Democracia insostenible
La reciente Cumbre Iberoamericana de presidentes y jefes de Estado, tuvo como tema "La Niñez y la Adolescencia", sobre lo cual hay mucho que hacer, antes que hablar. El escenario sirvió para replantear el concepto de democracia en América, en la vocería de sus gobernantes. Realmente escuchamos argumentos conmovedores sobre las virtudes y los calamitosos defectos de la democracia, si su ejercicio favorece sólo a la elite gobernante, como ocurre en la mayoría de nuestros países. La democracia realmente representa una forma de ejercicio del poder público, haciéndolo emanar del sufragio.
En la práctica se desvanecen los propósitos de las elecciones y de las escogencias de gobernantes. Dejamos limitada la esencia de la democracia, al derecho de emitir un voto sin perturbación alguna. Realmente no radica allí su verdadera naturaleza. No es que eligiendo libremente, quien triunfe se convierte por ese solo hecho en auténtico demócrata. Cuando interpretamos etimológicamente el concepto, nos referimos al gobierno del pueblo. Para mí la escogencia es apenas la etapa inicial en la consolidación de la democracia. Esta se logra en la medida que ese gobernante escogido atienda con voluntad, prioridad y decisión inquebrantable, las necesidades de los gobernados, seleccionando las más urgentes y afincando el esfuerzo para su solución. Es por eso, que siendo frágil la democracia en nuestros países, los riesgos la hacen cada vez más insostenible.
El experimento cubano, por ejemplo, se ha prolongado más allá de lo necesario, y ante el sufrimiento de ese pueblo, aún se fustiga acremente a quienes no comparten el estilo de gobierno. El caso chileno es el otro extremo, también sometido al escrutinio internacional, con resultados de involucramiento de varios gobiernos en la toma de decisiones sobre la adjudicación de responsabilidades políticas, penales, históricas, etc. Al sur de Río Grande, empezando por la dictadura del PRI en México; una Guatemala sangrienta y ávida de paz; Honduras, que lucha por evitar la hegemonía castrense, por la experiencia vivida; El Salvador con apenas los pasos iniciales en su retorno a la vida pacífica; Panamá, que aún no termina de liberarse de las ataduras dictatoriales con una Constitución hecha a la medida; Colombia sumergida cien años después de la Guerra de los Mil Días en otra espiral sangrienta; Venezuela protestando por el desalojo de los saqueadores del erario público, Ecuador aún sin definir el concepto y con serios signos de inseguridad política, Perú sometido y saliendo parcialmente de una dictadura castrense con testaferro civil; Argentina reclamando condena para los torturadores militares de los años sesenta y ochenta; Bolivia tratando de no sumar más golpes de Estado; Paraguay con sus amenazas de distorsión del sistema político, al igual que Uruguay; un Brasil que supera los escollos políticos, pero no resuelve los problemas sociales; Costa Rica hundiéndose en la desigualdad social, pese a la propaganda en sentido contrario; República Dominicana añorando caudillos para resolver. En fin, países con gobiernos cuya calidad democrática queda por ser reconocida.
Como colofón de todo este triste panorama, en Estados Unidos se han dado cuenta que su esquema democrático tiene mayores debilidades que las usuales en nuestras repúblicas bananeras, como las denominan. Coincido con el presidente Hugo Chávez, quien sugiere una redefinición del vocablo, dándole contenido material en soluciones prácticas. La retórica no alimenta, no cura, no educa, no ofrece albergue, sólo sirve para prolongar esperanzas. Los datos estadísticos ofrecidos en la sesión inaugural por Fidel Castro, llaman a la reflexión y a la acción. Por eso apoyamos también la ponencia de nuestra presidenta Mireya Moscoso, sobre la revisión del sistema económico, para oxigenar la atención de los problemas sociales, ya que la deuda pública asfixia toda posibilidad de destinar recursos a tales fines.
El sombrío horizonte que se observa luego de concluida la Cumbre, demanda la reunificación de criterios sobre políticas comunes, viables, sostenible y con resultados evidentes. La Declaración de Panamá debe ser materializada a corto plazo, para que en la próxima reunión con Su Majestad y con el Jefe de Gobierno de Portugal, se comente la experiencia lograda, los beneficios visibles, los cambios alcanzados, en vez de escuchar propuestas para análisis. El pueblo panameño y su gobierno demostraron conjuntamente que sí podemos hacer las cosas bien, y que ante la realidad descrita en otras zonas, seguimos siendo el mejor país de América.
En la práctica se desvanecen los propósitos de las elecciones y de las escogencias de gobernantes. Dejamos limitada la esencia de la democracia, al derecho de emitir un voto sin perturbación alguna. Realmente no radica allí su verdadera naturaleza. No es que eligiendo libremente, quien triunfe se convierte por ese solo hecho en auténtico demócrata. Cuando interpretamos etimológicamente el concepto, nos referimos al gobierno del pueblo. Para mí la escogencia es apenas la etapa inicial en la consolidación de la democracia. Esta se logra en la medida que ese gobernante escogido atienda con voluntad, prioridad y decisión inquebrantable, las necesidades de los gobernados, seleccionando las más urgentes y afincando el esfuerzo para su solución. Es por eso, que siendo frágil la democracia en nuestros países, los riesgos la hacen cada vez más insostenible.
El experimento cubano, por ejemplo, se ha prolongado más allá de lo necesario, y ante el sufrimiento de ese pueblo, aún se fustiga acremente a quienes no comparten el estilo de gobierno. El caso chileno es el otro extremo, también sometido al escrutinio internacional, con resultados de involucramiento de varios gobiernos en la toma de decisiones sobre la adjudicación de responsabilidades políticas, penales, históricas, etc. Al sur de Río Grande, empezando por la dictadura del PRI en México; una Guatemala sangrienta y ávida de paz; Honduras, que lucha por evitar la hegemonía castrense, por la experiencia vivida; El Salvador con apenas los pasos iniciales en su retorno a la vida pacífica; Panamá, que aún no termina de liberarse de las ataduras dictatoriales con una Constitución hecha a la medida; Colombia sumergida cien años después de la Guerra de los Mil Días en otra espiral sangrienta; Venezuela protestando por el desalojo de los saqueadores del erario público, Ecuador aún sin definir el concepto y con serios signos de inseguridad política, Perú sometido y saliendo parcialmente de una dictadura castrense con testaferro civil; Argentina reclamando condena para los torturadores militares de los años sesenta y ochenta; Bolivia tratando de no sumar más golpes de Estado; Paraguay con sus amenazas de distorsión del sistema político, al igual que Uruguay; un Brasil que supera los escollos políticos, pero no resuelve los problemas sociales; Costa Rica hundiéndose en la desigualdad social, pese a la propaganda en sentido contrario; República Dominicana añorando caudillos para resolver. En fin, países con gobiernos cuya calidad democrática queda por ser reconocida.
Como colofón de todo este triste panorama, en Estados Unidos se han dado cuenta que su esquema democrático tiene mayores debilidades que las usuales en nuestras repúblicas bananeras, como las denominan. Coincido con el presidente Hugo Chávez, quien sugiere una redefinición del vocablo, dándole contenido material en soluciones prácticas. La retórica no alimenta, no cura, no educa, no ofrece albergue, sólo sirve para prolongar esperanzas. Los datos estadísticos ofrecidos en la sesión inaugural por Fidel Castro, llaman a la reflexión y a la acción. Por eso apoyamos también la ponencia de nuestra presidenta Mireya Moscoso, sobre la revisión del sistema económico, para oxigenar la atención de los problemas sociales, ya que la deuda pública asfixia toda posibilidad de destinar recursos a tales fines.
El sombrío horizonte que se observa luego de concluida la Cumbre, demanda la reunificación de criterios sobre políticas comunes, viables, sostenible y con resultados evidentes. La Declaración de Panamá debe ser materializada a corto plazo, para que en la próxima reunión con Su Majestad y con el Jefe de Gobierno de Portugal, se comente la experiencia lograda, los beneficios visibles, los cambios alcanzados, en vez de escuchar propuestas para análisis. El pueblo panameño y su gobierno demostraron conjuntamente que sí podemos hacer las cosas bien, y que ante la realidad descrita en otras zonas, seguimos siendo el mejor país de América.