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Del viaje al diálogo


Aunque no la compartamos hemos de admitir que es comprensible que quienes han abogado por la ausencia de la presidenta Mireya Moscoso en los actos de celebración de la "Semana Panameña" en Washington, juzguen en la ausencia de su homólogo norteamericano al evento.
No puede ocultarse que la presencia o ausencia del mandatario norteamericano en un acto tan gravitante en las relaciones diplomáticas de ambos países, tenía el efecto de un test para medir la línea de la Casa Blanca sobre Panamá, respecto a un joven gobierno de signo contrario al precedente, que apenas supera los 30 días.
Pesaron en su momento razones comprensibles de reciprocidad y hasta de cortesía, que excede a las posiciones personales o políticas meramente coyunturales, y que remiten necesariamente a la dignidad de un pequeño país que está a un paso de consolidar su independencia, mediatizada desde su nacimiento precisamente por su relación históricamente estrecha, pero desigual, con la nación sede del evento.
Panamá se halla por ello empeñada en que Estados Unidos admita, expresa y tácitamente cada vez que haya ocasión, que no puede substraerse al compromiso histórico que contrajo desde que inició hasta que concluyó y administró el Canal. Ello tiene sustento en una larga historia de incomprensiones y altibajos, primero, y de entendimiento y cooperación, después, que llegará a su clímax el próximo 3l de diciembre.
Se trata también de una historia cimentada en el cumplimiento puntual de tratados, que fueron articulando jurídicamente el retiro norteamericano de territorio panameño y la progresiva transferencia técnica y administrativa del Canal, que no debería perder nivel por rivalidades coyunturales de la política interna norteamericana. Y de eso se trata.
Pero del otro lado, estamos quienes favorecemos una política exterior más pragmática y realista, como la que procura auspiciar el actual canciller Alemán, sobre la base de que el asumir el control del Canal no nos hace necesariamente más grandes, ni menos pobres; por lo que nuestro nuevo papel como administradores exclusivos de la vía, ha de ser visto como un incremento de responsabilidades, que nos da a la vez oportunidad de ser mejor oídos, pero que no nos convierte repentinamente en "tigre asiático" latinoamericano, ni en potencia regional alguna, papeles que no nos corresponden.
De allí que opinemos que la presencia de los vicepresidentes, ministros y otros altos funcionarios panameños en el encuentro organizado en Washington por el Consejo Empresarial de Estados Unidos - Panamá (USPA), si bien testimonia que Panamá acepta la renovación anual del diálogo privado con amplio sentido de amistad y entendimiento, merecía, en el caso de un gobierno que apenas inicia, su pleno aprovechamiento con la participación de nuestra presidenta, para neutralizar en parte la negativa imagen que en los últimos años ha menoscabado internacionalmente al país.
Afortunadamente, hay una segunda oportunidad para cumplir con ambos propósitos, reiterar en los términos nacionalistas la dignidad soberana del país y a la vez cimentar las bases de una nueva y futura estrecha relación con Estados Unidos, en la invitación que para el próximo 19 de octubre ha cursado a la presidenta Moscoso el mandatario norteamericano. A ambos eventos hay que sacar pleno provecho, reiterando la vocación de Panamá como nación democrática y pluralista, abierta al diálogo con el mundo como su vocación ecuménica de puente del universo, pero dejando sentado que la primera mujer que llega a la jefatura del Estado conserva al mismo tiempo inalterada la defensa de la dignidad soberana de su país.


101 años de Panamá América

 
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