De guerrilleros a bandoleros
El acelerado proceso de desmoronamiento de las FARC puede parecer un buen presagio para la pacificación de Colombia, sin embargo también encierra nuevos peligros. Cuando un grupo armado -por más degenerado que esté- colapsa sin un acuerdo político de desmovilización y reinserción, lo usual es que sus células armadas hagan metástasis en el cuerpo social y pasen de frentes guerrilleros a grupos de bandoleros.
Eso se da porque al perderse la estructura central de mando, los grupos armados continúan por su cuenta sin las restricciones que les pudiera aplicar el mando unificado. Además de falta de control, ese grupo se encuentra en un limbo jurídico en donde la entrega de las armas no le representa una seguridad de reinserción, sino de arresto y penalización. Así la tendencia natural será la de convertirse en bandoleros que realizan ataques y saqueos como modus vivendi.
Para Panamá eso es grave, pues en nuestras fronteras operan frentes guerrilleros de las FARC que ya hicieron una incursión armada a nuestro territorio recientemente. Es de esperarse que, ante el colapso de la estructura central de las FARC, el Frente 57 siga el curso antes señalado y que sin restricciones programáticas sumadas a la presión del Ejército colombiano, muevan más operaciones hacia Panamá en donde esperan hallar menor resistencia.
Si bien es cierto Panamá debe jugar un papel de mediación y neutralidad activa en los conflictos, no lo es menos que hay que prepararse para escenarios incontrolables. El conflicto colombiano produce, por su dinámica, un proceso de desplazamiento de refugiados civiles que le huirán también a la violencia de los últimos estertores del movimiento terrorista. Por todo ello, deberemos atender una posible crisis humanitaria en la frontera y debe activarse la previsión constitucional para establecer un Servicio de Guarda Fronteras con estructura y dotación necesarias para enfrentar este nuevo tipo de amenaza.