Desplazados: Frontera porosa y pobre
Indudablemente la Frontera Este es porosa y pobre, víctima de los vacíos de las políticas sociales, y de las acciones económicas extractivistas. Se calcula que por cada asesinado en masacres o exterminios de la población civil, 48 personas se convierten en desplazados o refugiados. El escalamiento del conflicto dispara olas de desplazados y refugiados hacia diversos puntos, incluyendo fronteras, en especial cuando esa violencia azota al vecino Chocó y la región del pacífico colombiano.
Según un informe de la Conferencia Episcopal colombiana, entre 1995 y 1998 se desplazaron internamente 726 mil personas, que en los últimos diez años sumaron 1.2 millones. En los últimos meses, Colombia se ha convertido en el tercer país, después de Sudán y Angola, en la estadística mundial de refugiados. Son pobladores en una migración forzosa que escapan del vórtice de la violencia dentro de su país o fuera de él.
Según un informe de la OEA, en lo relacionado con los desplazados hacia Panamá se expone que:
Un grupo numeroso de desplazados, que salieron de Riosucio, Unguía y otras partes del Urabá chocoano a finales de 1996 y principios de 1997 a causa de las incursiones paramilitares de esta época, intentó primero huir a Panamá. Este grupo estableció campamentos espontáneos en la región del Darién, pero poco después los desplazados fueron informados que no podían permanecer en este país vecino. Según los campesinos desplazados, los pliegos de peticiones que ellos formularon al gobierno colombiano para el retorno fueron desestimados y fueron obligados a volver a Colombia sin las garantías que ellos buscaban. Algunos de los refugiados fueron llevados en un primer momento a Apartadó, Departamento de Antioquia, y fueron instalados en un albergue donde se vieron hacinados y sin condiciones adecuadas de salud. Además, la comunidad de Apartadó sufría en este momento de la misma violencia paramilitar que había obligado a muchos de los desplazados a salir del Chocó.
Un grupo importante de los desplazados que se dirigieron a Panamá, fueron llevados por el gobierno colombiano a Bahía Cupica, en la costa pacífica del Chocó. Muchos de los campesinos desplazados del Chocó hacia Panamá siguen en Cupica. A pesar del hecho de que fueron llevados allí obligatoriamente por el gobierno, éste no les ha suministrado, en este lugar, asistencia humanitaria adecuada. Según la Comisión, los campesinos no reciben suficiente alimentación y, en muy pocas ocasiones, se les ha dado carne para cocinar. Se tiene acceso a solamente un médico para toda la población desplazada y no existen medicamentos para enfermos de gravedad. Para tratar condiciones serias es necesario que la persona enferma sea trasladada a Bahía Solano, a distancia de dos horas por mar.
Dada la dificultad del transporte, han ocurrido casos en que el enfermo espera hasta cuatro días para trasladarse al hospital. Según la información suministrada a la Comisión, los desplazados del Chocó siguen en negociaciones con el gobierno colombiano para su retorno en condiciones de seguridad y dignidad, pero mientras tanto, las condiciones en los asentamientos de desplazados siguen siendo muy difíciles. Al mismo tiempo, la Comisión ha recibido información indicando que grupos paramilitares mantienen control absoluto en algunas zonas del Chocó, llevando a una situación de gran inseguridad que causa nuevos desplazamientos. Según el CODHES, las 11,700 personas desplazadas que llegaron a suelo panameño, venezolano o ecuatoriano durante 1999-2000, son una muestra de la internacionalización de la crisis humanitaria en Colombia, que responde a la reducción de los espacios de acomodamiento y reacomodamiento de población que huye por el conflicto armado dentro del territorio nacional, y que plantea una nueva mirada del desplazamiento y el refugio.
En la Frontera Este(Darién y comarcas), los hechos ocurren en la zona limítrofe del departamento de Chocó y la provincia del Darién, lugar de llegada de desplazados colombianos que huyen de la guerra desde 1996 (Yape, Bocas de Cupé, Yavisa, Cocalito, El Real y La Palma). La gravedad de la situación se acentuó por un ataque paramilitar en La Palma, con el asesinato de dos de las personas desplazadas.
En diciembre de 1999, el éxodo de colombianos fue de los municipios de Juradó y Bahía Solano hacia la población de Jaqué en la misma provincia del Darién y hacia el resguardo indígena de Biroquerá que pertenece a la comunidad Wuonnan. En total, son 630 personas que fueron acogidas con una medida temporal de protección del Gobierno de Panamá, que insistió en formulas concertadas de repatriación con el gobierno colombiano. Se calcula que alrededor de 2,800 personas ingresaron a territorio panameño huyendo de la violencia en Colombia, en ese año. Cerca de la tercera parte de los desplazados en 1999 salieron de sus regiones de manera masiva hacia un mismo sitio que pudo ser una cabecera municipal, una capital de departamento o una zona de frontera.
El año 2000 y 2001, el conflicto en el Chocó impulsó una población desplazada hacia los sitios panameños tradicionales de recepción, en especial la zona de Jaqué, y la presión inmigratoria generó formas de desplazamientos internos de la población Emberá Waonaan panameña. La característica principal de estos procesos migratorios ha sido la decisión de los gobiernos afectados, de no reconocer la calidad de refugiados de los colombianos que cruzaron la frontera y presionar soluciones de repatriación sobre la base de la responsabilidad del gobierno colombiano.
Los desplazamientos ocurren como resultado de acciones particularmente crueles contra personas indefensas; explican el incremento de los éxodos en masa, que se convirtieron en una forma de respuesta social a los excesos y la degradación de la guerra y expresan, en sí mismos, el castigo de la violencia contra la población civil.
Según un informe de la Conferencia Episcopal colombiana, entre 1995 y 1998 se desplazaron internamente 726 mil personas, que en los últimos diez años sumaron 1.2 millones. En los últimos meses, Colombia se ha convertido en el tercer país, después de Sudán y Angola, en la estadística mundial de refugiados. Son pobladores en una migración forzosa que escapan del vórtice de la violencia dentro de su país o fuera de él.
Según un informe de la OEA, en lo relacionado con los desplazados hacia Panamá se expone que:
Un grupo numeroso de desplazados, que salieron de Riosucio, Unguía y otras partes del Urabá chocoano a finales de 1996 y principios de 1997 a causa de las incursiones paramilitares de esta época, intentó primero huir a Panamá. Este grupo estableció campamentos espontáneos en la región del Darién, pero poco después los desplazados fueron informados que no podían permanecer en este país vecino. Según los campesinos desplazados, los pliegos de peticiones que ellos formularon al gobierno colombiano para el retorno fueron desestimados y fueron obligados a volver a Colombia sin las garantías que ellos buscaban. Algunos de los refugiados fueron llevados en un primer momento a Apartadó, Departamento de Antioquia, y fueron instalados en un albergue donde se vieron hacinados y sin condiciones adecuadas de salud. Además, la comunidad de Apartadó sufría en este momento de la misma violencia paramilitar que había obligado a muchos de los desplazados a salir del Chocó.
Un grupo importante de los desplazados que se dirigieron a Panamá, fueron llevados por el gobierno colombiano a Bahía Cupica, en la costa pacífica del Chocó. Muchos de los campesinos desplazados del Chocó hacia Panamá siguen en Cupica. A pesar del hecho de que fueron llevados allí obligatoriamente por el gobierno, éste no les ha suministrado, en este lugar, asistencia humanitaria adecuada. Según la Comisión, los campesinos no reciben suficiente alimentación y, en muy pocas ocasiones, se les ha dado carne para cocinar. Se tiene acceso a solamente un médico para toda la población desplazada y no existen medicamentos para enfermos de gravedad. Para tratar condiciones serias es necesario que la persona enferma sea trasladada a Bahía Solano, a distancia de dos horas por mar.
Dada la dificultad del transporte, han ocurrido casos en que el enfermo espera hasta cuatro días para trasladarse al hospital. Según la información suministrada a la Comisión, los desplazados del Chocó siguen en negociaciones con el gobierno colombiano para su retorno en condiciones de seguridad y dignidad, pero mientras tanto, las condiciones en los asentamientos de desplazados siguen siendo muy difíciles. Al mismo tiempo, la Comisión ha recibido información indicando que grupos paramilitares mantienen control absoluto en algunas zonas del Chocó, llevando a una situación de gran inseguridad que causa nuevos desplazamientos. Según el CODHES, las 11,700 personas desplazadas que llegaron a suelo panameño, venezolano o ecuatoriano durante 1999-2000, son una muestra de la internacionalización de la crisis humanitaria en Colombia, que responde a la reducción de los espacios de acomodamiento y reacomodamiento de población que huye por el conflicto armado dentro del territorio nacional, y que plantea una nueva mirada del desplazamiento y el refugio.
En la Frontera Este(Darién y comarcas), los hechos ocurren en la zona limítrofe del departamento de Chocó y la provincia del Darién, lugar de llegada de desplazados colombianos que huyen de la guerra desde 1996 (Yape, Bocas de Cupé, Yavisa, Cocalito, El Real y La Palma). La gravedad de la situación se acentuó por un ataque paramilitar en La Palma, con el asesinato de dos de las personas desplazadas.
En diciembre de 1999, el éxodo de colombianos fue de los municipios de Juradó y Bahía Solano hacia la población de Jaqué en la misma provincia del Darién y hacia el resguardo indígena de Biroquerá que pertenece a la comunidad Wuonnan. En total, son 630 personas que fueron acogidas con una medida temporal de protección del Gobierno de Panamá, que insistió en formulas concertadas de repatriación con el gobierno colombiano. Se calcula que alrededor de 2,800 personas ingresaron a territorio panameño huyendo de la violencia en Colombia, en ese año. Cerca de la tercera parte de los desplazados en 1999 salieron de sus regiones de manera masiva hacia un mismo sitio que pudo ser una cabecera municipal, una capital de departamento o una zona de frontera.
El año 2000 y 2001, el conflicto en el Chocó impulsó una población desplazada hacia los sitios panameños tradicionales de recepción, en especial la zona de Jaqué, y la presión inmigratoria generó formas de desplazamientos internos de la población Emberá Waonaan panameña. La característica principal de estos procesos migratorios ha sido la decisión de los gobiernos afectados, de no reconocer la calidad de refugiados de los colombianos que cruzaron la frontera y presionar soluciones de repatriación sobre la base de la responsabilidad del gobierno colombiano.
Los desplazamientos ocurren como resultado de acciones particularmente crueles contra personas indefensas; explican el incremento de los éxodos en masa, que se convirtieron en una forma de respuesta social a los excesos y la degradación de la guerra y expresan, en sí mismos, el castigo de la violencia contra la población civil.