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Democracia y capacidad


En las últimas semanas he leído algunos artículos de opinión encaminados a plantear la idea de que lo más importante para decidirse por quien votar en 1999, debe ser buscar el candidato que garantice la continuidad y estabilidad democrática. No cabe duda de que ese factor es fundamental, habida cuenta del trastocamiento institucional que puede producir una eventual reelección, por ejemplo. Pero la búsqueda de esa característica en el candidato presidencial no es suficiente si no se complementa con la capacidad manifiesta para realizar una buena gestión de gobierno, de manera integral y coherente. No obstante el sentido común o la lealtad hacia los principios democráticos como atributos únicos para dirigir a nuestro país.
Las vertiginosas transformaciones del mundo a partir de 1989 ha motivado el estudio y la promoción de los que se ha denominado "el desarrollo sostenible de los pueblos en un marco de gobernabilidad democrática" El concepto "gobernabilidad" es quizás uno de los temas que más tiempo y dedicación ha conllevado para encontrar la importacia no sólo de su vital razón de ser, sino del mecanismo para hacerlo viable atendiendo a las particularidades democráticas en Europa del Este, dista mucho, por ejemplo, de las realidades centroamericanas para afianzar la democracia luego de alcanzada la paz en la región, por citar casos de magnitudes muy distintas. Sin embargo, para el pueblo, en mucho casos, la gobernabilidad se percibe como la capacidad del gobierno para dar respuesta a sus problemas, lo cual, obviamente, es una parte de este todo aún en proceso de defición.
El PNUD es una de las instituciones que ha dedicado más tiempo y recursos al estudio del tema de la gobernabilidad. Profundos documentos se han producido luego de amplios intercambios de ideas entre políticos, intelectuales, empresarios, obreros, en fin, lo que hoy se llama sociedad civil. El presidente de Uruguay, Dr. Julio María Sanguinetti, por su parte, ha sido creador del "Círculo de Montevideo", para, como dice su declaración constitutiva, "ir abriendo los nuevos caminos de América Latina", sustentando en "un gran esfuerzo intelectual y un gran impulso político para alumbrar los nuevos caminos que han de conducirnos a la consolidación de las democracias la creación de mercados competitivos y abiertos, la construcción de sociedades equitativas y cohesionadas y al reconocimiento de América Latina como un actor relevante de la nueva gobernabilidad global". Este pensar profundo, ha puesto en práctica grandes programas que sirven hoy de modelo en la solución de graves problemas integrales en países amigos o a procurar entendimientos políticos trascendentales para fomentar el diálogo, alcanzar la paz o encontrar consensos fundamentales para resolver problemas de Estado. En Panamá, un ejemplo claro y positivo de gobernabilidad fue el Encuentro Panamá 2000, por ejemplo, sobre los temas del Canal y Areas Revertidas. Sin embargo, el no haber hecho ese mismo ejercicio respecto del tema de las bases militares, está a punto de conducirnos al más grande y monumental fracaso de nuestra política exterior: el CMA.
¿A qué viene todo lo anterior? Simplemente a que la elección de 1999 no se puede circunscribir a elegir a alguien que no vaya a atentar contra la democracia. Esa característica es fundamental, pero, no la única. De poco a nada va a servir un gobernante con esa sola cualidad, sino cuenta con la capacidad para tomar decisiones serias, reflexivas, con visión para atender al país que gobierna y la naturaleza y magnitud de los problemas y retos que enfrentará. Un candidato que no vaya a atentar contra la democracia por acción, puede hacerlo por omisión o por equivocación. El compromiso sincero de hacer un buen gobierno, tiene que complementarse con la puesta en práctica de mayores controles para reducir la corrupción, propiciar la trasparencia en el manejo de la cosa pública y reforzar cuantitativa y cualitativamente la administración de justicia, entre otras condiciones necesarias para tener un país gobernable.
Don Fernando Zumbado, director para América Latina y el Caribe del PNUD en la reunión constitutiva del Círculo de Montevideo, decía, entre otros profundos planteamientos:" el camino hacia el desarrollo humano sostenible es mucho más que un gran esfuerzo financiero traducido a proyectos de desarrollo... los hombres y mujeres de América Latina y el Caribe requieren y demandan un medio propicio para mejorar sus vidas. Este medio está dado no sólo por facilidades económicas, sino por un entorno que les permita participar en una sociedad que le brinde libertad y justicia social, representativa e instituciones confiables". Para el logro de estos propósitos, a mi juicio, se requieren una gran cantidad de acciones y programas en función de gobierno, para precisamente, hacer viable la conducción del país con el consiguiente reforzamiento de todas las instituciones que sustentan el sistema democrático. un gobierno incapaz, es la peor amenaza que puede tener la democracia. El profesor Yehezkel Dror, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Jerusalén presentó, en el marco de la IV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Cartagena de Indias, un informe al Club de Roma titulado "La Capacidad de Gobernar", documento que recomiendo a todo aspirante a la más alta magistratura. Uno de sus capítulos aborda el tema de "las virtudes y los vicios", refiriéndose a los bajos estándares de moralidad de muchos políticos y ensaya un "código ético para políticos". Cito el segundo postulado: "Por inteligente que seas y preparado que estés, las tareas de gobernación requieren mucho más. Dedica todos tus esfuerzos al aprendizaje y la reflexión, y rodéate de asesores altamente calificados a los que animarás a discutir contigo". Esto refuerza mi argumento de que para 1999 candidato y equipo deben ser conocidos. De eso estoy seguro, dependerán muchas decisiones.
Nuestro próximo gobernante, en definitiva, tiene que promover, con su programa y ejecutorias una "gobernabilidad democrática de visión sistemática, que integre las dimensiones políticas, sociales, y económicas", para utilizar palabras del Dr. Zumbado. Viviremos tiempos en este país en los que tendremos que reinventar muchas cosas, gobierno y sociedad civil, en busca de perfeccionar ese manual de conducción de los nuevos tiempos para un Panamá que posee un gran potencial, pero que, como todo país en desarrollo, deberá ser conducido por hombres y mujeres íntegros, capaces, con sentido para buscar la respuesta de lo que no conocen, enemigos de la improvisación, buscadores de consensos, forjadores del largo plazo, con proyección de continuidad en aquellas cosas que así lo requieran, sin afán de perpetuarse en función de gobierno. En pocas palabras, una dirigencia comprometida con el desarrollo, la equidad y la democracia integralmente.
Así veo yo ese gran reto de las elecciones de 1999. La continuidad de la democracia tiene en la conducción de un gobierno eficaz y coherente su mejor aliado y en base a ello, por lo menos yo, decidiré mi voto el otro año.

101 años de Panamá América

 
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