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Diálogo por la Universidad


El liderazgo de algunos administrativos y docentes de la Universidad de Panamá debería ser aprovechado para fomentar el trabajo constructivo de la institución, para erradicar de una vez por todas las prácticas funestas de las componendas, roscas, ineficiencia y de los intereses políticos y personales que tanto daño han ocasionado a su prestigio del pasado. Nunca ha debido ser aprovechado para paralizar las actividades universitarias.
Todo parece indicar que hay quienes, desde adentro y desde afuera, tienen marcado interés de hacer daño a la Casa de Méndez Pereira, de colocarla en el desprestigio, en su verdadera quiebra, lo que es muy lamentable.
Y lo más insólito es que los mismos funcionarios que en ella laboran, se han propuesto, en dos ocasiones, obstaculizar el trabajo que allí se hace a través de paros, los cuales perjudican los intereses de miles de estudiantes cuya única oportunidad para obtener su formación superior es la Universidad de Panamá por las condiciones económicas que brinda.
Considero que el reclamo de los administrativos es justo, pero la forma en que lo hacen no deja de ser irresponsable y son acreedores a que las autoridades tomen la determinación de no pagar a quienes aún tienen la oportunidad de utilizar el diálogo, a fin de que el Contralor General de la República y el Rector hagan el mayor esfuerzo para brindar una respuesta.
La situación económica de la Universidad está en crisis. El Dr. Gustavo García de Paredes, recientemente escogido como próximo rector, manifiesta que iniciará sus labores con un gran déficit que perjudicará la marcha normal de la institución en todos sus aspectos.
Así las cosas creemos de urgencia que se llame a un “Diálogo por la Universidad de Panamá”, en el cual todos los sectores del país: empresa privada, instituciones gubernamentales, así como los candidatos a la Presidencia de la República, estudien profundamente la situación, y se presentan soluciones que permitan que la Universidad, tan eficiente, capaz y distinguida en los tiempos del Dr. Méndez Pereira, se oriente hacia su desarrollo integral.
Y si anhelamos una Universidad que responda a los verdaderos problemas de la nación y que participe en la vida democrática, de libertad y de justicia social es necesario, como lo indica el editorialista de El Panamá América: “Reestructurar volviendo a las bases que le dieron su origen tras su fundación. La Universidad debe ser ciertamente popular; pero, al mismo tiempo, retornar a la excelencia, circunscribirse a los mejores. No puede entrar en ella todo el mundo, porque no todo el mundo sirve para estudiar. Tampoco debe permitirse que se siga bajando el standard de calidad por ponerla a nivel de las masas que, careciendo de verdadero interés y capacidad, perjudican a quienes sí quieren y pueden hacerlo. Obviamente hay que crear alternativas efectivas para quienes, por una razón u otra, no son aptos para seguir estudios superiores de modo que puedan prepararse para ganar un sustento digno, aún sin la formación universitaria”.

101 años de Panamá América

 
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