De la Cinta Costera a la Ciudad Marina
A mediados de los ´70, el hoy desaparecido empresario panameño, Rafael Cohen Henríquez, en compañía de un multimillonario de Curazao, pariente suyo, de apellido Matalón, presentaron al General Omar Torrijos un ambicioso diseño denominado "Ciudad Marina". Proponían asumir el costo de un relleno parcial de la Bahía de Panamá, a partir del actual Atlapa, en forma de arco, hasta la avenida de Los Poetas, el puente de Las Américas y la Calzada de Amador. En la visión artística, a colores, aparecía un inmenso lago encerrado por el relleno y la actual franja costera de la ciudad que incluye a la avenida Balboa, la que a su vez aparecía ensanchada varios centenares de metros con áreas de playas públicas, de arena blanca, inspiradas en las de Río de Janeiro.
Henríquez y Matalón proponían, también por su cuenta, sanear por completo la bahía, empezando por extender los tubos de desagüe que actualmente desembocan al pie del muro de la avenida Balboa, y llevarlos hacia aguas profundas, kilómetros más allá, al pie del relleno que tendría sus límites precisamente al borde del talud que marcaba el inicio del abismo oceánico, ideal para construir uno o más puertos de aguas profundas, uno de los cuales aparece en el dibujo. Bajo esa concepción, los grandes cruceros podrían atracar al pie del relleno, en "tierra firme" y no como ahora, lejos de la costa, debido a la escasa profundidad de las aguas.
¿Gratis? Sí, salvo que el Estado tenía que dar en concesión a los inversionistas de la "Ciudad Marina" los terrenos ganados al mar y ellos se encargarían de venderlos y explotarlos, incluyendo al menos un gran puerto de aguas profundas, tal cual se hizo dos décadas después con el Corredor Sur. ¿Qué dijo Torrijos? Armó una de sus oraciones pintorescas: "Este es uno de esos proyectos tras los cuales le hacen a uno una estatua o lo cuelgan de un palo". Quizás por eso, no le dio impulso.
Comparado con la Ciudad Marina, el actual proyecto de la "Cinta Costera", por más meritorio que nos parezca, luce liliputiense. Quizás ha llegado el momento que los mismos inversionistas que lo proponen, sumen más ambición y audacia, y rescaten el proyecto y visión de Henríquez y Matalón. Si les sirve de estímulo, la Ciudad Marina, o algún proyecto semejante, se va a tener que hacer y se hará tarde o temprano, porque la capital no tiene para dónde más crecer y requiere más áreas para puertos.