Días de fe y reposo
Parece mentira, pero unos días de reposo y descanso vienen bien, sobre todo a los políticos que, en este momento tenemos preocupaciones y se nos corren los últimos días antes de las elecciones. Esto engendra stress y éste va derechito a un organito que se llama corazón para avisarle que mejor se cuide porque la cosa puede ser sería.
Semana Santa es un período que nos debe llevar a la meditación, a rezar y a acercarnos más a Dios como señal de comprensión hacia el sufrimiento de Jesús antes de llegar a la cruz y en la misma.
Es sabido que por más que veamos cine y leamos el martirio del hijo de Dios, nunca será suficiente para comprender cómo fue llevado a la muerte por un puñado de ingratos, todavía no comprendemos el verdadero significado de esa pasión.
Por esto fui a Las Tablas, mi tierra, para estar con la familia y con María Magdalena, que no dejamos de arreglar. Este año, especialmente, fue espectacular adornada con ramos de orquídeas blancas y rosas del mismo color.
Cuando venía la procesión llegando frente a mi casa, una sobrinita de tres añitos grito: "Mamí, allí viene nuestra Magdalena". Me emocionó porque quiere decir que la tradición de arreglar la santa en mi familia no se terminará y continuará por muchos años.
Sin embargo, me llamó la atención que había menos gente que otros años, en la procesión, pero con un fervor increíble. Es que nuestra gente de Azuero son muy creyentes en Dios, los santos y las oraciones que rodean todo el ambiente sacro.
Hay que ver los rostros de los tableños cuando caminan las calles, compenetrados de un amor a todo lo que cubra la Semana Santa; es herencia de los españoles que por allá se radicaron y trajeron su religión para que la adoptáramos como nuestra. Mientras las mujeres tenemos fama de hablar más de la cuenta, en el recorrido de la procesión se nota un silencio que no solamente alcanza a las mismas, sino que también va con los hombres.
Pareciera que el agradecimiento a Dios y a los santos de nuestra devoción y las solicitudes que hacemos, salieran del corazón mismo para ser expresados en sentimientos porque las palabras sobran.
Les decía que esos días de recogimiento sirven para aliviar las carga que, en estos tiempos, son de política; que si quién ganará, que si nuestro candidato lo merece y sólo le falta probar que dicha fe de los votantes estará de su lado.
Se preguntarán mis lectores por qué faltando 20 días para las elecciones, hablo sobre la Semana Mayor y la Magdalena. Primero, que todos los años le dedico una columna al mismo tema y eso relaja a quien me lee; segundo que esa es mi obligación y no acelerarlos mucho.
Cuando veo que lo estoy haciendo, echo hacia abajo atrás y vamos en patines. Tercero porque, luego de pasar cuatro días fuera del jolgorio de la ciudad y de la política, merecemos un descanso; de esto me di cuenta al regresar el domingo del interior.
Sin embargo, considero necesario también que no olvidemos que es una época de presentarnos con honestidad y dejar las mentiras a un lado. ¿Cómo puede ser que el mismo lunes, un candidato presidencial a través del una emisora, a la 7:30 de la mañana, haya dicho varias mentiras, lo pesqué en dos grandes. El que dice mentiritas, el diablo le hace corcovitas y no sea que de pronto veamos a ciertos candidatos encorvados sin apenas levantarse del suelo.
Es por esto que me impulso a escribir lo que parezca tonterías, sin embargo tiene su objetivo determinado y no piensen que sea porque no tengo nada que escribir.
Por algo la gente dice que los políticos somos mentirosos; bueno, es que lo somos, no nos importa lo que piensen los demás.
Pues, quiero decirles que es mejor que mediten y que lo que les digan a sus votantes sea cierto para no perder la credibilidad, como me sucedió con el candidato al que me referí arriba. Ya no le creeré ni el Padre Nuestro.
A votar el 2 de mayo próximo por el candidato que consideren mejor, pero voten haciendo valer su derecho ciudadano.
Semana Santa es un período que nos debe llevar a la meditación, a rezar y a acercarnos más a Dios como señal de comprensión hacia el sufrimiento de Jesús antes de llegar a la cruz y en la misma.
Es sabido que por más que veamos cine y leamos el martirio del hijo de Dios, nunca será suficiente para comprender cómo fue llevado a la muerte por un puñado de ingratos, todavía no comprendemos el verdadero significado de esa pasión.
Por esto fui a Las Tablas, mi tierra, para estar con la familia y con María Magdalena, que no dejamos de arreglar. Este año, especialmente, fue espectacular adornada con ramos de orquídeas blancas y rosas del mismo color.
Cuando venía la procesión llegando frente a mi casa, una sobrinita de tres añitos grito: "Mamí, allí viene nuestra Magdalena". Me emocionó porque quiere decir que la tradición de arreglar la santa en mi familia no se terminará y continuará por muchos años.
Sin embargo, me llamó la atención que había menos gente que otros años, en la procesión, pero con un fervor increíble. Es que nuestra gente de Azuero son muy creyentes en Dios, los santos y las oraciones que rodean todo el ambiente sacro.
Hay que ver los rostros de los tableños cuando caminan las calles, compenetrados de un amor a todo lo que cubra la Semana Santa; es herencia de los españoles que por allá se radicaron y trajeron su religión para que la adoptáramos como nuestra. Mientras las mujeres tenemos fama de hablar más de la cuenta, en el recorrido de la procesión se nota un silencio que no solamente alcanza a las mismas, sino que también va con los hombres.
Pareciera que el agradecimiento a Dios y a los santos de nuestra devoción y las solicitudes que hacemos, salieran del corazón mismo para ser expresados en sentimientos porque las palabras sobran.
Les decía que esos días de recogimiento sirven para aliviar las carga que, en estos tiempos, son de política; que si quién ganará, que si nuestro candidato lo merece y sólo le falta probar que dicha fe de los votantes estará de su lado.
Se preguntarán mis lectores por qué faltando 20 días para las elecciones, hablo sobre la Semana Mayor y la Magdalena. Primero, que todos los años le dedico una columna al mismo tema y eso relaja a quien me lee; segundo que esa es mi obligación y no acelerarlos mucho.
Cuando veo que lo estoy haciendo, echo hacia abajo atrás y vamos en patines. Tercero porque, luego de pasar cuatro días fuera del jolgorio de la ciudad y de la política, merecemos un descanso; de esto me di cuenta al regresar el domingo del interior.
Sin embargo, considero necesario también que no olvidemos que es una época de presentarnos con honestidad y dejar las mentiras a un lado. ¿Cómo puede ser que el mismo lunes, un candidato presidencial a través del una emisora, a la 7:30 de la mañana, haya dicho varias mentiras, lo pesqué en dos grandes. El que dice mentiritas, el diablo le hace corcovitas y no sea que de pronto veamos a ciertos candidatos encorvados sin apenas levantarse del suelo.
Es por esto que me impulso a escribir lo que parezca tonterías, sin embargo tiene su objetivo determinado y no piensen que sea porque no tengo nada que escribir.
Por algo la gente dice que los políticos somos mentirosos; bueno, es que lo somos, no nos importa lo que piensen los demás.
Pues, quiero decirles que es mejor que mediten y que lo que les digan a sus votantes sea cierto para no perder la credibilidad, como me sucedió con el candidato al que me referí arriba. Ya no le creeré ni el Padre Nuestro.
A votar el 2 de mayo próximo por el candidato que consideren mejor, pero voten haciendo valer su derecho ciudadano.