Después de Elián
Papi, ¿cuándo regresaremos a Cuba?, preguntó Elián González, de seis años, a su padre sin percatarse que tiene más de dos semanas de residir con su familia en una pequeña casa provisional en las afueras de La Habana. Tardará años en recuperarse por completo, pero lo hará con la ayuda de los suyos. ¿Se recuperará algún día el exilio extremista cubano de Miami? Quizás no, y es lo que entienden las grandes empresas exportadoras de alimentos y medicinas de Estados Unidos, que están a la vanguardia del fortalecido movimiento en pro del cese total del embargo a Cuba que ya alcanza los 40 años de inutilidad.
La semana siguiente a la salida de Elián, los empresarios en pro del cese del embargo se apuntaron una importante victoria cuando la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, furibundamente anticastrista, dio su brazo a torcer frente a los lobistas de los poderosos sectores exportadores, cuando aprobaron un suavizamiento de la medida.
Desde entonces, es posible que empresas estadounidenses vendan a Cuba alimentos y medicinas al contado, siéndoles prohibido hacerlo a crédito u otorgar préstamos. Pero entienden que eso no es suficiente y presionan por más. Abogan por el cese del embargo.
El capital no tiene ideologías, salvo el de las ganancias. Y en ese terreno, Canadá y Europa llevan mucha ventaja a Estados Unidos en Cuba. Solo España, por ejemplo, acapara el 17% del comercio exterior de la isla. Y en inversiones es igual.
Hace poco se firmó un contrato con una empresa hispana para construir una fábrica de cemento de $150 millones de dólares en Santiago. Cuba requiere con urgencia de más concreto para su creciente industria hotelera y turística, que prospera gracias a un auge sin precedentes desde los años 40 y 50.
Cuando Cuba se abra, no quedará espacio disponible para los inversionistas norteamericanos que no tendrán más remedio que asociarse a los pioneros de otros países o comprar más caro. Antaño, la isla era una especie de sucursal turística de Estados Unidos. Cada fin de semana, millones de norteamericanos zurcaban los cayos rumbo a la isla. El nobel de literatura, Ernest Hemigway casi que vivía en Cuba. Errol Flynn hacía igual, como toda luminaria que se preciara. Tener casa en Cuba representaba status.
El deporte norteamericano, que no se rige por las restricciones de su gobierno, lo ha entendido. Los comité olímpicos de ambas naciones acaban de firmar en La Habana un convenio de intercambio y entrenamiento entre sus atletas. El deporte suele tener gente más pragmática e inteligente que en la política. ¿Qué viene después de Elián? Es fácil: el cese total del embargo y el retorno de la democracia a Cuba. Para el exilio cubano, el debilitamiento de su influencia en el Ejecutivo y en el Congreso de Estados Unidos.
La semana siguiente a la salida de Elián, los empresarios en pro del cese del embargo se apuntaron una importante victoria cuando la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, furibundamente anticastrista, dio su brazo a torcer frente a los lobistas de los poderosos sectores exportadores, cuando aprobaron un suavizamiento de la medida.
Desde entonces, es posible que empresas estadounidenses vendan a Cuba alimentos y medicinas al contado, siéndoles prohibido hacerlo a crédito u otorgar préstamos. Pero entienden que eso no es suficiente y presionan por más. Abogan por el cese del embargo.
El capital no tiene ideologías, salvo el de las ganancias. Y en ese terreno, Canadá y Europa llevan mucha ventaja a Estados Unidos en Cuba. Solo España, por ejemplo, acapara el 17% del comercio exterior de la isla. Y en inversiones es igual.
Hace poco se firmó un contrato con una empresa hispana para construir una fábrica de cemento de $150 millones de dólares en Santiago. Cuba requiere con urgencia de más concreto para su creciente industria hotelera y turística, que prospera gracias a un auge sin precedentes desde los años 40 y 50.
Cuando Cuba se abra, no quedará espacio disponible para los inversionistas norteamericanos que no tendrán más remedio que asociarse a los pioneros de otros países o comprar más caro. Antaño, la isla era una especie de sucursal turística de Estados Unidos. Cada fin de semana, millones de norteamericanos zurcaban los cayos rumbo a la isla. El nobel de literatura, Ernest Hemigway casi que vivía en Cuba. Errol Flynn hacía igual, como toda luminaria que se preciara. Tener casa en Cuba representaba status.
El deporte norteamericano, que no se rige por las restricciones de su gobierno, lo ha entendido. Los comité olímpicos de ambas naciones acaban de firmar en La Habana un convenio de intercambio y entrenamiento entre sus atletas. El deporte suele tener gente más pragmática e inteligente que en la política. ¿Qué viene después de Elián? Es fácil: el cese total del embargo y el retorno de la democracia a Cuba. Para el exilio cubano, el debilitamiento de su influencia en el Ejecutivo y en el Congreso de Estados Unidos.