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Desarrollo de la capacidad intelectual


El desarrollo de la capacidad y disciplina de la mente ha sido siempre el objetivo de la educación en nuestra sociedad y en otras sociedades; pero su significado nos hace caer en contradicciones. Mucha gente tiende a confundir el desarrollo intelectual con la adquisición de conocimientos de materias académicas. Tales adquisiciones son indudablemente un aspecto del desarrollo intelectual; pero también son importantes las habilidades para adquirir, estimar y utilizar los conocimientos necesarios para actuar inteligentemente en lo que concierne a la propia felicidad y a la de los demás. Desde este punto de vista, el desarrollo intelectual es la finalidad de todos los alumnos, no solo para los más despiertos, y la más importante en una sociedad democrática.

Nosotros hemos comprobado la evidencia de notables éxitos en algunas áreas. Basta solamente reflexionar acerca del gran adelanto en las ciencias y en el terreno tecnológico, en la disminución de las enfermedades y la ignorancia; empero, para fijar lo que nos falta por hacer, debemos considerar la magnitud de los problemas, aún no resueltos, respecto a las relaciones humanas, como son los que impiden la unidad nacional y la paz del mundo. Estos problemas, como los otros, requieren para su solución mentes creativas y disciplinadas, respeto a las convicciones y habilidad de investigación lógica y sistemática. Por supuesto el conocimiento es parte importante del progreso intelectual, así como el ejercitarse en el empleo del lenguaje y en el cálculo.

La adquisición de conocimientos y habilidades ha sido, por mucho tiempo, el centro de nuestros esfuerzos educativos, y para promover el adelanto de la enseñanza en todas las ramas, nuevos métodos y sistemas son continuamente propuestos. Lo que tal vez merece mayor vigilancia es la integración y uso, tanto del conocimiento como de las habilidades. Los estudiantes no necesitan solo conocer materias; necesitan, además, entender conceptos, relaciones y principios; desarrollar sus habilidades, pero también capacidad para aplicar cuanto saben a la solución de los problemas a que hacer frente. Estas necesidades constituyen uno de los más serios cambios que se exigen a las escuelas.

Para aprender a pensar, hay que tener la oportunidad de hacerlo; si por habilidad de pensar entendemos la capacidad para resolver problemas y tomar justas decisiones, los maestros deben facilitar a los alumnos el trabajo de relacionar un tema de estudio con nuevas situaciones de mayor dificultad. Una vez que el alumno sea capaz de aplicar sus conocimientos y habilidades a la solución de problemas, dichos conocimientos y habilidades se convierten en la clase de recursos que necesita para su propio desarrollo y para la responsabilidad que tiene ante la sociedad.

¡La habilidad del alumno para hacer uso de lo que ha aprendido es la demostración fundamental del éxito de la escuela!

101 años de Panamá América

 
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