Diplomas falsos
El descubrimiento de una red de falsificadores de diplomas en el ámbito de la educación nacional no puede ser más desalentador. El hecho de que sus cabecillas cínicamente acudían a los centros educativos para "correr la voz" sobre su ilegítima oferta a los docentes, agrava la situación, la cual se agudiza debido a que muchos de los compradores de tales falsos diplomas que a sabiendas adquirieron, se sirvieron de ellos para lucrar tras aportarlos a concursos en los cuales fueron los escogidos para cargos de relevancia en el Ministerio de Educación. Se llegó hasta el descar de expedir diplomas de postgrado, cuyos cursos jamás fueron impartidos. Para colmo, uno de los cabecillas del fraude resultó ser profesor de Religión, materia ésta de fe y que proclama los altos valores de la ética y la moral.
Algo aterrador es que tras el anuncio por parte del Ministro de Educación sobre la destitución de los pillos, tanto vendedores como compradores de diplomas falsos, salen a la palestra otros educadores anunciando que no permitirán que los destituyan. Más funesto y vergonzoso ejemplo no pueden dar estos educadores a sus alumnos. Hemos tocado ya fondo en la miasmática zanja de la corrupción.
El cuadro que nos ha ofrecido este ilícito negocio estremece al más recio de quienes lo podemos presenciar. No hay más que decir. Las palabras huelgan.