Debate electoral presidencial
Ante este segundo debate electoral que se transmitirá por TV mañana, considero oportuno exponer particularidades inherentes al tema y basado en mi curso de marketing político, realizado en una Universidad de Brasilia.
El debate es una confrontación, un desafío. Y tiene mucho que ver con el teatro. El hecho de ser esencialmente un desafío influye, en grado sumo, sobre los nervios, ya tensos, de un candidato presidencial. Desconocer también su naturaleza teatral puede llevarlo a cometer errores elementales, porque lo que le queda en la cabeza al espectador (y potencial elector) es, muchas veces, un simple detalle, una frase, una respuesta clara y feliz, una actitud o un gesto.
El debate electoral es, además, el espacio de la campaña donde el poder económico tiene menos influencia, ya que es en él donde todos los candidatos están más próximos de la igualdad, y es, sin duda, el momento más temido por todos los candidatos (aunque no lo admitan). El ambiente cerrado y silencioso de un estudio de televisión les causa asombro y los intimida porque no encuentran en él la efervescencia de la plaza pública. Mirar para una cámara y hablar con ella, de modo natural, exige entrenamiento. En los mítines, se grita; empero en la TV, no hay lugar para gritos. Pero, muchos políticos parecen olvidarse de esto.
Todos los candidatos deben ir a un debate electoral televisado. Me enseñaron que la no asistencia es una falta de respeto con los ciudadanos y una cobardía que puede costar caro y tornarse peligrosa, ya que puede suscitar dudas sobre la capacidad, equilibrio y competencia de quien adopta esta alternativa.
El candidato presidencial desconocido está obligado a ir a todos los debates. El que, según las encuestas, ocupa el segundo lugar, también. El que va líder, igualmente, está compelido a asistir. Pero, él debe analizar la situación por otros ángulos y aspectos. Ir a un debate puede significar un riesgo. Sin embargo, no comparecer puede representar un riesgo aún mayor.
Cualquier candidato de mediana inteligencia y bien preparado, tendrá siempre todas las probabilidades a su favor para tener un buen desempeño en un debate. Mas, deberá conocer bien las reglas establecidas. Desconocerlas significará, simplemente, comenzar el juego perdiendo.
Para el candidato no puede haber sorpresas. Él tiene que saber su hora de preguntar, su hora de responder y el tiempo que dispone para hacer una cosa y la otra.
A manera de ilustración, veamos la estructura de un debate presidencial televisado en Brasil:
A.Es dirigido por un mediador (generalmente un ilustre periodista)
B. Se divide en bloques (entre uno y otro, 2 minutos para comerciales)
b.1- Primer bloque, una pregunta inicial, igual para todos los candidatos, por ejemplo: ¿Por qué quiere ser Presidente de la República y cuál será su primer Decreto?)
b.2- Segundo bloque, los candidatos se interrogan entre ellos. Y funciona así: el candidato que interroga tiene 30 segundos para hacer su pregunta y otros 60 para la réplica (para comentar la respuesta de su adversario). El candidato interrogado tiene 90 segundos para responder y otros 60 para refutar la réplica, encerrando el asunto).
b.3- Tercer bloque, un grupo de preclaros periodistas, proclives a cada uno de las candidaturas interviene en el debate (haciendo preguntas a los candidatos).
b.4- Cuarto bloque, los candidatos vuelven a indagarse entre sí.
b.5- Quinto bloque, el discurso final, de 2 a 3 minutos, de cada uno de los candidatos, de tema libre y sin ninguna interrupción. Recomiendo que tal discurso, en su totalidad, repose en la memoria del candidato antes de él dirigirse a la televisora.
El debate es el único momento en toda la campaña donde el candidato es él mismo. Es también el más solitario, pues no puede pedirle ayuda a nadie. Sólo la manera de ser, el carisma, la sinceridad, la preparación y la capacidad de la comunicación de cada uno de los candidatos tendrá peso en el resultado final.
El debate es una confrontación, un desafío. Y tiene mucho que ver con el teatro. El hecho de ser esencialmente un desafío influye, en grado sumo, sobre los nervios, ya tensos, de un candidato presidencial. Desconocer también su naturaleza teatral puede llevarlo a cometer errores elementales, porque lo que le queda en la cabeza al espectador (y potencial elector) es, muchas veces, un simple detalle, una frase, una respuesta clara y feliz, una actitud o un gesto.
El debate electoral es, además, el espacio de la campaña donde el poder económico tiene menos influencia, ya que es en él donde todos los candidatos están más próximos de la igualdad, y es, sin duda, el momento más temido por todos los candidatos (aunque no lo admitan). El ambiente cerrado y silencioso de un estudio de televisión les causa asombro y los intimida porque no encuentran en él la efervescencia de la plaza pública. Mirar para una cámara y hablar con ella, de modo natural, exige entrenamiento. En los mítines, se grita; empero en la TV, no hay lugar para gritos. Pero, muchos políticos parecen olvidarse de esto.
Todos los candidatos deben ir a un debate electoral televisado. Me enseñaron que la no asistencia es una falta de respeto con los ciudadanos y una cobardía que puede costar caro y tornarse peligrosa, ya que puede suscitar dudas sobre la capacidad, equilibrio y competencia de quien adopta esta alternativa.
El candidato presidencial desconocido está obligado a ir a todos los debates. El que, según las encuestas, ocupa el segundo lugar, también. El que va líder, igualmente, está compelido a asistir. Pero, él debe analizar la situación por otros ángulos y aspectos. Ir a un debate puede significar un riesgo. Sin embargo, no comparecer puede representar un riesgo aún mayor.
Cualquier candidato de mediana inteligencia y bien preparado, tendrá siempre todas las probabilidades a su favor para tener un buen desempeño en un debate. Mas, deberá conocer bien las reglas establecidas. Desconocerlas significará, simplemente, comenzar el juego perdiendo.
Para el candidato no puede haber sorpresas. Él tiene que saber su hora de preguntar, su hora de responder y el tiempo que dispone para hacer una cosa y la otra.
A manera de ilustración, veamos la estructura de un debate presidencial televisado en Brasil:
A.Es dirigido por un mediador (generalmente un ilustre periodista)
B. Se divide en bloques (entre uno y otro, 2 minutos para comerciales)
b.1- Primer bloque, una pregunta inicial, igual para todos los candidatos, por ejemplo: ¿Por qué quiere ser Presidente de la República y cuál será su primer Decreto?)
b.2- Segundo bloque, los candidatos se interrogan entre ellos. Y funciona así: el candidato que interroga tiene 30 segundos para hacer su pregunta y otros 60 para la réplica (para comentar la respuesta de su adversario). El candidato interrogado tiene 90 segundos para responder y otros 60 para refutar la réplica, encerrando el asunto).
b.3- Tercer bloque, un grupo de preclaros periodistas, proclives a cada uno de las candidaturas interviene en el debate (haciendo preguntas a los candidatos).
b.4- Cuarto bloque, los candidatos vuelven a indagarse entre sí.
b.5- Quinto bloque, el discurso final, de 2 a 3 minutos, de cada uno de los candidatos, de tema libre y sin ninguna interrupción. Recomiendo que tal discurso, en su totalidad, repose en la memoria del candidato antes de él dirigirse a la televisora.
El debate es el único momento en toda la campaña donde el candidato es él mismo. Es también el más solitario, pues no puede pedirle ayuda a nadie. Sólo la manera de ser, el carisma, la sinceridad, la preparación y la capacidad de la comunicación de cada uno de los candidatos tendrá peso en el resultado final.