default

Derechos humanos, ¿para quién?


Recientemente fue presentado un anteproyecto de ley por el H. L. Marcos González ante el pleno de la Asamblea Legislativa, cuyo objetivo es reducir la delincuencia juvenil, en vista que los menores están siendo utilizados y manipulados por mayores de edad para cometer crímenes que van desde el robo, hurto hasta asesinatos, quedando impunes, porque la actual legislación en gran medida los protege. Durante la presentación que realizó el legislador, me llamó la atención uno de sus argumentos, en el cual reclamó a los defensores de los derechos humanos su parcialización hacia los criminales, olvidándose que los afectados y sus respectivas familias también tienen derechos.
He sido un defensor de los derechos humanos desde que tengo criterio y raciocinio, además, mi formación en el campo de la ingeniería -profesión que desarrolla el "sentido común"- me ha permitido contar con una visión y percepción, y sobre el tema me indica que algo no está correcto cuando existe un desbalance o una respuesta lógica y racional.
En base al sentido común y a lo que está plasmado en la Declaración de los Derechos Humanos, observo un completo y total desbalance en las posiciones que tradicionalmente han tomado los "defensores". ¿Cómo es posible que se defienda al criminal y se olvide al afectado y su familia? Quiero dejar claro, que no pretendo inferir ni sesgar lo que se presenta como una realidad en nuestra sociedad; el criminal tiene derecho a un trato como ser humano durante el tiempo que esté detenido o cumpliendo una condena. Defiendo este derecho que en nuestro sistema penitenciario no es respetado por las condiciones en que se encuentra operando; sin embargo, pregunto a los "defensores", ¿Qué pasó con los afectados?
Es una injusticia y una burla al derecho que tiene todo ciudadano y su familia, que salgan a defender al criminal y se pase generalmente por alto al afectado. Desafortunadamente, por efectos de la ley vigente, la corrupción social y la carencia de moral que rige esta sociedad, los criminales aprovechan esta coyuntura para realizar sus fechorías en perjuicio de cualquier persona indefensa. La sociedad está sumida en un marasmo de inmoralidad; el denominado "juega vivo" no es más que un irrespeto, falta de valores éticos y morales, además de ser signo de una gran irresponsabilidad e irrespeto para con los conciudadanos.
La formación moral está en nuestros hogares, pero la irresponsabilidad e incomprensión de lo que significa la paternidad para una gran cantidad de panameños, ha creado un vacío en la sociedad. Es lamentable que en Panamá el índice de madres solteras sea sumamente elevado. Ya es hora que nuestros legisladores dejen la politiquería y se dediquen a mejorar el sistema legal de nuestro país con normas que estén acordes a la realidad en que vivimos y en pos de una mejor sociedad.
Este anteproyecto que propulsa la reducción en los límites de impunidad para los menores -al cual se oponen varios grupos que padecen de miopía - es un comienzo, es empezar a gatear antes de caminar y poder correr. Como ciudadanos, debemos tomar conciencia aceptando la responsabilidad ante la situación de violencia que vivimos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América