De taxistas, maleantes y “taxeros”
"Taxeros", se les llamaba despectivamente por los años 70, por el pésimo servicio que brindaban. Protestaron como gremio y, tras un tiempo de campaña, en la que tomaron el calificativo como un insulto, lograron ganar -según ellos- algo de dignidad y respeto por su oficio, exigiendo que se les llamara "taxistas". Pero la verdad es que no lo merecían. Cuestión de terminología, se diría, o de mal llamada semántica. No hay tal, porque hoy, como siempre, hay de todo dentro del servicio de transporte selectivo, taxistas, maleantes y "taxeros". No obstante, en los últimos años, lo que más abunda son los "taxeros" y maleantes.
El servicio que prestan los taxis, por cuenta del nefasto sistema de adjudicación de cupos, suele ser ahora refugio de la peor de lacra social y laboral de nuestro medio, ante la indiferencia de las autoridades que poco o nada hacen para sanear y depurar un negociado donde impera la anarquía.
No es sólo él abuso de los precios, sino también el manejo desordenado y temerario que distinguen a los "taxeros" o maleantes. Ambos conducen vehículos asquerosos y en mal estado, y se presentan con pésima apariencia personal, en chancletas, camisetas, etc. Ninguno responde por los accidentes que causan y, en cambio, exigen a golpes que se les pague. Y ambos practican el deporte del "no voy".
Los taxistas, a diferencia de los "taxeros" y maleantes, respetan un poco más las tarifas y las señales del tránsito, y tratan mejor al pasajero. Los demás, en cambio, cobran lo que les viene en gana y suelen ser tan tontos que tratan mal a quienes les paga el sustento. Y los maleantes, que son muchos, suelen estar involucrados en todos los robos, asaltos, asesinatos, secuestros y violaciones, a ciencia y paciencia de la dirigencia del sector y de las autoridades.