronteras, la Sub-Directora de Aeronáutica Civil, Licda. Sofía Cohen, personal asesor y por supuesto, mucha seguridad. La idea de esta gira es compenetrarnos con la realidad del área y profesar con el ejemplo algo que dije el primer día: soy hombre de equipo y soy parte del mismo, conviviendo y aprendiendo con los estamentos de seguridad y el trabajo que realizan en defensa de nuestras vidas, haciendas y nuestro territorio nacional. En las cuatro localidades visitadas hoy, compruebo las amenazas reales de la zona y la evidente interacción con lo irregular, por llamarlo de alguna manera menos fuerte.
La idea que tenía de buscar los mecanismos para que la mano del Estado tenga presencia en esta zona, es una realidad. El trabajo del Servicio Nacional de Fronteras hay que elogiarlo. No solo por el deber que cumplen en medio de notorias necesidades que esperamos ir superando con los años, sino la misión que llevan de compenetrarse con las comunidades en una labor social de atención y socorro a los residentes de sus circunscripciones. Son el eje del pueblo y así se les reconoce. Unidos a las autoridades locales, donde las hay, tratan de mitigar las ausencias de todo y en un gesto que reconozco, de sus alimentos llevan a cabo una labor social de alimentar niños de cada pueblo todos los días. Contrario a lo que se pueda pensar, están organizados y con poco hacen mucho.
Se siente la tensa calma. Inevitable voltear la cara al real problema. Nuestro país y Colombia debemos continuar uniendo esfuerzos y voluntades para contrarrestar un problema que por desborde, es bilateral. El narcotráfico, las armas y la insurgencia surgen aquí y caminan por la región impactando ya a nuestras ciudades más cercanas, pegándonos los tiros cerca, como he dicho. Llevo una agenda de temas para abordar con otras autoridades que tienen dentro de sus funciones las posibles soluciones a estos problemas. Debemos ir haciendo a estas comunidades menos dependientes de la vida de lo ilícito, en aquellas zonas en donde la diversidad de actividades también escasea.
Sigo mañana. Participaré en El Real de un Consejo Provincial. Es una gran caja de resonancia y nos permite escuchar a las comunidades para acercarles las soluciones. La experiencia ha sido positiva y haré lo mismo por todo el país. Hay muchos Darién cerca de nosotros.