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Disparatorio en septiembre


Reconozcamos que el ser humano es malo "ab origine". Aunque los sicólogos y religiosos digan lo contrario, estoy convencido de la rancia catadura que nos viene de fábrica, y que explicaría por qué es tan fácil la codicia, el egoísmo, y la pendencia.
Sabiendo que el hombre y la mujer sin controles son capaces de las más inimaginables marimorenas, los franceses (después de decapitar a sus reyes embaucadores) se hicieron del invento de la Constitución, que no es más que un bozal para el político alucinado que pretenda abusar del poder. Ya los romanos, miles de años antes, habían ideado el concepto del estado de derecho, como una forma de convencerse a sí mismos de que quien la hace la paga.
Como vemos los antiguos diseñaron las leyes convencidos de que en el hombre habita el mal, y en consecuencia requiere de cadenas, de camisas de fuerza. Con todo y eso, de poco han servido las disuasiones. En los libros de historia está la lista de las guerras fratricidas, los asesinatos, los engaños a pueblos ingenuos, la barbarie. El ser humano se las ha arreglado siempre para dañar al otro, y por más que se han creado las fórmulas, todavía nadie es bueno porque sí.
Fue el fundador de la economía moderna, Adam Smith, quien advirtió que existe una ambición desmedida en el hombre, que desea quedarse con lo mejor del pastel, sin importar que el de al lado esté hambriento. Para frenar ese apetito salvaje, Smith concibió que sólo la mano invisible del mercado pondría orden, y le dio vida a la ley de la oferta y la demanda. Nunca se imaginó que el mercader podía aliarse con el político para cercenar esa mano que no sirve para nada en un país enano, un país donde la peccata minuta del juega vivo se nos da en la cuna.
En su obcecación que, aunque lo nieguen está casada con los planes del PRD de perpetuarse en el poder, se han obnubilado hasta el punto de no entender que si la oposición al proyecto crece (los indecisos, en un 95% serán No) es porque el pueblo, en lugar de confuso, cada día que pasa está más consciente de que no puede confiar en un gobierno que no cumple sus promesas. En lugar de más empleos, menos corrupción y más seguridad; lo que vemos, vivimos y sufrimos, todos los días, es más inseguridad, más corrupción, más desempleo, aumentos del combustible, de la electricidad, de los impuestos, de los víveres, de las medicinas y de la deuda pública, que ha crecido un 20% con "la patria nueva".
Esas son las cosas que el pueblo ve y siente; por eso ha dejado de creer, y si el gobernante de turno todavía no lo entiende, es porque el confundido es él.

101 años de Panamá América

 
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