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Delitos, foros y discursos vanos


La alarmante proliferación de delitos que, además, nos permitimos pronosticar que seguirán aumentando, no es problema que puede resolverse con opiniones de distinguidos profesionales del derecho, psicólogos, sociólogos ni moralistas que a diario comparecen en programas de televisión. Se enfrascan en discutir, con la mayor buena fe, si conviene o no aumentar las penas a los menores delincuentes para llegar a la conclusión de que tanto a mayores como menores de ellos hay que "resocializarlos."

Aunque la palabra resocialización no existe aún en diccionarios, entendemos que con ello se desea expresar que a los que delinquen debe sometérseles a un régimen purificador de su conducta para reinsertarlos luego a la sociedad ya reformados sin que constituyan amenaza para ella. Compartimos la idea, pero mientras no exista la construcción del reformatorio necesario, un estimado de su costo, así como el equipo y el personal para su adecuado funcionamiento, aumentemos las penas sin vacilación, puesto que mientras más tiempo se mantenga a los delincuentes fuera de la sociedad, menos peligro corre ella, ya que, por lo general, la mayoría de ellos son reincidentes.

Vayamos también estableciendo la pena a cadena perpetua sobre los que cometen crímenes atroces. Es hora que se instituya una comisión entre técnicos del gobierno y otros, escogidos por organizaciones respetables y confiables para planificar un programa de educación contra la delincuencia y reforma del delincuente. Ahorremos exposiciones y discursos, y démosle manos a la obra. Eso es lo que le urge a una comunidad desesperada.

“La corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos".

(Simón Bolívar)

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