Diálogo y democracia
La prudente decisión del Presidente de la República ha abierto la posibilidad de una amplia participación en el diálogo nacional sobre la seguridad social. Debemos reconocer, sin embargo, que el diálogo pareciera tener más un efecto catártico que de una verdadera nueva opción en consenso. Es muy improbable que posiciones tan ideológicamente encontradas puedan producir una propuesta común. Todo indica que la Ley 17 saldrá reivindicada, así sea como el menor de los males. Debemos cuestionar, no obstante, la no participación de los partidos políticos en dicha mesa. La presencia de diputados como meros observadores también devalúa las instituciones del sistema democrático.
El foro en donde la Nación debe dirimir sus asuntos es la Asamblea Nacional. Los partidos políticos son instituciones de Derecho Público indispensable para el funcionamiento de la Democracia Liberal. Nuestros partidos políticos pueden ser un dechado de defectos, pero éstos no desaparecerán y más bien se exacerbarán si los seguimos excluyendo de los grandes debates nacionales.
La participación de los grupos de interés es importante para una democracia vigorosa, siempre y cuando todos estemos claros que cada grupo vela por su interés particular y no por el general.
El reemplazar la Asamblea Nacional por un proceso de diálogo integrado por los distintos gremios es un mecanismo más propio del corporativismo fascista que de una democracia moderna. Lo que le puede dar legitimidad a este proceso, y además brindarle mayores posibilidades de viabilidad a cualquier acuerdo que surja de él, es la participación plena de todos los partidos legalmente constituidos. Lo que deben hacer los grupos ideologizados que no se sienten representados por los partidos existentes, es dejar de escudarse en sindicatos y gremios y fundar sus propios partidos que sean representativos de su forma de pensar y actuar. Así, con partidos modernos, ideológicos y vigorosos, tal vez podamos devolver el debate nacional a donde la Constitución indica que debe estar.
El foro en donde la Nación debe dirimir sus asuntos es la Asamblea Nacional. Los partidos políticos son instituciones de Derecho Público indispensable para el funcionamiento de la Democracia Liberal. Nuestros partidos políticos pueden ser un dechado de defectos, pero éstos no desaparecerán y más bien se exacerbarán si los seguimos excluyendo de los grandes debates nacionales.
La participación de los grupos de interés es importante para una democracia vigorosa, siempre y cuando todos estemos claros que cada grupo vela por su interés particular y no por el general.
El reemplazar la Asamblea Nacional por un proceso de diálogo integrado por los distintos gremios es un mecanismo más propio del corporativismo fascista que de una democracia moderna. Lo que le puede dar legitimidad a este proceso, y además brindarle mayores posibilidades de viabilidad a cualquier acuerdo que surja de él, es la participación plena de todos los partidos legalmente constituidos. Lo que deben hacer los grupos ideologizados que no se sienten representados por los partidos existentes, es dejar de escudarse en sindicatos y gremios y fundar sus propios partidos que sean representativos de su forma de pensar y actuar. Así, con partidos modernos, ideológicos y vigorosos, tal vez podamos devolver el debate nacional a donde la Constitución indica que debe estar.