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De la tercera edad, jubilados (as) pensionados (as) y sus derechos


Hoy retomamos la pluma para continuar nuestras colaboraciones con El Panamá América, que tan generosamente acoge todas, o casi todas, las corrientes de opiniones que se generan en la vida cotidiana de los panameños (as). Después de la pausa tomada y superada las situaciones particulares que incidieron en esta ausencia temporal e involuntaria, pido excusas y agradezco infinitamente, a quienes me solicitan constantemente que vuela a escribir, pues aprecio en su justa dimensión la deferencia que mostraron con ello. ¡Gracias por su estímulo!.
Capeado el temporal, me reintegro a ese "diálogo" con los lectores (as) para ofrecerles algunas de las apreciaciones sobre determinadas circunstancias sociales que promueven inquietud y malestar en el entorno en que nos desenvolvemos.
Empezaremos con una promesa hecha a una ciudadana de la tercera edad, relativa al merecimiento que tienen los jubilados/as y pensionados/as de la Caja de Seguro Social de un aumento sustancial de las escuálidas pensiones que en su mayoría devengan estas generaciones de coterráneos. Creo, sin temor a equivocarme, que así es estimado por un número significativo de personas. No obstante, hecha las investigaciones del caso y tomando en consideración el aumento significativo del desempleo en el país, ergo la baja en las cotizaciones, debemos admitir que más allá del aumento suministrado recientemente, le es imposible a la Caja de Seguro Social aumentar la cifra concedida sin arriesgar el futuro de las prestaciones sociales de los asegurados (as), incluida la tercera edad.
Ahora bien, lo anterior no implica que hasta allí lleguen las reivindicaciones que se deben honrar. Existe la necesidad de atender otros problemas que aquejan a este grupo generacional, que señala con repetida frecuencia la carencia y el agotamiento de los medicamentos (hay cierto tipo de receta que frecuentemente se les marca: "pendiente de entrega") de reactivos y cupos de atención. Esto, aunque ha mejorado, reclama un esfuerzo más tesonero de los mandos medios e intermedios que contribuyen a la labor administrativa de la institución, pero que si no están conscientes de ello, tiran por la borda la tarea titánica que tiene la máxima dirección, así como el reto de la no privatización, de la más solidaria de las organizaciones de la salud de la República.
Lo anterior, desde luego, requiere mayor reflexión, pero implicaría, paralelamente, un entrenamiento para el cambio de actitudes y la motivación laboral, que contribuya a un desempeño ético, exitoso y adecuado, que derive en mayor realización para los (as) funcionarios (as) y en mayor satisfacción para los (as) asegurados (as) incluidos (as) pensionados (as) y jubilados (as).
En otra tesitura, la ley que otorga beneficios a la tercera edad, pensionados y jubilados (recientemente reformada) ha tenido una divulgación y orientación insuficiente, por lo que no ha logrado socializarse como para que los "adultos mayores" reciban a cabalidad los beneficios que les brinda.
En muchos establecimientos de alimentos, medicamentos y recreación, se niegan a dispensar los descuentos a aquellos que no presentan el "carnet" de jubilados (as) o pensionados (as), al margen de que cuenten con la edad (tal como lo especifica la ley) y la cédula de identidad; porque interpretan, a su libre entender, que sólo los y las que cotizan, tienen los derechos que confiere la norma legal; como si el espíritu del legislador (a) no se hubiese sustentado en el hecho de que sin cotizar o cotizando, con su aporte a la riqueza social, las generaciones que nos precedieron, sentaron las bases para el avance que hoy tenemos como sociedad, gracias al trabajo asalariado o no y las cuotas que les descontaron y canalizaron, o no. Por favor, que los organismos competentes se encarguen de orientar a los comerciantes y demás sobre el particular, pero que no envíen a los afectados a dirimir el problema en una corregiduría, el Estado tiene formas más cualificadas de efectuarlo.
El Prof. Jované, con muy buena intención se propone sanear la administración del Seguro; pero si debajo de él sobreviven en cargos gerenciales, personas que por "ingenuidad", desidia, negligencia o quién sabe qué otras motivaciones, han descuidado la supervisión de recursos económicos dirigidos a esta población, al punto que denotaron dolosas pérdidas, flaco favor recibe su proyecto de salvar la Caja de Seguro Social y de brindar mejores prestaciones a los de la tercera edad.
Otro aspecto que nos permitimos sugerir como beneficios indirectos, es la rehabilitación física, social y cultural de las Casas de III Edad, cuyos objetivos y propósitos se quedaron no sólo rezagados, sino a nuestro humilde entender, desvirtuados. Esperamos que las mismas se constituyan en centros que verdaderamente potencialicen las capacidades, destrezas y habilidades de una población cuya experiencia y producción permitirá ofrecer al desarrollo social un cúmulo de saberes y conocimientos que enriquecerían la matriz de las relaciones sociales y culturales de nuestro medio.

101 años de Panamá América

 
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