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Desafíos de la integración


La década del ‘80 marcaría definitivamente una nueva etapa en el proceso de desarrollo, no sólo de Panamá, sino de América Latina en su conjunto. El modelo de desarrollo basado, en gran medida en la sustitución de importaciones, empezó a entrar en crisis desde los años ‘70. A ello se sumó el lastre del endeudamiento -bruscamente agravado por el cambio de tendencia experimentada en los mercados financieros internacionales-. Todo lo anterior puso en primer plano la necesidad de acometer profundas reformas en las distintas economías nacionales del continente.
El fuerte proteccionismo constituyó, en ese tiempo, uno de los factores determinantes de la ineficiencia de la economía de nuestros países y falta de dinamismo. En el caso panameño, como en los otros países, la apertura exterior en sintonía con una reinserción más favorable en los mercados mundiales, constituiría uno de los ejes principales de las reformas que debían ser emprendidas durante la década de 1980. Había la necesidad de actuar sobre la oferta productiva, buscando nuevos horizontes para el crecimiento económico. En este contexto, el logro de un nuevo perfil exportador más acorde con las posibilidades y las condiciones de los mercados mundiales, debió pasar a constituir un objetivo central de la reestructuración económica.
Los problemas políticos experimentados en nuestro país durante esa década, no permitieron la ejecución de un plan concertado entre el Estado y los productores nacionales. En la década de ‘90 se realizó un esfuerzo, pero no lo suficiente para ponernos al día.
El vacío producido no nos permitió aprovechar efectivamente la “Iniciativa para las Américas” propuesta en junio de 1990 por el presidente de Estados Unidos George Bush, padre. Tampoco nos permitió llevar a cabo propuestas en la recta final de las negociaciones de la Ronda de Uruguay del GATT que nos impulsaría a participar en la constitución de una zona de libre comercio de ámbito continental.
Desde 1990 hemos estado sin estudios serios intentando definir nuestra posición ante el Mercado Común Centroamericano, y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) creado en 1992. Tampoco hemos dejado de mencionar el mercado de los países caribeños (conocido en sus siglas como CARICOM), pero no se ha avanzado.
222Acepto que el futuro de la integración en América Latina no se concibe hoy contra, sino con Estados Unidos. Pero, ¿dónde están los estudios que se han realizado a fin de determinar cuál debe ser nuestra posición negociadora?
Ahora estamos todo emocionados con la idea de firmar un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (TLC), y la señora presidenta declara que “con ese Tratado se acabó la pobreza en Panamá”. Acepto que el futuro de la integración en América Latina no se concibe hoy contra, sino con Estados Unidos. Pero, pregunto: ¿Dónde están los estudios que se han realizado a fin de determinar cuál debe ser nuestra posición negociadora? ¿Estamos conscientes que el tiempo perdido nos hace más difícil nuestra inserción en la economía mundial? ¿Se han realizado estudios sobre las dificultades surgidas en el TLC entre Canadá y Estados Unidos; y México y Estados Unidos, que puedan aconsejar prudencia antes de meternos de lleno en la negociación? ¿Cuál es nuestra posición, aparte de tratar de conseguir su sede, frente al papel asignado a la integración hemisférica expresada en diciembre de 1994 en la decisión de negociar un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) para el 2005?
La Unión Europea es, sin duda alguna, el intento de integración regional más desarrollado, y está en su propia filosofía el apoyar a otros procesos del mismo tipo. Lo han estado haciendo con el Mercado Común del Sur. ¿Estamos aprendiendo de esta experiencia?
Este es un tema en el cual no se puede improvisar, algo que se está convirtiendo en un estilo de gobernar en Panamá.

101 años de Panamá América

 
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