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Disyuntivas de Jované y su entorno


Los acontecimientos se sucedieron de acuerdo al libreto. Las seis organizaciones sindicales y gremiales que rompieron el diálogo nacional por la seguridad social mantuvieron su rumbo de confrontación. Pero los resultados no fueron los programados. La dispersión de intereses, fue determinante. La radicalización de un discurso dirigido a un sector tan diverso como los asegurados, hizo que los blancos del mensaje no se identificaran con esos intereses y comenzaran a tomar distancia. Por eso, la huelga general no alcanzó el éxito anticipado y la marcha del jueves último, en comparación con las dos anteriores, no tuvo la asistencia esperada.
En esas circunstancias, el Frente Nacional por la Defensa de la Seguridad Social (FNDSS) no pudo imponer desde una posición de fuerza sus pretensiones de iniciar un diálogo paralelo con el supuesto de buscar soluciones concretas a la crisis de la Caja de Seguro Social (CSS). Los 12 puntos del pliego de demandas contenía, en algunos casos, exigencias absurdas. Por ejemplo, el pedido de destitución de miembros de la Junta Directiva de la CSS y el garantizar la estabilidad de los funcionarios nombrados por Juan Jované. Cuando algunos de los organizadores de la huelga general habían desistido de incluir entre las demandas la restitución del separado administrador de la CSS, otros continuaban insistiendo en esa exigencia.
Analistas políticos y estudiosos de los comportamientos sociales identificaron cuatro fases en la estrategia trazada por Jované y su entorno. Una primera etapa consistió en vender la figura de Jované como un hombre honesto y capaz de administrar la CSS, mediante un enlace con los sindicatos y gremios. “Sabíamos que (Jované) iba a ser un desastre porque la Caja de Seguro Social no necesitaba un ideólogo de izquierda, sin experiencia en administrar, sino alguien con ideas de cómo solucionar los problemas de esa institución y hacer que el personal le obedeciera”, dijo la semana pasada la legisladora Teresita de Arias. Jované fue separado del cargo por su pésima administración.
El segundo paso fue tratar de reclutar a los empleados de la CSS y proyectar a Jované desde la institución como una figura política. Por eso el anteproyecto de ley para garantizar estabilidad a los miles de nuevos nombramientos hechos por Jované, una medida que creaba privilegios y que en nada contribuía a solucionar la crisis interna.
La tercera fase era generar conflictos. Un elemento fue atacar el modelo económico nacional y al sistema capitalista, unido a confrontar la Junta Directiva de la CSS con presupuestos cada vez más deficitarios. A eso se sumó la ruptura del diálogo nacional por la seguridad social y el agudizar las contradicciones que desencadenarían en la separación de Jované del cargo de administrador de la institución. Al final el único ganador sería Jované, quien en la cuarta fase de la estrategia proyectaría su figura y, ante la ausencia de liderazgo político, se alzaría, puño en alto, como una alternativa real.
El proyecto no es cuestionable en sí mismo, porque hay derecho y es legítimo intervenir en democracia. Lo reprochable es haber usado la CSS y sus recursos con esos fines políticos. La realidad es que resulta urgente que en el país se forje una nueva izquierda democrática divorciada de las viejas prácticas políticas de buscar arrebatar el botín que significa asaltar el poder. La nueva izquierda democrática debería trazar un proyecto que trascienda la inmediatez y sacudirse del vicio de presentar propuestas genéricas dirigidas a determinados nichos de votantes y de intereses.
Jované y su entorno se encuentran en la disyuntiva de qué hacer con el capital político obtenido. Si estructuran una propuesta electoral, corren el riesgo de confirmar ante la opinión pública que aprovecharon el tema de la seguridad social como trampolín político. Si dejan pasar la oportunidad, podrían desaparecer como una efervescencia social más. No lograron dividir al país y el argumento de la privatización de la CSS no fue suficiente combustible para actuar como elemento motivacional y prender en el comprensible descontento y la inconformidad ciudadana en el último tramo de un gobierno que en cuatro años de gestión ha sufrido un claro y comprensible desgaste. (Los cuatro candidatos presidenciales han subrayado que no es opción para ningún Gobierno Nacional la privatización de la CSS. El propio Banco Mundial (BM), uno de los promotores de la fiebre privatizadora en la década del ‘90, ha lanzado su autocrítica. “Es un error concluir que el sector privado debe encargarse de los servicios de salud, porque es incapaz de satisfacer las necesidades de los pobres”, es una de las conclusiones del documento Hacer que los servicios funcionen para los pobres, entregado por el BM en la reciente reunión de Dubai). Por otro lado, es saludable la participación de los panameños, que tomen conciencia y debatan propuestas sobre un problema tan complejo como es todo lo referente a la CSS. Pero eso es una cosa. Donde se equivocaron Jované y su entorno ideológico fue en el método para tratar de imponer a la mayoría del país un análisis alimentado por un grupo que se nutre de las mismas lecturas, que cree una misma ficción y que promueve una misma falacia.
Una minoría autoritaria en lugar de arrimar soluciones a los problemas de la seguridad social, el centro de la discusión, pareciera que lo que busca es agravarlos. Sus acciones no pueden interpretarse como métodos de defensa de la CSS, sino como medidas para demostrar caudal político, defender intereses personales y promover aspiraciones electorales de algunos de los dirigentes sindicales y gremiales.
Jované y su entorno deberían asimilar la lección. No tienen el patrimonio de la verdad. Si realmente están interesados en buscar soluciones a la CSS, deberían apearse de sus posturas dogmáticas y aproximarse al problema con propuestas cuya viabilidad pueda someterse a herramientas científicas y verificables.
Aquí no se trata de remecer los muros de la seguridad social y sepultar a la institución y los asegurados bajo la consigna de que muera Sansón y todos los filisteos. Tan complejo es el problema, y tan irreconciliables las posturas, que ha tomado dos años en la mesa del diálogo nacional por la seguridad social. Pero ya se entregaron dos productos concretos y se inició la elaboración de anteproyectos de ley que deberán desembocar en la reforma de la ley orgánica de la CSS en los programas de administración y gestión y de enfermedad y maternidad. Si eso fue posible, ¿por qué no volver a la mesa del diálogo y buscar consensos en los programas de riesgos profesionales e invalidez, vejez y muerte?. Si como han reiterado, su compromiso es con la seguridad social, Jované y su entorno deberían demostrar que es genuina su preocupación y que no están medrando del proceso electoral, práctica común de muchos desprestigiados políticos tradicionales.

101 años de Panamá América

 
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