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Demagogia, hipocresía política e intromisión presidencial


Dentro de mi ingenuidad pensaba que las fiestas de diciembre suavizarían los embates de la campaña presidencial. Por lo visto, una vez más estoy equivocado. Comencemos desde la curumbita. Veo con mucha desconfianza y desaprobación que la Presidenta de la República esté entremetiéndose exageradamente en los eventos políticos diarios que no dejan de ser rutinarios. Por ejemplo, no veo por qué ella tiene que estar diciéndole a Cuchungo que él no es arnulfista, que fue expulsado de este partido. Eso lo debería hacer el presidente encargado del partido y no la primera mandataria. Esto lo digo, además, porque lo que predomina hoy día es el mireyismo. Adicionalmente, para muchos ya no existe el armulfismo. ¿O sí? Sólo hay que ver a los personajes influyentes que rodean a la presidenta, los más notorios son canguros mireyistas que antes eran liberales. Uno de ellos es reconocido como un gran oportunista.
El pugilato Weeden-Pérez está siendo utilizado, sepa moya por quién, para hacer proselitismo subliminalmente. Especulemos: Weeden para hacerle daño al PRD y Pérez para ayudar al PRD. Sin embargo, los planteamientos de Weeden en su entrevista con Luz María Noli parecen ser sólidos y no es fácil acusar al contralor de hacer aparecer los expedientes en tiempos que se interpretan, con razón o sin ella, como de conveniencia política. A la par, nadie puede negar que el procurador actuó como una liebre cuando llevó el recurso de hábeas corpus del vacuno a la Corte Suprema a la velocidad del rayo.
El magistrado Pereira, también supersónicamente aceptó este recurso y ordenó la descautelación de los bienes de Pérez. Como el magistrado Pereira afirmó que a él no lo manda nadie, su acción vertiginosa, con un "cocotudo", como asevera Weeden, sería muy distinta si se tratase de un ciudadano humilde. Y debo confesar que a la mente me viene la percepción de que a lo mejor aquello del código de silencio es valedero. Ahora se trata bien a Pérez para que se haga igual con Mireya posteriormente. Advierto, no estoy prejuzgando el caso de Pérez y Cía. no limitada. Pero, ¡cuán fuertes son las percepciones!
El bochinche de la guerra sucia contra Endara se está prologando innecesariamente. Ya Sammy Lewis aceptó que hizo las declaraciones que aparecieron en un aviso pagado. ¡So what! Todos los políticos del sistema han hecho lo mismo, han sido unos verdaderos canguros. No estoy justificando nada, sólo puntualizo lo que todo el mundo observa y sabe.
Se cantaletea lo de la guerra sucia contra Endara. ¡So what! Opino que deben dejar que se tiren las piedras y luego decidir si las contestan o las ignoran. Sí quiero ser específico, soy uno de los que asume que de una u otra forma se la quieren velar a Ana Mae. Sus razones tendrán o no. Lo cierto es que Ana Mae ya ha cumplido unos 13 años más desde que fue primera dama, tiene que haber aprendido algo, y se está portando a la altura para desasosiego de sus detractores.
Están sucediendo paralelamente muchas cosas que requieren ser enfocadas: El camino antiecológico Boquete-Volcán, los nombramientos obviamente políticos en distintos entes, notoriamente en la Autoridad del Canal de Panamá. Se ve la mano larga de la presidenta que ha probado con creces que hace y hará lo que le da la gana con el mayor desprecio e irrespeto hacia la opinión pública.
Por otra parte, me parece de la patada que Martincito vaya a Colón con un supuesto arranque de un rebuscado TEAM-Martín y haga demagogia por de más evidente hacia los jóvenes cuando en su reciente perorata en la Arena de Colón afirmó: "Aquí está la prueba, Colón tiene virtudes, muchas virtudes, y una de ellas es su juventud; ustedes jóvenes merecen la oportunidad para que demostremos que podemos". Este mensaje subliminal es demagógico, más cuando se incluye a sí mismo porque es joven cuando usa la primera persona del plural: demostremos, podemos.
Esto me recuerda la campaña de 1994 que se obtuvieron muchos votos con una propuesta de bongó, clave, güiro y guitarra. Todos sabemos, inclusive los jóvenes, lo que pasó después. Se comprobó que todo era caca de toro.

101 años de Panamá América

 
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