Democracia antiliberal
Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE
"El auge de la democracia antiliberal" es el título de un estupendo artículo de Fareed Zakaria, subdirector de Foreign Affairs, publicado en el número noviembre/diciembre de esa revista.
Tradicionalmente, la democracia se identificaba con el liberalismo constitucional, es decir con ciertas instituciones fundamentales tales como la igualdad ante la ley, la separación de los poderes, respeto a los derechos básicos de libertad religiosa, de prensa, de expresión y a la propiedad privada. Pero lo que hoy prevalece en América Latina y gran parte del mundo es una definición mucho más reducida de la democracia: elecciones libres.
Nos sentimos optimistas porque 118 de las 193 naciones del mundo, donde vive 55% de la población del planeta, son hoy consideradas democracias. Pero esas democracias incluyen a Rusia, al Perú y la Argentina, donde sus presidentes le pasan por encima al parlamento, gobernando por decreto. Zakaria menciona que el presidente Carlos Menen ha promulgado casi 300 decretos presidenciales, número tres veces superior al de todos sus predecesores juntos, desde la constitución de 1853.
Samuel Huntington, en "La tercera ola", escribe: "las elecciones, libres y justas son la esencia de la democracia. Los gobiernos resultantes de esas elecciones pueden ser ineficientes, corrompidos, miopes, irresponsables, dominados por intereses especiales e incapaces de adoptar las políticas necesarias para el bien común".
El liberalismo constitucional, por su parte, no tiene que ver con la manera de seleccionar a los gobernantes sino con los objetivos del buen gobierno. El liberalismo constitucional mantiene que el ciudadano goza de ciertos derechos naturales y que los gobiernos tienen que aceptar una constitución que limita su poder y le garantiza a la gente sus derechos individuales.
Zakaria argumenta que el liberalismo constitucional nos ha conducido hacia la democracia, pero que la democracia por sí sola no conduce necesariamente hacia el liberalismo constitucional. Por ejemplo, con excepción de Cuba, en todos los países latinoamericanos han habido elecciones, pero el académico Larry Diamond mantiene que en 10 de las 22 principales naciones de América Latina el nivel de respeto a los derechos humanos es incompatible con la consolidación de una democracia liberal. Y Zakaria nos pregunta: ¿Preferiría usted vivir, en una democracia no liberal como Haití o en una semidemocracia liberal como Antigua? La diferencia, desde luego, es que Antigua ex colonia británica goza de un sistema legal honesto, justo y uniforme, fundamentado en los derechos del individuo.
En los últimos tiempos, gobiernos elegidos democráticamente como el de Rafael Caldera en Venezuela han usurpado la libertad de decisión de la sociedad civil, concentrando en una presidencia absolutista todas las decisiones importantes de la nación, lo cual ha tenido como resultado el dramático empobrecimiento del pueblo venezolano.
Zakaria indica que este tipo de usurpación es más común en América Latina y en las naciones que pertenecían a la Unión Soviética. Allí se producen líderes poderosos que creen actuar en nombre del pueblo aunque hayan sido elegidos por una minoría, como fue el caso de Salvador Allende, quien llegó a La Moneda con el apoyo de apenas 36% de los chilenos. Estos presidentes conforman sus gabinetes con compadres y gente que siempre les dirán que "sí" a todo. Lo mismo suelen hacer con las directivas del Banco Central, cuya independencia puede estar plasmada en la ley, pero de hecho no opera.
Por el contrario, parte del Exito económico de Estados Unidos se debe a la autonomía de la Reserva Federal y su presidente, Alan Greenspan, cuando recientemente le preguntaron la causa del auge capitalista, contestó: "El mecanismo guía del libre mercado es una Declaración de Derechos ciudadanos, cuyo cumplimiento está garantizado por un sistema judicial imparcial".
Zakaria termina diciendo que si un país tiene elecciones, Washington y el resto del mundo toleraría casi cualquier cosa que suceda posteriormente. En una era de imágenes y símbolos, las elecciones son reportadas en la televisión. Pero ¿cómo se filma la seguridad jurídica?
"El auge de la democracia antiliberal" es el título de un estupendo artículo de Fareed Zakaria, subdirector de Foreign Affairs, publicado en el número noviembre/diciembre de esa revista.
Tradicionalmente, la democracia se identificaba con el liberalismo constitucional, es decir con ciertas instituciones fundamentales tales como la igualdad ante la ley, la separación de los poderes, respeto a los derechos básicos de libertad religiosa, de prensa, de expresión y a la propiedad privada. Pero lo que hoy prevalece en América Latina y gran parte del mundo es una definición mucho más reducida de la democracia: elecciones libres.
Nos sentimos optimistas porque 118 de las 193 naciones del mundo, donde vive 55% de la población del planeta, son hoy consideradas democracias. Pero esas democracias incluyen a Rusia, al Perú y la Argentina, donde sus presidentes le pasan por encima al parlamento, gobernando por decreto. Zakaria menciona que el presidente Carlos Menen ha promulgado casi 300 decretos presidenciales, número tres veces superior al de todos sus predecesores juntos, desde la constitución de 1853.
Samuel Huntington, en "La tercera ola", escribe: "las elecciones, libres y justas son la esencia de la democracia. Los gobiernos resultantes de esas elecciones pueden ser ineficientes, corrompidos, miopes, irresponsables, dominados por intereses especiales e incapaces de adoptar las políticas necesarias para el bien común".
El liberalismo constitucional, por su parte, no tiene que ver con la manera de seleccionar a los gobernantes sino con los objetivos del buen gobierno. El liberalismo constitucional mantiene que el ciudadano goza de ciertos derechos naturales y que los gobiernos tienen que aceptar una constitución que limita su poder y le garantiza a la gente sus derechos individuales.
Zakaria argumenta que el liberalismo constitucional nos ha conducido hacia la democracia, pero que la democracia por sí sola no conduce necesariamente hacia el liberalismo constitucional. Por ejemplo, con excepción de Cuba, en todos los países latinoamericanos han habido elecciones, pero el académico Larry Diamond mantiene que en 10 de las 22 principales naciones de América Latina el nivel de respeto a los derechos humanos es incompatible con la consolidación de una democracia liberal. Y Zakaria nos pregunta: ¿Preferiría usted vivir, en una democracia no liberal como Haití o en una semidemocracia liberal como Antigua? La diferencia, desde luego, es que Antigua ex colonia británica goza de un sistema legal honesto, justo y uniforme, fundamentado en los derechos del individuo.
En los últimos tiempos, gobiernos elegidos democráticamente como el de Rafael Caldera en Venezuela han usurpado la libertad de decisión de la sociedad civil, concentrando en una presidencia absolutista todas las decisiones importantes de la nación, lo cual ha tenido como resultado el dramático empobrecimiento del pueblo venezolano.
Zakaria indica que este tipo de usurpación es más común en América Latina y en las naciones que pertenecían a la Unión Soviética. Allí se producen líderes poderosos que creen actuar en nombre del pueblo aunque hayan sido elegidos por una minoría, como fue el caso de Salvador Allende, quien llegó a La Moneda con el apoyo de apenas 36% de los chilenos. Estos presidentes conforman sus gabinetes con compadres y gente que siempre les dirán que "sí" a todo. Lo mismo suelen hacer con las directivas del Banco Central, cuya independencia puede estar plasmada en la ley, pero de hecho no opera.
Por el contrario, parte del Exito económico de Estados Unidos se debe a la autonomía de la Reserva Federal y su presidente, Alan Greenspan, cuando recientemente le preguntaron la causa del auge capitalista, contestó: "El mecanismo guía del libre mercado es una Declaración de Derechos ciudadanos, cuyo cumplimiento está garantizado por un sistema judicial imparcial".
Zakaria termina diciendo que si un país tiene elecciones, Washington y el resto del mundo toleraría casi cualquier cosa que suceda posteriormente. En una era de imágenes y símbolos, las elecciones son reportadas en la televisión. Pero ¿cómo se filma la seguridad jurídica?