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De vuelta a la moral


Durante las últimas décadas el mundo creció vertiginosamente, especialmente halado por la gran locomotora norteamericana. En los raudos ‘80 y ‘90 la avaricia adquirió estatus de virtud. El tener más, desplazó a ser mejor, como epítome del éxito y, por consiguiente. los planteamientos morales se veían como anacronismos propios de entes retardatarios. Había que soltar los frenos para que las naves del desarrollo pudieran despegar, había que eliminar los controles que asfixiaban la creatividad, había que desmontar los pesados aparatos estatales que impedían el avance socioeconómico.

Fueron dos décadas de acelerado crecimiento con uno que otro bache rápidamente superado, a mayor libertad mayor progreso, a mayor libertad mayor felicidad; pero se olvidó un elemento muy importante para evitar que la flamante nave del desarrollo se estrellara contra los arrecifes de la avaricia, la estafa y el fraude: Faltó comprender que a mayor libertad, mayor responsabilidad. Y es que la libertad sin responsabilidad termina siempre en tragedia.

Es por haber desechado las brújulas morales que siempre han guiado a las personas y naciones triunfadoras, que el mundo se encuentra encallado en los arrecifes del desastre económico. Es por no haber comprendido que por más libertad que tengamos, hay cosas que no se hacen y palabras que no se dicen, tan sólo porque es lo correcto. Es por no entender que libertad no es igual a anarquía y que lucro no es igual a éxito, tan sólo porque la persona es mucho más que su cuenta de banco.

No es trayendo de vuelta el socialismo, ni reinventando el liberalismo que haremos que el mundo funcione; es rescatando los valores y viviendo una vida ética que podremos prosperar en libertad.

101 años de Panamá América

 
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