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Discurso social, pobreza y ampliación


SE HA venido convocando al pueblo panameño, a su juventud, a sus trabajadores, a sus profesionales, hombres y mujeres, al hermano indio, al campesino, a nuestros empresarios, a nuestros educadores a decirle sí al progreso y a un Panamá de oportunidades. Creemos que vivimos un momento de definición histórica: o nos atrevemos a dar un salto de la calidad, de buenas nuevas, para lograr un Panamá diferente o, sencillamente, nos quedamos en el país que se aproximará al atraso, al subdesarrollo y a la exclusión social. Estamos convencidos de que el proyecto de ampliación, vía tercer juego de esclusas, combinado con otros proyectos de inversiones, propicia las condiciones al país para enfrentar y paliar, como pueblo y como nación, problemas como el desempleo y la pobreza y elevar así la calidad de la educación panameña. Es importante señalar, en consecuencia, que el solo anuncio de la ampliación del canal ha venido propiciando, desde ya, procesos que, en concreto, se traducen en mayores inversiones, formación y capacitación de los panameños al igual que la generación de empleos. Como podemos observar un verdadero sentido de responsabilidad histórica impone el deber de montarse en el carro del progreso y del desarrollo social.
En virtud de lo anterior, es menester rechazar aquellas posiciones que, por fortuna devienen en minoritarias, pero que le niegan a nuestro pueblo su derecho a un mejor mañana.
Cuando analizamos las argumentaciones del Sí y del No confieso que quedamos perplejos ante la incoherencia que pareciera permear sendos discursos. Los interlocutores del No se han montado en un discurso de profundo raigambre social: la pobreza y en ese orden han dicho que mejor debe invertirse en otros rubros de la economía y así producir más empleo; que se hipoteca el futuro de la nación; que los enormes barcos son apenas un cuatro por ciento de la totalidad de naves que trasiegan por nuestro canal; que se trata del negocio de los ricos del país; que hay que decirle no al gobierno nacional; etc. Los del Sí han venido cohonestando un discurso casi similar: en ese sentido advierten soluciones que rayan con las panaceas de Alicia en el país de las maravillas; que es menester ampliar para resolver los problemas de la pobreza y el desempleo; que estaremos en un país de maravillas si ampliamos el Canal, etc.
Lo cierto de todo es que hay que tener cuidado cuando en la jerga política y social se invoca el discurso de la pobreza y que se hace con fines y objetivos bien delineados: se sabe y conoce que el discurso de los pobres gana muchos adeptos, precisamente, a las grandes mayorías marginadas de la nación; esas masas irredentas que no tienen trabajo y ven nulas sus opciones u oportunidades de empleo, de mejores días. Sin embargo, precisa advertir que el discurso de la pobreza es permanente y disuasivo; influyente y determinativo. ¡Cómo gana adeptos y seguidores quien arguye la pobreza como estandarte de liderazgo! Eso no es malo. Bueno es que pensemos y ayudemos a los pobres. Cristo dijo: "A los pobres siempre los tendréis". Nada ni nadie acabará la pobreza. Ello no indica, de ninguna manera, que no hagamos nada por los pobres. No, si creemos que el mensaje está claro: siendo conscientes de que siempre tendremos a los pobres tenemos de por medio, frente a nuestros ojos, el gran reto: hagamos algo, pero algo concreto, a favor de nuestra pobre gente pobre. Es decir, tenemos que proyectar soluciones o expectativas de soluciones para nuestra sociedad integrada, en su mayoría, por sectores sociales desprotegidos o desfavorecidos en sus reivindicaciones. No hacer nada o decirle a nuestra gente que simplemente digan "No" el día del referéndum no resuelve absolutamente nada. El No es predicativo de obsolescencia canalera y cuidado que hasta de país. En consecuencia, aquellos que interlocutan el discurso social para granjearse adeptos en el seno social panameño deberían reflexionar sus respectivas posturas y decirle a la nación entera que la ampliación del canal sí puede significar mejores días y años para cientos y miles de hogares de nuestro terruño en los cuales si se desayuna no se almuerza y si se cena no se ha desayunado ni almorzado y que en muchos casos la cena llega a duras penurias que tienen como trasfondo la angustia y un centenar de aflicciones.
No se puede hablar de la pobreza de nuestro pueblo si ésta no se conoce. Sólo pueden hablar de ella quienes la han vivido e interactúan con los pobres. Por ello, en aras de ser objetivos, mal se hace a la nación, decirle, por otro lado, que la ampliación sí resolverá todos nuestros problemas sociales. Eso es una mentira de no pocos defensores del sí que se han convertido en pinochos nacionales. Se trata de un discurso torcido y creemos que dejando de serlo puede granjearse más adeptos al Sí que se sumarían a punta de sinceridad, transparencia, objetividad, sentido de Patria y de nación. Hay que decirle al pueblo panameño que no es cierto que las posibilidades de empleo, tras la ampliación del Canal, solucionen todos nuestros problemas, pero que sí se producirían posibilidades concretas; no obstante, circunscritas a un determinado número de conciudadanos. No discuto la cantidad, pero celebro la posibilidad de que centenares y miles de compatriotas tengan una expectativa concreta de soluciones concretas y cuyos salarios o sueldos permearán, de manera positiva, a toda la economía nacional. Sea poco o sea mucho, bien se le hará a nuestra economía de mercados abiertos y de servicios internacionales. Ahora se ha sacado de la manga el argumento de que esas plazas de trabajo están destinadas para los ricos y los hijos de los ricos, Pregunto: ¿Desde cuándo los hijos de los ricos persiguen puestos de trabajo como camioneros, plomeros, electricistas, etc.? Por el contrario, ellos participan de la naturaleza de los mismos negocios que sus padres o progenitores realizan o desenvuelven. De modo que nuestro pueblo, parte de él, puede aspirar a esas plazas de trabajo. Cada uno en lo que crea puede desenvolverse. ¡Ojo!, muchos ojos, con los que persiguiendo de modo anonadado el Sí prometen el cielo y la tierra, eso no es conveniente. Lo que hay que sostenerle a nuestra gente es que se abre todo un haz de opciones y de posibilidades concretas para el país. Pero también ¡ojo!, muchos ojos, con los que promoviendo el No niegan el derecho de nuestro pueblo a mejores días.
(stekrakri@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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